Cervera, poco antes de emprender un viaje.
Cervera, poco antes de emprender un viaje.
Cádiz CF

Un pulso inútil

Cervera ha sido cocinero antes que fraile y como tal, tiene al vestuario con él, porque ha sabido trasmitirles su experiencia
Por  12:16 h.

No quería hablar de la renovación de Cervera, porque ya escribí que confiaba en la palabra y en las relaciones contractuales, a pesar del fútbol moderno. Pero la situación parece que se ha puesto arisca y cuando en lo deportivo todo es tranquilidad y alegría, el presidente se ha empeñado en echar un pulso inútil y hasta contraproducente. Si no se hubiera renovado a nadie en lo que va de curso futbolístico se podría creer un “ahora no toca” o “ya hablaremos” por parte del presidente, pero cuando ya lo has hecho con jugadores, cosa normal al ser activos del club, empieza a oler nada más que regular que no hable ‘gloria bendita’ del líder del vestuario y exprese un deseo de querer renovarlo.

El pulso es inútil. No se entiende. Si no le gusta y lo traga por los resultados, malo. Porque la sensación transmitida es de estar loco porque lleguen algo flacas las vacas para matar al líder del vestuario. Y si le gusta, porque es innegable que la cosa marcha (desde que llegó), algo falla en el escalón de la comunicación (al aficionado), porque no nos enteramos muy bien de las intenciones y la película montada.

Lo jodido sería que el tema esté en una cuestión de egos. Porque el ego no atiende a razones. Cervera ha sido cocinero antes que fraile y como tal, tiene al vestuario con él, porque ha sabido trasmitirles su experiencia. No voy a reiterar la actitud de la plantilla, de los Alex, Lozano, Alejo, Fali o los canteranos, para los que el míster es la guía y siguen a pies juntillas sus mandatos.

Vizcaíno también ha sido cocinero antes que fraile en lo suyo. Un tiempo como mano derecha del presidente del Sevilla en una de sus mejores épocas. Sus formas es cuestión de gustos, como lo eran las de Del Nido. Ya he dicho alguna vez que sus titulares rimbombantes no me gustan, como tampoco me gustaban los del otrora jefe sevillista en su época. No obstante, guste más o menos, lo que el presidente no debe olvidar es que esto al final va de que la pelotita entre y que te pones en manos del que manda en la hierba.

Igual que en la época gloriosa sevillista estaban, en cierta forma, en manos del acierto del mago Monchi y tragaban con jugadores desconocidos hasta que llegaban a España (ejemplos hay más de una docena) ahora tiene que darse cuenta que la pelotita entra (y desde hace años, porque recuerdo que estábamos solo un poquito mejor que muerto cuando Cervera cogió el Cádiz). Además, no es solo que el baloncito entra, es que el míster es el líder del vestuario (que funciona) y de la mayoría de la afición. La lógica manda.

Si en el fútbol moderno en cuanto un jugador despunta se le renueva para que sea un activo consolidado del club y no lo toquen, también se hace con un entrenador. Todo lo contrario es un pulso inútil y contraproducente abocado al fracaso (esa palabra que Vizcaíno ha sacado del agrio armario en el momento más dulce). Al fracaso porque como se suele decir, “al final se van a hacer daño” y quien va a pagar las consecuencias del divorcio es “la afición y el equipo”. Y con los niños no se juega.