Alvarito pertenece al Huesca en un 50%.
Alvarito pertenece al Huesca en un 50%.
Cádiz CF

Han ganado

Lo que antes ocurría con protestas y cierta crispación, ahora se sucede con la tranquilidad de un mal interiorizado
Por  12:54 h.

Que el fútbol es el deporte que peor educa a nivel mediático y formativo a nuestros pequeños es algo que difícilmente puede ser discutible. Ya no solo es por el amplio espectro de horteras de aquí y de allá que pululan por este deporte. Da igual la categoría. Igual te encuentras a un crack mundial haciendo una entrevista en calcetines en el palco oficial del club que le ha fichado como a un concejal de deportes acudiendo a la entrega de trofeos de un torneo de veteranos con chanclas, bermudas y camiseta de tirante. Qué más da. Poco importa ya en esta selva que, entre todos, hemos construido como sociedad del bienestar.

Pero el caso es que en el fútbol se concentran otros actos que no por repetidos deben no ser censurados. El tema en cuestión sucede cada año, cada verano, cada invierno, en definitiva, cada vez que al futbolista de marras le da la gana.

El caso este año en el Cádiz CF lo pone Álvaro García, que no es uno más de un gremio consentido por todos y todas. La situación es de sobra conocida. El muchacho quiere jugar en Primera y a pesar de tener contrato en vigor con el Cádiz CF  se niega a jugar los partidos amistosos con el club que le paga no vaya a lastimarse y se jorobe una operación que interesa a todos. Y a todas.

Lo que ha cambiado esta vez, resultando chocante, es la actitud de aquiescencia que ha encontrado en el entorno el comportamiento de un jugador en rebeldía. Nadie atiende a razones contractuales, oiga. Ni prensa, ni afición, ni mucho menos el club, que en boca de su entrenador asume que la infidelidad a un contrato es lo que se lleva en este deporte 2.0.

Nadie se alarma, nadie se indigna, todo el mundo calla y espera a que suene el ‘clin, clin, caja’. El fútbol ha cambiado tanto que la pureza de un contrato ya se toma a guasa. Los futbolistas ya han ganado hasta la batalla del descrédito y la deslealtad. Sigamos para bingo.