Álvaro Cervera, en un entrenamiento.
Álvaro Cervera, en un entrenamiento.

Cádiz CF

Cervera, a la espera de Gijón para volver a los orígenes

La dependencia de Machís motiva que este Cádiz CF haya perdido buena parte de su identidad

Por  19:30 h.

Una cosa es evidente: Cervera no está llevando al campo lo que él llevaría de mejor gana. No hace falta ser muy ducho en la materia para entender que el entrenador del Cádiz CF está tirando más de la lógica aplastante de poner a sus mejores jugadores en detrimento de lo que son sus verdaderas convicciones. Tiene más que claro que el camino es el que ha comenzado a andar con Aketxe y Machís como puntas de lanza de un equipo rendido a la efectividad de estos dos jugadores antes que al equilibrio y el bloque que tanto le ha dado en pasadas campañas. El fútbol es lo que tiene y como tal no debe llevar a la sorpresa tener que escuchar de boca del entrenador que está jugando a la lotería con sus planteamientos o directamente suicidándose con sus cambios en pos de la victoria.

El ejemplo más reciente sucedió el pasado domingo en Carranza ante el Osasuna, todo un líder de la categoría que tiene ya casi que los dos pies en Primera. Pues bien, ante el conjunto rojillo, que no guardó nada, Cervera se atrevió a jugar cerca de media hora con solo un pivote defensivo como José Mari para conformar un ataque abierto y casi ‘kamikaze’ compuesto por Manu Vallejo y Rennella en la dupla atacante y dos extremos como Machís y Salvi jugando con otro (Jairo) como lateral. Lo peor de todo es que no dio resultado y pudo costar más caro si Luis Perea acierta con un disparo que se le fue alto tras una contra de libro motivada por la alegría ofensiva amarilla.

Sobra decir que este esquema o forma de atacar jamás estaría firmado por Cervera, que para nada se muestra satisfecho con lo que ve pero invita a pensar que está obligado por las circunstancias en su búsqueda obsesiva del gol.

La idea de Cervera , en el mejor de los casos, no es otra que seguir con este esquema y con estos jugadores de aquí al menos hasta la penúltima jornada ante el Extremadura en Carranza, una jornada antes de la última en El Molinón. Es sabedor de que Machís es el jugador más desequilibrante de la categoría y no puede permitirse el lujo de sentarlo aunque echa de menos la solidez defensiva que le daba Jairo en esa banda izquierda ahora monopolizada por el venezolano. De hecho, puede que Cervera sea el cadista al que menos le duela la marcha en las dos últimas jornadas de Manu Vallejo y Machís, dos jugadores letales en el área rival pero desestabilizadores para un sistema que a este equipo siempre le ha ido como anillo al dedo.

Es probable que Cervera añore sus ideas, su bloque, su ‘adn’ y su equilibrio dentro de un equipo que no tiene otra ahora que buscar el gol por el camino más directo y ese no es otro que el golpeo de Aketxe o las individualidades de Machís. Lleva cerca de dos meses trabajando un método que no le agrada pero entiende que debe intentar por todos los medios con tal de sacar la máxima rentabilidad posible a un jugador que cobra posiblemente de los que más de Segunda. No le queda otra que trabajar con, por y para Machís y en esas está. Hay días en el que le ha salido de maravilla pero en cambio hay otros que el juego de su equipo se atasca ante lo previsible que comienza a ser para los contrarios.

La idea de Cervera debe ser bien clara y confía en que se pueda dar. Es consciente que debe seguir estirando el chicle hasta lo que dé para, llegado el momento de la ausencia de Machís, volver a los orígenes. De ahí que haya comenzado a darle minutos a Salvi, el que volverá -en el caso de que encuentre la forma física idónea- a hacerse con la banda derecha para enviar a la izquierda a Jairo y dejar seguramente a Aketxe en la mediapunta con Garrido y José Mari dando robustez a un equipo que recuperará a un ‘9’ de referencia en la punta del ataque. Mientras el personal puede que lamente y añore la marcha de Machís, hay un entrenador que se frota las manos a sabiendas de que las cosas en global le irán mucho mejor a un equipo que ha perdido su identidad a cambio de las individualidades.