Álvaro Cervera, antes del encuentro ante el Deportivo.
Álvaro Cervera, antes del encuentro ante el Deportivo.

Cádiz CF

Las circunstancias obligan a Cervera a cambiar su sello

La falta de un extremo puro y los planteamientos del rival motivan el cambio de registro de un Cádiz CF más 'tocón'

Por  18:50 h.

No es la primera vez que Cervera le da una vuelta de tuerca a su método. Lo previsible de su fútbol, ese que tanto le ha dado al Cádiz CF, también hace que muchas veces se convierta en su propia trampa. No hay que irse muy lejos en el tiempo para recordar la última vez que se encasquilló el método de un entrenador con devoción al fútbol de contragolpe, de banda y de solidaridad defensiva.

Aquella vez costó la no clasificación para el ‘play off’ de ascenso. El fútbol de aquel Cádiz CF caducó en unas últimas jornadas donde el ataque y la imaginación ofensiva del equipo quedaron reducidos a la velocidad de Machís y a los disparos de Aketxe. Las individualidades de estos dos futbolistas fueron el único material ofensivo al que pudo recurrir un Cádiz CF que llegó al final de la temporada con la lengua fuera y sin el premio del ‘play off’ a pesar de haber estado metido entre los seis primeros clasificados durante prácticamente toda la Liga.

Aquel descafeinado final de temporada dejó en el ambiente del entorno una sensación de ‘cuasi’ fracaso cuando no debiera haber sido así dado que el objetivo de la permanencia quedó sellado varios meses antes. A tanto llegó la decepción que hasta el cargo de Cervera estuvo en el aire y cerca estuvo de marcharse. Finalmente, el técnico fue ratificado pese a que le quedaba un año de contrato pero era tan real la situación de su salida que había que disipar dudas en todo caso.

La pretemporada se avecinaba ‘movidita’ debido a la falta de ‘feeling’ entre Cervera y el director deportivo Óscar Arias, que ya en su rueda de prensa para hacer balance del ejercicio vencido vino a decir que al nuevo Cádiz CF, y por ende su entrenador, se le debía exigir más alternativas en su juego para que no se repitiese lo ocurrido en las dos anteriores campañas en las que se evaporó el ‘play off’ en las dos últimas jornadas debido a lo muy estudiado que estaba el equipo por parte de los rivales. Un ejemplo claro de la forma en cómo le planteaban los encuentros al Cádiz CF se pudo ver recientemente en Carranza con la visita de un Deportivo de Anquela que le regaló el balón al once amarillo y montó el autobús en su campo.

Sin embargo, a diferencia del curso pasado, la cosa ha cambiado. Y es aquí donde hay que destacar el papel jugado por Óscar Arias que, con criterio o no, ha dejado a la plantilla, a sabiendas o no, desprovista de un extremo zurdo nato, algo insólito para un equipo entrenado por un amante de las bandas abiertas. Este hecho, de entrada, ha hecho posible que Alberto Perea haya arrancado la temporada como titular desde la banda zurda dándole al equipo otro corte muy diferente al de siempre. Una prueba más que evidente de la vuelta de tuerca al sistema es la situación del jugador albaceteño, uno de los descartes del pasado mercado invernal y que se ha ganado con derecho propio un sitio en un equipo en el que muchos no lo contaban el pasado verano.

Las circunstancias, además, han motivado también que los rivales comiencen a temer desde el principio a un Cádiz CF que se puso líder casi que desde el inicio y llamando la atención de toda la categoría, que pronto se ganó el sobrenombre de ‘rival a batir’. Los dos últimos equipos que han visitado Carranza constituyen las dos diferencias más evidentes de cómo afrontar un choque ante el once de Cervera. Por un lado, el Girona de Unzúe, que se hizo dueño y señor del balón pero no así del marcador. Y por otro, el Deportivo de Anquela, que aprendió la (mala) lección del Girona y le entregó el balón por completo a un Cádiz CF que no pudo pasar del empate.

El empate sin goles ante el Deportivo no debe entenderse como un paso atrás. De hecho, el Cádiz CF hizo un encuentro laborioso y fundamentado en el control del juego, algo que hasta hace no mucho le pesaba en demasía al equipo de Cervera. Además, el técnico cadista está siendo consecuente con lo que este año se ha pedido desde la dirección deportiva y le está sabiendo dar al juego de su equipo ese temple y dominio del balón del que carecía años atrás. Introducir en su once a jugadores del perfil de Perea, Álex o Nano Mesa le hacen disponer de mayor tiempo de la pelota y eso, se quiera o no, siempre gusta más al aficionado neutro.

No queda duda de que Cervera volverá siempre que pueda a su estilo. Pero tan claro está eso como que en casa propondrá mucho más de lo que en un principio se pensaba. Sus cambios ofensivos comienzan a ser una práctica habitual en un entrenador que seguirá haciendo crecer a su equipo desde la base pero sin dar la espalda al fútbol de toque y asociación.