Marcos Mauro. en la ciudad deportiva del Rosal.
Marcos Mauro. en la ciudad deportiva del Rosal.

Cádiz CF

(I Parte) Marcos Mauro: «Me ha costado mucho salir de abajo»

El actual central del Cádiz CF recuerda sus primeros pasos en un deporte con el que soñaba desde pequeño

Por  8:00 h.

Marcos Mauro se ha criado en los potreros argentinos y en los arrabales madrileños, desde que a los once años la crisis del corralito mandase a sus padres a ganarse el pan en España. Chico de barriada, de padre obrero y madre sufridora sabe lo que es apretarse los machos para llegar a fin de mes. La humildad con la que habla muestra la educación con la que se han formado su hermano y él. No es una estrella del balón ni aspira a serlo aunque quién sabe si va camino de ello. Vive el fútbol con la misma pasión que lo jugaba hasta que se iba la luz de las farolas y agradece a la vida el sueño profesional que está viviendo en el Cádiz CF. Su vida no ha sido fácil pero su habla, su tono amable y la pureza de sus palabras hace que parezca que ha sido un camino de rosas. Le brillan los ojos cuando habla de su pasado, se exaltan cuando habla de su presente y los cierra cuando lo hace de su futuro.

Nació y creció en Claypole, una barriada de las afueras de Buenos Aires. Hincha de San Lorenzo, el equipo del Papa Francisco, Marcos Mauro comenzó a darle patadas al balón sin mayores pretensiones que pasárselo bien junto a sus amigos. El cariño y el amor que se vivía en su casa hizo que él, siendo niño, apenas se enterase de la complicada vida de su padre, que se quedó sin empleó en 2001 a raíz de la crisis económica que azotó una Argentina deprimida. Sus padres valoraron marchar a Madrid, donde hacía falta mano de obra y para allá que se fueron los Mauro en una decisión que siempre agradecerá Marcos a sus padres. Se instalaron en la zona sur de Madrid, en Villaverde Alto, cerca de Getafe.

En Argentina deja una vida (abuelos, tíos, primos y amigos) a la que regresa cada vez que el balón deja de rodar. «Siempre que puedo voy para mi país para ver a mis abuelos que ya están mayores», dice con voz de nieto.

Sus inicios en el fútbol fueron los propios de un chico sin padrino y sin un padre tampoco obsesionado por la pelota. Jugaba con sus amigos y lo uno llevó a lo otro. Tras dejar Buenos Aires, juega y juega sin parar y hasta que en su pandilla surge la idea de ir a una de las típicas pruebas que hacen las categorías inferiores de algunos equipos. En el caso de Marcos fue el Fuenlabrada, donde pasó de unas pruebas a militar en su primer equipo, entonces en Tercera División. Del club madrileño partió hacia Huesca y desde entonces no ha parado de dar vueltas que le han llevado a La Roda, Villarreal B y finalmente Cádiz CF.

«He tenido muy buenos momentos y malos en todas las ciudades. De Madrid me quedo que es mi casa, la de mi pareja y donde tengo mis amigos y están mis padres, además de haber pasado una adolescencia muy, muy bonita. De allí pasé a Huesca, donde no tuve un buen año a nivel profesional. Era mi primer año fuera, tuve problemas personales e igual es el sitio que peor recuerdos guardo. Ya en La Roda viví la otra cara de la moneda y una etapa completamente diferente a la que había vivido. Me limito a jugar lo máximo posible. Aunque no lo paso bien en ninguno de esos años sí que siento que me han hecho crecer cincuenta puntos como profesional y futbolista. Eso me hace llegar a Villarreal con las ganas de disfrutar y lo consigo firmando dos años muy buenos en lo futbolístico que culminan firmando con el Cádiz CF», narra su experiencia Mauro, un jugador que tiene pocos ídolos de pequeño, más allá de su padre.

Sin embargo, si lle dicen que se quede con un defensa que a él le gustaba elige al ‘Ratón’ Ayala. «Me gustaba mucho de pequeño; era capitán de la selección argentina, tenía jerarquía y a la vez tenía un perfil bajo y humilde. Luego llegó a España y era muy querido en Valencia y por todos los sitios que ha pasado. No soy yo muchos de referentes, aunque sí de intentar coger lo mejor de cada uno», destaca.

Aunque ha tenido muchos entrenadores hay uno que le marcó sobremanera y ese no es otro que Paco López, al que tuvo en filial del Villarreal. «Es el que más me ha ayudado a nivel deportivo. Me hizo avanzar muchísimo como jugador. Cosas que antes pensaba que no era capaz de hacer, él me las hizo ver en mi mente», recuerda del hoy entrenador del Levante.

Antes de llegar a la fábrica del Villarreal, club que tiene a sus canteranos en una residencia pegada al estadio del primer equipo y en plena ciudad deportiva y en la que la formación a los jóvenes es de primer nivel en todos los aspectos, Marcos Mauro se abrió paso en los potreros argentinos, donde sobrevivió para poder dar el paso por sí solo al fútbol profesional. De aquel otro fútbol, el central cadista recuerda sus primeros pasos dados en el entorno «de un barrio obrero y de una familia humilde de la periferia de Buenos Aires». Eso sí, con un respaldo familiar basto. «En Claypole tenía a mis padres y también muy cerca a mis abuelos. Gracias a mi padre, que hasta 2001 tuvo un trabajo estable en Argentina vivíamos lo normal que puede vivir una familia humilde, con lo justo y necesario. Llegó la crisis y comenzaron a perderse los empleos, el cierre de fábricas, entre ellas la empresa en la que trabajaba mi padre, que al menos tuvo la suerte de tener una opción en España al ser uno de los elegidos. Aceptó la aventura y no puedo estar más agradecidos a mis padres por la valentía que le echaron de dejar todo atrás por sus darle el mejor futuro posible a sus hijos».

Ya en Madrid, «vida nueva, un mundo nuevo, un continente. El país nos acogió muy bien y nosotros siempre intentamos ser uno más», dice agradecido.

Y del parque al ‘Fuenla’

Marcos Mauro cambió los potreros argentinos por los parques de Villaverde Alto, donde jugaba con los jóvenes del vecindario como uno más. Hasta que un año decide jugar en un equipo de un barrio de Getafe. Cumple 16 y es animado para hacer las pruebas con el equipo juvenil del Fuenlabrada. “Sigo adelante, me quedo en el equipo y ese mismo año tengo la suerte de acabar jugando en el primer equipo», que entonces estaba en Tercera. Ya estaba ahí, cerquita del sueño.

Sigue en el ‘Fuenla’ y consigue el ascenso a Segunda B. Ya está en la cadena pese a las complicaciones. «Me ha costado bastante salir de abajo», reconoce un jugador hecho así mismo. «Por todo ello valoro lo que me está pasando y por ello pienso que cada año soy mejor jugador».