Cádiz CF y CD Lugo firmaron las tablas en el Estadio Ramón de Carranza.
Cádiz CF y CD Lugo firmaron las tablas en el Estadio Ramón de Carranza.
CÁDIZ CF

Desaciertos

El Cádiz CF comprobó ante el CD Lugo lo difícil, dura, igualada y competitiva que es esta Segunda División
Por  14:17 h.

Por si quedara alguna duda de lo difícil, dura, igualada y competitiva que es esta Segunda División, lo sucedido el pasado sábado frente al Lugo constituye su última prueba fehaciente. Con todas las reservas a que esta competición obliga, el partido ante los gallegos se antojaba bastante propicio para los intereses locales, en cuanto que el juego que aquellos suelen desplegar, de confiada salida de balón, mucho toque y clara proyección ofensiva parecía encajar, casi como anillo al dedo, al modo habitual con que el Cádiz CF fulmina a sus contrincantes: robo en campo rival y rápida salida al contragolpe para ganar la espalda de los defensores.

Pero la realidad contemplada sobre el verde tapete vino a derrumbar tan optimistas previsiones. Pues salvo el arreón inicial de los amarillos, en el que éstos a punto estuvieron de marcar, el juego se verificó difuso, carente de profundidad y ayuno de un mando que se fue entregando, poco a poco, a los blanquirrojos. Y aunque mejorara algo en la segunda mitad con una renovada ubicación de los hombres y la positiva aportación de los tres sustitutos, en ningún momento dio la sensación de que el equipo asumiera el debido control de las situaciones. Incapacidad derivada, más del propio desacierto mostrado por muchos jugadores, que del supuesto ensayo de nuevas fórmulas para afrontar el duelo.

Se juegue o no con dos mediocentros creativos o se incorpore o no un mediapunta de más toque que verticalidad, todo tiende a desbaratarse si los futbolistas hierran de manera sucesiva en pases sencillos o fáciles controles. Repetida circunstancia que obliga al equipo a recuperar continuamente posiciones y a gastar la mayor parte de sus energías en correr detrás de la pelota.

No puede ocurrir, por ejemplo, que de trece córners que se botaron en ninguno se creara peligro y sólo se rematara uno. Se emplee la táctica que se emplee, se disponga a los jugadores de una u otra manera sobre el campo, si éstos reinciden en garrafales desaciertos, poco se puede hacer. Pero confiemos en nuestra calidad individual, tanta veces demostrada.