Ortuño celebra uno de sus goles en Córdoba
Ortuño celebra uno de sus goles en Córdoba

CÁDIZ CF

Córdoba-Cádiz CF: Ortuño y su cuadrilla

El delantero aprieta los dientes, agarra de la cuerda y tira para levantar un partido vibrante en Córdoba que lleva a los amarillos a los altares de la clasificación

Por  18:27 h.
Córdoba
1
Cádiz
3
Córdoba CF: Kieszek, Antoñito, Héctor Rodas, Bijimine, Cisma; Edu Ramos o Luso, Borja Domínguez (Alfaro, 72'); Esteve, Juli (Pedro Ríos, 67'), Javi Galán (Piovaccari, 80'); y Rodri.
Cádiz CF: Cifuentes; Carpio, Aridane, Sankaré, Brian Oliván; Garrido, Abdullah, Eddy Silvestre (Aitor, 65'); Salvi (Rubén Cruz, 53'), Álvaro (Nico Hidalgo, 90') y Ortuño.
Goles: 1-0: Rodri, de penalti (57'); 1-1: Ortuño, (69'); 1-2: Ortuño, (83'); 1-3: Aitor (87').
Árbitro: Oliver de la Fuente Ramos (colegio castellano-leonés). Tarjeta amarilla a Antoñito, Brian Oliván, Rodri, Eddy Silvestre, Sankaré, Garrido. Expulsó al entrenador del Cádiz CF Álvaro Cervera.
Incidencias: Partido de la decimoctava jornada disputada en el Nuevo Arcángel ante más de 15.000 espectadores, con un millar de cadistas en la grada. Al principio del encuentro se guardó un minuto de silencio por las víctimas del atentado terrorista en Estambul.

CONFIANZA. En este Cádiz CF, siempre. Cuenta con un prestidigitador cuasi infalible a los mandos y un ilusionista (ilusionador e ilusionante) que no saca conejos de la chistera pero convierte la tragedia en alegría con dos golpes de magia. Con dos chispazos. Alfredo Ortuño, el mejor delantero de Segunda y en el olimpo de los goleadores de la categoría, derriba la cruz de los amarillos a domicilio y pone de cara un duelo vibrante con final de ensueño.

No tiene truco, es el discreto encanto de un obrero del fútbol que ha encontrado la cuadrilla perfecta para levantar un proyecto estelar. Curritos de a pie, con sus limitaciones, más pundonor que méritos, y a las órdenes de un capataz cualificado que les ha ofrecido una identidad y una filosofía en la que creer. No le den más vueltas. Sí tiene sentido.

El yeclano apretó los dientes, agarró la cuerda y tiró de sus compañeros para remontar en Córdoba cuando pocos creían. Pocos, pero once son suficientes. Una nueva lección de fe que dispara al cuadro gaditano en la clasificación y le despega los pies del suelo. El infierno queda tan lejos que ni siquiera se percibe el calorcillo; no derretirá esta dulce Navidad.

CONFIANZA. Ante el Zaragoza, el Cádiz CF ofrecía una excelsa ponencia sobre la competitividad en el fútbol. En el Nuevo Arcángel, los pupilos de Cervera demostraban la importancia clave del aspecto mental en este deporte colectivo. Lejos de aquel equipo timorato y acomplejado de Vallecas o Lugo, pisaba con paso firme y decidido el prado cordobés, aupándose en su ánimo y aplastando el maltrecho de su adversario.

Esa primera declaración de intenciones desvelaba el momento de ambos contendientes, si bien a medida que avanzaba el primer asalto se igualaban las fuerzas. El míster mantenía su propuesta del triple pivote, relevando a José Mari con la figura de Eddy Silvestre. El cambio de cartas era sólo sobre el papel pues dista un abismo en el rendimiento de estos jugadores, y la cuestión es simplemente si el internacional por Azerbaiyán es recuperable. Ni por asomo que discuta el puesto al roteño.

El cuadro visitante imponía su ritmo en los primeros compases, combinando desde atrás y hurgando por los costados ante un Córdoba acongojado. Esos temores se percibían en la salida de balón de los centrales, nerviosos frente a la presión contundente de Ortuño y la más tímida de Abdullah. El de Yecla incluso rozaba el gol en un desplazamiento errático del meta Kieszek.

La imagen recordaba a la de Miranda, Tenerife y Tarragona. Con los mismos aciertos y cometiendo semejantes errores. El transcurrir de los minutos reducía las posibilidades cadistas e impulsaba a los blanquiverdes, más osados y en busca de los dominios de Cifuentes.

De nuevo ese partido soso, que no va ni para acá ni para allá, revelaba errores de concentración en la medular y la zaga amarilla. Con escaso mérito, más por errores visitantes, el Córdoba casi encontraba el premio gordo en un pase interior que nadie encontró y en una chilena de Rodri ‘espantada’ por el portero albaceteño. A Cifu se le llevaban los demonios al ver la mínima contundencia con la que se empleaban sus compañeros en propia área, mientras él recibía golpes constantemente.

El descanso venía bien al Cádiz CF para refrescar sus ideas, para volver al punto de partida, a las cuatro de la tarde. Aún así, con la permisividad de Aridane en dos acciones consecutivas, Cisma rozaba el gol con un testarazo que se marchaba cerca de la madera. El majorero debía espabilar, como el resto de compañeros, porque Galán por diestra les estaba haciendo un traje a medida.

En busca de la reacción, Cervera realizaba una extraña jugada desde el banquillo. Daba entrada a Rubén Cruz pero en lugar de Salvi, y ello pese a la mala actuación de hombres como Eddy o Abdullah, con todas las papeletas para hacerse el hueco en la ducha. A continuación, Silvestre veía la amarilla por una entrada absurda y Sankaré caía en la trampa, ya señalada, cometiendo un penalti inexistente sobre Rodri que transformaba el delantero blanquiverde.

No traicionaba a nadie un Córdoba que avisaba con mucha antelación. El enfado con el trencilla era tal en el seno de la parroquia amarilla que hasta arrastraba al calmado Cervera, expulsado por primera vez en su etapa cadista. Al menos espoleaba a los visitantes, que probaban a Kieszek merced un cabezazo centrado de Sankaré.

Aitor mandaba por fin a la caseta a Eddy, quien no se podrá escudar en los silbidos para excusar su pésima actuación. Y mano de santo. Nada más desaparecer del verde, Álvaro se vestía de Messi para encontrar el espacio con un balón largo sobre Ortuño. Ante el portero, Don Alfredo no tiene misericordia.

Los infortunios, las adversidades, hacían crecer al Cádiz CF. La victoria estaba ahí, al alcance, y el gol la descubría a sus ojos. Sankaré mandaba a las nubes un centro desde la izquierda cuando estaba absolutamente solo. El choque se rompía y quedaba a merced de quien tuviera más acierto.

Desde la grada, Cervera cambiaba el dibujo. Abdullah retrasaba su posición, con Garrido como escudero, mientras que las bandas quedaban para Aitor y Rubén por dentro. Alvarito quedaba con libertad de movimientos para surtir de balones y granjear espacios al ‘killer’.

CONFIANZA. El Cádiz CF daba el paso adelante, y su rival parecía confirmarse con el empate. El fútbol al revés. Y el deporte rey se cobraba la racanería y premiaba el atrevimiento. Brian enfilaba la autopista tras la pifia de Pedro Ríos y servía un centro precioso para que Ortuño cabeceara al fondo de las mallas y se alzara al altar de los pichichis de Segunda.

Álvaro disponía de la sentencia y su disparo raso rozaba la cepa del poste. Quedaba poco por sufrir, y Aitor recortaba los plazos como recorta siempre que puede fuera del área para colocar el esférico en ese espacio inalcanzable para los porteros. Otro golazo para el de Gibraleón.

Las gradas alcanzaban el éxtasis. Este Cádiz CF es motivo de orgullo, invita a soñar. Con Cervera, con Cifuentes, con Ortuño. Gane, empate o pierda, su mensaje es inequívoca y esperanzador. Nunca se debe perder la CONFIANZA.