Mágico controla un balón durante su último partido en Carranza..
Mágico controla un balón durante su último partido en Carranza..

Cádiz CF

Sobreviviendo al Mago

Un libro sobre el astro del cadismo acerca lo humano y lo divino de un dios eterno que nunca debió formar parte de lo real

Por  16:52 h.

De vez en cuando está bien recrearse en nuevas aventuras de mitos que son dioses en una ciudad que supieron dejar para no convertirse en uno más. El Mago supo irse y no le supieron hacer volver. Porque ya no era ni Mágico sino que simplemente se convirtió en un ser real para todos aquellos que solo lo hacían parte de algo onírico. Por eso está bien volver a encariñarse con una figura que lo fue todo cuando el Cádiz CF era más Cádiz CF y el fútbol mucho más fútbol. Y el libro, este libro, se acerca a la estela que dejó el fantástico jugador allá por los 80 y principios de los 90.

Y eso es lo que se puede pensar después de recrearse leyendo la obra de Marco Marsullo ‘Mágico González. El genio que quería divertirse’ de Ediciones Altamarea y que, ahora en estas fechas, puede convertirse en un bonito regalo para los cadistas más nostálgicos, esos que vibraron con el salvadoreño en Primera, que se enfadaron con él, que soñaron con sus regresos, que entendían sus castigos igual que se los levantaban y que, a las malas y a las buenas, no tenían otra que adorarlo Porque el ’11’ de los amarillos formaba parte de Cádiz como su mar, su Caleta, sus Pérgolas, su piedra ostionera y hasta su noche, sobre todo su noche.

Hay frases que resumen lo que pudo ser Cádiz para el Mago y para cualquiera que respire sus dos vientos. Porque para el salvadoreño, esta ciudad “era una tabla de multiplicar aprendida de memoria en las que las cuentas nunca cuadraban” tan solo para salvar al equipo, ya incluso sin él, del descenso en estas míticas jornadas finales de infarto y champagne.

El escritor, napolitano y maradoniano para más señas, se ha adentrado en Cádiz para descubrir no más que los mitos y leyendas que circulan sobre un personaje que lo único que le faltó por inventar se lo inventaron sus paisanos, esos que echó de menos en Valladolid en el año en el que Irigoyen los desterró al frío leonés, donde el cálido Jorge estuvo pasando frío y sin ser él. Sí que lo fue un poco en la gira con el Barcelona, donde coincidió con Maradona y donde dejó otra de las suyas. Ya saben ya…, el hotel en alarma de incendio y él, mientras,l con dos chicas, rubias o morenas, que más daba en esas fechas donde el Mago, afortunadamente para el mito, no conoció el feminismo tan feroz que habría que ver de qué manera lo hubiera tratado en Cádiz por su relación con las mujeres, esas que le traían tan loco como el balón o más.

Una de las historias que más repite Marsullo es la amistad de dos genios como José y Jorge. O Camarón y Mágico, unidos en armonía “por las canciones del primero y las jugadas del segundo”. Porque, más allá de la vida de cada cual, “algunas amistades delante de un vaso de licor y llegan hasta las estrellas”. Y estos dos genios hicieron de la Venta Vargas su particular camerino en el que tocaban el cielo hablando de nimiedades puesto que fueron dos niños que jamás llegaron a crecer.

El libro, como todo en la vida del genio salvadoreño, cojea con intrigas, mentiras, medias verdades, pero está escrito con tanto cariño y gusto que, como al ’11’, se le perdona todo. Marsullo dignifica al astro cadista y hasta se agradece después de que ya en persona Jorge González tan solo sea una sombra de lo que llegó a ser en una ciudad que lo quería y lo idolatraba sin necesidad de que tuviera que volver para comprender que todo lo que se toca del pasado con para untarlo con el presente difícilmente no queda manchado.

Como no puede ser de otra forma, muchas de las peripecias que se cuenta el libro suceden en Cádiz, donde incluso se recuerda el episodio en el que Irigoyen le puso un psicólogo chino para controlar sus horarios y le forzara acudir a esos entrenamientos matutinos que tan poco gustaban al entonces futbolista, que en su primera cita con el doctor Chang fue de lo más explicito con una profesión con la que nunca congenió porque él era “consciente de las gilipolleces que hacía y no entendía el sentido de intentar averiguar también por qué las hacía”.

Aunque la obra es una loa al genio, también lo humaniza desde la elegancia pero mostrando las grietas que deben existir dentro de ese enclenque cuerpo que sorprendía cuando se le acercaba un balón. Y es que, a juicio del autor, “un hombre no es solo la suma de sus pensamientos ponderados, los que ha elaborado con la experiencia. Un hombre es también el resultado de sus ideas equivocadas”. Y ahí, en lo más personal e íntimo del dios, debe descansar un infierno de equivocaciones que sólo él debe conocer.

Jorge ‘Mágico’ Gonzalez Barillas es un taxista en este periplo que hace Marsullo por un libro amable y en el que el exfutbolista se confiesa cuando cualquier cliente le pregunta cómo está. Él no miente a nadie y responde: “Sobrevivo”. Y qué razón debe llevar.