Mágico González, en el partido de Carranza.
Mágico González, en el partido de Carranza.
CÁDIZ CF

Sólo faltó la mujer barbuda

El regreso de Mágico González convirtió Cádiz en un circo para reverenciar al icono que siempre huyó del espectáculo
Por  18:46 h.

El mejor consejo que recuerdo del grandísimo Carlos Pumares, prestigioso crítico de cine antes de cronista marciano, es que si recordaba una película de mi infancia con especial cariño, devoción y sentimiento, la dejara ahí. En la infancia misma, en esa etapa que la inocencia envuelve en su tejido de azúcar. El tiempo es cruel carroñero y devora ilusiones hasta limpiarle los huesos. Resulta obsceno mirar el ayer con los ojos del presente, da pudor mirarse en el espejo del tiempo y comprobar el declive irremediable de la vida.

Pero el Cádiz CF, Cádiz, tenía que hacerlo. Se sentía en la obligación de pisotear el pasado y regresar a Mágico González a la tierra en la que fue bendecido. En otra época, otra historia y otra generación… ¿Para qué? Pues para que todos, presidente, jugadores, políticos, empleados, aficionados, tu y yo tuviéramos nuestra foto con el Mago en la moderna era digital. Esa del ‘fast food’, del consumo rápido, del capricho diario. Cada uno, en su reflexión personal, debe hacer su propia valoración. Si realmente mereció la pena.

La organización ha sido un desastre. ¿Pero quién es capaz de poner un mínimo orden en el caos? En sus genes colonizadores hay quien piensa aún que un occidental puede cruzar el charco, meter sus zarpas en la selva y regresar con un regalo traído de las Indias para mostrarlo ante el estupor de quien observa impúdicamente una reliquia de otros tiempos. De los Reyes Católicos a Tarzán, parece que el ser humano se siente continuamente empujado a ello.

Y después imponerle unos horarios a quien no se guía más que por el instinto. Dictarle un pensamiento, una manera de hacer las cosas, un orden europeo a quien duerme cuando tiene sueño y recupera la horizontalidad cuando ha terminado el descanso, sin atender a las demandas del despertador. Sorprende aplaudir 40 años de magia y no soportar 40 minutos de retraso en la presentación de las equipaciones. La broma era muy graciosa hasta que me la hicieron a mí, probablemente.

Mágico González, símbolo del cadismo

En Cádiz, Mágico González es mucho más que un exfutbolista maravilloso. Es un icono, un símbolo, como el Ché Guevara, Nelson Mandela o Bob Marley. ‘Inalcanzable como las estrellas de Rock’. Ha trascendido el deporte rey y duele verlo salir escoltado por la Policía de Carranza, zarandeado por críos irrespetuosos y maleducados que sólo lo conocen de oídas y algún vídeo del Youtube. Chicos que se entregan a Güiza y Oli, por cuestión natural, y se preguntan quién es ese 10 que se abraza al salvadoreño con una sonrisa nostálgica. ‘Forever, only you’.

Y el pobre Mago, inmerso en esa feroz dicotomía: sufriendo por una fama que nunca buscó, que siempre rechazó, y agradeciendo con infinita modestia tal reconocimiento con la educación y cortesía propias de su maravillosa tierra. Ni la visita al alcalde, ni sus primeras palabras ante los medios auspiciada por los patrocinadores; ni la presentación de las equipaciones, ni su penalti regalado en el partido de las estrellas ni tampoco esa culebra macheteada con la que burló el entrenamiento del primer equipo. Sus lágrimas, esas lágrimas sinceras que derramaba en la puerta que llevará su nombre hasta la eternidad, simbolizan el único momento íntimo, verdadero, de este circo al que sólo le faltó la mujer barbuda.