Fali en su llegada a El Rosal
Fali en su llegada a El Rosal
CÁDIZ CF

Fali, víctima del maniqueísmo patrio

«El único fallo de Fali, si es que lo ha habido en eso, es exponer públicamente que no jugaba porque tenía miedo, con renuncia de sueldo incluida»
Por  9:47 h.

Que en España la mayoría de la gente llevaba dentro un entrenador de fútbol o un periodista capaz de titular mejor ‘la mierda’ que está leyendo, era algo sabido. Si algo trajeron las redes sociales, bueno o malo, es que sirve de altavoz para que la gente exponga su sapiencia, o su ignorancia, tanto da, sin ningún tipo de filtro, mental. Ahí va eso. Sin más análisis que ‘es lo que pienso y por qué no voy a decirlo’.

En tiempos de confinamiento había que entretenerse en algo. Y claro, las redes o las tertulias de radio o televisión, esas grandes rameras del periodismo deportivo, se han llenado de contenido. Desde la guerra Tebas-Rubiales a si había que reanudar la Liga o no, pasando por concienzudos análisis de si era posible o imposible, conveniente o inconveniente, bueno o malo, aderezado todo con la palabra mágica denominada «protocolo».

Total que con miles de muertos encima de la mesa, se decide reanudar los entrenamientos para seguir, en un futuro cercano,LaLiga «porque la vida hay que continuarla y la economía del país no se puede parar». Y en esto sale un tipo, jugador del Cádiz CF, llamado Fali que expone públicamente, sin filtro, que tiene miedo y no juega. Y es criticado por algunos y alabado por muchos. Porque muchos, de los que entendían que las mascarillas FFP2 son mejor que la carcasa de R2d2 el de la Guerra de las Galaxias (lo de Star Wars vino después y no lo entiendo), aplaudían que una persona, fuese futbolista o charcutero, podía tener miedo a ir trabajar.

El miedo es libre. Y la mayoría de las veces no es una opción que elijas el tener miedo a algo. A Fali también le salieron voces en contra, porque igual que muchos tienen un entrenador dentro, como decía antes, esta pandemia nos ha demostrado que también son muchos los españoles que llevan dentro un Ramón y Cajal. Y así, entre una cosa y otra, hemos ido echando el ratito hasta esta final de la pasada semana, que Fali ha vuelto.

Estamos en un país en el que si un Gobierno, sea el que sea, dice a las diez de la mañana que los que visten de verde no pueden salir a la calle y dos horas después dice que sí, que es mejor que salga todo el mundo vestido de verde porque la incidencia de la luz solar en el verde es bueno para la lucha contra el Covid, hay un montón de gente que defiende que estamos ante un Gobierno cercano, que escucha a la gente y que lejos de ser soberbio es humilde y sabe rectificar.

Y a la vez, estamos en un país en el que para mucha gente un tipo no puede tener miedo y ser capaz, con ayuda, de trabajar ese miedo hasta volver al «rebaño» o la «nueva normalidad». Es que lo de la inmunidad de rebaño y la nueva normalidad son dos juegos de palabras que me enloquecen, aunque una sea científica y la otra una invención política idiota. El caso es que para muchos, incluidos de los que antes aplaudían, ahora Fali es un caricato, un mierda que no ha seguido hasta el final como si fuera un superhéroe.

No vale el derecho, o lo que es más plausible, el esfuerzo a curarse de ese miedo. Estamos en un país maniqueísta, donde las cosas son blancas o negras, se es héroe o se es villano, se es de los míos o de los que van contra mí. El único fallo de Fali, si es que lo ha habido en eso, es exponer públicamente que no jugaba porque tenía miedo, con renuncia de sueldo incluida. Un fallo suficientemente grande como para que este país, maniqueo, se dividiera en dos, y suficientemente publicitado como para que en este país, cainita, los que hicieron de Fali una bandera de sus propios miedos o de su lucha contra alguien, ahora no acepten que todo puede ser cambiable según las circunstancias, incluso el miedo. ¡Ojú, que plan!