Los jugadores celebran el gol de Dani Güiza.
Los jugadores celebran el gol de Dani Güiza.

CÁDIZ CF

Elche-Cádiz CF (2-3): La magia de Güiza mantiene el hechizo

El jerezano asume el papel protagonista de una historia berlanguiana con dos goles en el epílogo que obligan a los amarillos con soñar más allá de la permanencia

Por  21:00 h.
Elche
2
Cádiz
3
Elche: Juan Carlos; Correa, Armando, Pelegrín, Iriondo; Dorca, Álex Fernández, Pelayo; Liberto (Luis Pérez, 27'), Hervías (Guillermo, 79') y Nino.
Cádiz CF: Cifuentes, Carpio, Aridane, Sankaré, Brian Oliván, Garrido (Eddy Silvestre, 46'), Abdullah, Nico (Güiza, 60'), Rubén Cruz, Álvaro y Ortuño (Salvi, 84').
Goles: 1-0: Pelayo (14'); 1-1: Ortuño (29'); 1-2: Güiza, (81'); 2-2: Armando (86'); 2-3: Güiza, (88').
Árbitro: Eduardo Prieto Iglesias (colegio navarro). Expulsado por doble tarjeta amarilla Rober Correa (23'). Amarilla a Garrido, Eddy Silvestre, Abdullah
Incidencias: Martínez Valero de Elche. Se guardó un minuto de silencio en memoria del fallecido Pedro Martínez, expresidente de la Fundación del Elche.

Es magia. Es arte. Es Dani Güiza, el Gitano farandulero que se resiste a abandonar la suerte que le ofreció una segunda oportunidad en una vida de desmadres. De Jerez para triunfar en Cádiz, negacionista, sumador y consumador de milagros, adoptaba el rol de inevitable protagonista en una historia ‘berlanguiana’, surrealista y con infinidad de actores de reparto hasta que el delantero desvelaba el final.

Rubricaba con su firma una victoria histórica por su desarrollo y vital para las aspiraciones de un equipo al que la realidad le empuja a soñar con una nueva hazaña. Es punto y final, con sus dos tantos, de un duelo vibrante para el espectador imparcial, exasperante para el ilicitano y orgásmico para el cadista, que mantiene sus deseos intactos con el cambio de año.

El duelo del Martínez Valero ofrecía la emoción del deporte más bonito del mundo, el que labra su existencia a golpe de sorpresa. Adelantamiento local, expulsión y cambio de turno, remontada lógica pero inesperada, empate de carácter y estruendo en su epílogo. Con los dos goles de Dani Güiza, el hacedor de milagros, el que mantiene el hechizo.

Saltos continuos de guion

Un guion absolutamente diferente, una película completamente nueva. 2017 deparaba emociones fuertes desde el arranque, frenético y vibrante, un salto en la partitura lineal de la jornada. Cervera soñaba con mantener esa triunfante parsimonia y reiteraba su filosofía con el mismo once con que despedía el año del ascenso y del milagro en Segunda.

Una calma destrozada dos minutos después de que el balón rodara sobre el verde del Martínez Valero. El correcaminos Alvarito rompía con su velocidad la frágil defensa ilicitana y Rober Correa lo derribaba al filo del área cuando encaraba a Juan Carlos. Amarilla y… amarilla a tenor de la interpretación del colegiado, pero con la flecha señalando al lateral franjiverde, salvado por fortuna.

El míster planeaba un partido largo y nada salía según la expectativa creada en este deporte tan irreverente. El Cádiz CF apretaba bien arriba, con una presión que no por conocida dejaba de exasperar a un Elche falto de confianza. Ortuño y Álvaro campaban con una insolencia extrema en la zona de peligro, con Hervías respondiendo por su zurda.

La imagen amarilla gustaba en tierras levantinas, si bien este adversario no encuentra el juego pero posee una pegada innegable. Un leve error de Sankaré al salir para achicar espacios lo aprovechaba Pelayo para internarse en los dominios de Cifuentes y batir por bajo al guardameta. Todo inesperado. Y diferente a la línea habitual con la excepción del compromiso del Arcángel.

Precisamente la sabia Córdoba enseñaba el camino a los amarillos, y este Cádiz CF pletórico de confianza agarraba el cuero y mandaba desde la posesión, encerrando a los ilicitanos, rondando la igualada. El destino final antes libraba a Correa de su defunción en el choque pero en el ecuador de la primera mitad se cobraba su víctima. Expulsión merecida y hasta buscada que allanaba la senda si bien la igualada llegaba invadiendo el espacio aéreo.

Córner perfectamente ejecutado por Álvaro, acción de pizarra con bloqueo como si de baloncesto se tratara y testarazo inapelable de Ortuño (¿quién si no?) para traducir el buen juego en el gol deseado. Y antes de alcanzar el descanso, otra vuelta de tuerca más. El Elche, quien parecía languidecer sobre el terreno de juego ante la superioridad numérica y futbolística de su contrario, sacaba fuerzas de flaqueza y hasta generaba peligro a un Cádiz CF al que la tregua le venía bien para reordenarse y tomar nuevo impulso.

El técnico forjaba una idea clara en su cabeza: no perder a ningún efectivo por error. Así que retiraba a Garrido, con amarilla y al que buscarían constantemente, y ofrecía una nueva oportunidad a Eddy Silvestre. Rubén Cruz entraba más en juego en este inicio si bien los locales no le perdían nunca la cara al encuentro.

En el cambio del vasco por el almeriense de nuevo salía derrotado el propio Cádiz CF. Eddy abría el hueco en la medular para que el Elche disfrutara de sus mejores minutos de juego. Comienza a convertirse en el único lunar de Cervera. Cifuentes repelía con la yema de los dedos el buen disparo de Nino y desde el banquillo llamaban a filas a Güiza para sustituir a Nico, escorando Rubén su posición a la diestra.

En la cita salía todo al revés. El equipo que contaba con un jugador menos superaba a quien contaba con todos sus efectivos. Al menos sobre el papel, porque en la práctica Eddy restaba. Incomodísimos sobre el césped, los amarillos perdían la sonrisa y hasta parte de su identidad.

A Cervera se le escapaba el control de la escena y dejaba al azar la resolución del encuentro, con el rival comprando más boletos en la tómbola. Latigazos sueltos permitían soñar aún con el 2 en la quiniela, pero hasta Ortuño y Álvaro caían en el desacierto general.

Pero… esto no es lo que parece. Y en este sortilegio la magia la ponía Dani Güiza. El jerezano recuperaba la mejor versión de antaño, desempolvaba el fusil y elevaba el fútbol a categoría de arte. Abdullah servía un pase milimétrico al corazón de la zaga ilicitana, con el 9 aguantando para no caer en fuera de juego y picar lo justo ante la salida de Juan Carlos.

A escasos minutos del final de la contienda el director de este filme se reservaba más giros inesperados, retorciendo el guion y las tripas del cadista. Un centro de Guillermo volaba sobre el área de una defensa desajustada, más pendiente de ese vuelo que de intentar alcanzarlo, y asistían como espectadores de primera fila al cabezazo de Armando que significaba la igualada.

Cervera se desgañitaba en uno de los palcos, gritando enfurecido a través del ‘walkie talkie’, y Güiza respondía al severo rapapolvos con otro truco maestro. Alvarito asistía entre líneas, Armando resbalaba justo en el instante (in) oportuno y el Gitano se entonaba la última alegría para amarrar tres puntos que mantienen en órbita al Cádiz CF. Mejor o peor, este equipo mágico está tocado con una varita. Y cuando la suerte sonríe de esta manera…