José Luis empató el encuentro en Las Gaunas en aquella mítica liguilla.
José Luis empató el encuentro en Las Gaunas en aquella mítica liguilla.

Cádiz CF

Regreso al país de nunca jamás

El Cádiz CF vuelve a pisar el estadio donde su afición sufrió, lloró, disfrutó y levitó a lo largo 90 minutos de ensueño

Por  12:20 h.

El Cádiz CF regresa este sábado a un campo donde muchos cadistas, jóvenes y talluditos, vivieron seguramente uno de los mejores días de su vida como aficionado a un club de fútbol. No era para menos. Eran nueve años de desdichas, miserias, encierros y demás penalidades que se fueron alargando en el tiempo a lo largo de casi una década.

No eran tiempos ni de redes sociales ni de absurdos y patéticos egos puesto que aquel cadismo se vivía a la par y nadie se creía más que nadie. Y sí, se estaba en el pozo pero nunca jamás el cadismo estuvo tan unido como en mitad de tanto barro. No había ‘likes’, ni ‘selfis’ ni nadie que se creyera más cadista que nadie. Menuda gilipollez.

Eran tiempos en que los aficionados de aquel Cádiz CF tenían en su memoria y en sus carnes los recuerdos y vivencias de un Cádiz CF de Primera, ese que se mantuvo en la elite casi que otra década y que vio vestir sus colores al mejor jugador de la historia para muchos. Y nueve años de bazofia para todo ese gentío era mucha mierda. Demasiada. Por eso esa primera jornada de aquella liguilla de ascenso -entonces se le llamaba liguilla- con Jose González al frente se recordará como lo que fue: Un gran bastinazo.

Durante aquel purgatorio se vivieron dos liguillas más. Y a bordo estaban los mismos de siempre. Los señores, ya mayores, que se negaban irse al otro mundo con el Cádiz CF en Segunda B. Los brigadas de pura cepa. Más todos los cadistas. Tal cual. Había alcohol, a raudales. Y hasta droga. Había de todo, pero se hacía de una forma tan autómata que parecía formar parte de la medicación. Aquel cadismo era una familia y se unía en todas las citas haya donde el equipo llamaba. Se reunió en aquel trance de la 97/98 en el Bernabéu con el Castilla que ahogó de nuevo al equipo a un año más en Segunda B y con Ramón Blanco en el banquillo. Cerca de 70 autobuses tomaron la carretera de Bailen para ver caer a su equipo ante los Cambiasso, Mista, Rivera, Meca, Tote o Álvaro Benito dirigidos por Miguel Ángel Portugal.

Tuvieron que pasar tres años más para ver al Cádiz CF otra vez encaramado a una liguilla que no pudo comenzar con peor pie al caer 3-1 en Tarragona. El Cádiz CF de Orúe recibió casi que los mismos goles en ese partido que en toda la segunda vuelta y desde aquel día el nombre de Castillejo quedó guardado en los sótanos de la Plaza de Madrid. Avanzaron las jornadas. El Cádiz CF recobraba ilusión ganando en Zamora, donde se dieron cita ingente cantidad de cadistas en lo que fue un desplazamiento de ‘diez’. Hasta que se llegó a la última a la espera de un milagro que nunca llegó pese a que Carranza, mientras el equipo ganaba al Amurrio, estalló a medias porque se creía (eran tiempos de radio) que el Zamora le había marcado al Nàstic, equipo que subió gracias al goal average.

Y de aquella 2000/01 con Orúe a la 2002/03 en la que comenzó a fraguarse en último mejor Cádiz CF de la historia. Alberto Benito puso el equipo a disposición de Jose, que hasta ese momento brillaba en el Juvenil. El técnico gaditano clasificaba al equipo como cuarto y en la primera jornada de la liguilla esperaba el Logroñés, que por entonces era manejado por el empresario José Luis Martín Berrocal (DEP), padre de la modelo Vicky. Y un año más, cadistas llegados de toda la península invadieron las calles de la capital riojana hasta montar su cuarte en la idílica calle Laurel.

En el ambiente se respiraba mucho nerviosismo, pero la sensaciones, entre tanto hermano, era que sí, que esta vez año podía ser. Y es que ese Cádiz CF de Velázquez, Sambruno, Abraham Paz, Suárez, Armando, Varela o Castillo mostró mucha fiabilidad y confianza a lo largo de su temporada regular. Entonces sonaba en la radio la canción de Beth, una muchacha con rastas que se había presentado en Eurovisión tras ganar OT con una pegadiza canción que el cadismo no dudó en versionar con un ‘Dime que es lo que tengo que hacer para ganar al Logroñés”.

El previo del encuentro fue una fiesta en el centro de Logroño y a dos o tres horas para el partido la peregrinación amarilla se fe abriendo paso hacia el Nuevo Las Gaunas, donde vestiría la esquina de un fondo de la manera más inglesa y golfa que se recuerda. Cada peña con su bandera, cada aficionado con su colocón, o no. Porque allí se respetaba todo y bajo los efluvios del alcohol se mantenía a salvo un corazón que explotarí más tarde o temprano.

Ya en los aledaños de Las Gaunas la fiesta seguía pero ya no había más que un tema: ¿Será este año, joder?. El destino quiso que ese día, en un pabellón frente por frente del estadio riojano, jugasen los Harlem GloberTrotters, pero el espectáculo ese día lo pusieron unos locos de amarillo. Por las calles y luego después, en el campo.

Y comenzó el partido. La policía requisaba las botellas a los cadistas en la entrada, que de manera educada la amontonaron en las puertas para ir a servirse en el descanso, donde las cosas no iban nada bien. El Logroñés se adelantó en la primera parte y las lágrimas hicieron acto de presencia en la grada visitante. Llegó el descanso y el panorama no podía ser más descorazonador. ‘Otra vez, quillo, otra vez la misma mierda. ¡Otraaa vez!”. Porque sí, porque el personal sabía que comenzar perdiendo en la liguilla era la muerte lenta. Pasó con Ramón (0-2 en Carranza ante el Castilla) y pasó con Orúe (3-1 en Tarragona). Por mucho que se sufriera, por mucho que se levantara el equipo, comenzar perdiendo a las primeras de cambio era palmar.

Y de pronto, el mejor cineasta cadista cogió el guion y lo cambió por completo para ensueño de toda una afición. Una maravilla de Palacios, ya en la segunda mitad, se convertía en el gol del empate de José Luis ‘el moro’. El cadismo, acostumbrado a lo peor, firmaba ya el empate pero en una aventura de Sergio Cruz frente al mundo llegó un penalti trasnformado por Abraham Paz con la que se remontaba el partido y llevaba irremisiblemente la locura a la grada visitante de Las Gaunas, donde si llegan a repartir camisas de fuerza se hubieran aceptado de la mejor forma.

Concluía el partido y el equipo acudió a la grada de lo suyos para festejar tan solo el principio de lo que acabaría sucediendo en el Juan Guedes de Las Palmas. Vale que ante el Universidad se ascendió, pero donde se comenzó a originar el sueño fue en el Nuev Las Gaunas, aquel estadio donde el Cádiz CF creyó decir ‘nunca jamás’.