CÁDIZ CF

CD Tenerife-Cádiz CF (1-0): Sin identidad

Las huellas del equipo de Cervera se han difuminado y dejan a un Cádiz que ni es lo que fue ni lo que quiere ser

Por  22:56 h.
Tenerife
1
Cádiz
0
CD Tenerife: Dani Hernández, Camille, Alberto, Luis Milla, Acosta, Suso (Malbasic, 86'), Carlos Ruiz, Jorge Sáenz, Nano (Undabarrena, 78'), Raúl Cámara, Naranjo (Paco Montañés, 66').
1-0: Nano Mesa, en un pase de la muerte tras fallo de Naranjo en el remate (32');
Cádiz CF: Cifuentes, Correa, Mauro (Carmona, 22'), Kecojevic, Matos, José Mari, Edu Ramos, Alex, Salvi (Perea, 55'), Vallejo y Mario Barco (Lekic, 66')
Árbitro: Goróstegui Fernández. Tarjeta amarilla a Edu Ramos, Matos, Cámara
Incidencias: Estadio Heliodoro Rodríguez López.

Cuando uno pierde la identidad, está condenado a desaparecer. El eslogan de una película de ciencia-ficción de serie B, que aborda la tragedia humana de un futuro distópico… y la realidad del Cádiz CF. Las huellas del equipo de Cervera se van difuminando y apenas se distingue el surco que marcaba en su caminar.

La escuadra rocosa, sobria, antipática, que no ofrecía un resquicio al adversario, ha terminado por diluirse. Ni con dos ni con tres ni con una muralla ni cavando un foso. En fútbol acumular efectivos en una parcela no provoca el resultado deseado, porque sólo el equilibrio permite salir airoso. Los amarillos sólo se parecen a sí mismos en el espejo de este inicio de curso y de la segunda vuelta de la campaña pasada, una tendencia imposible de revertir.

Albacete, en feria, es un espejismo. Este ‘visitante’ (en Carranza difiere) irrumpe con el deseo exclusivo del empate desde el minuto uno y que suene la flauta. Pero lo que suenan son tambores de guerra. Porque en cuanto la puerta se rompe, saltada la resistencia, cada vez más fácil por el nerviosismo colectivo e individual, asaltar la otrora fortaleza amarilla es pan comido. En este Cádiz sin delanteros y mínima capacidad ofensiva, ‘el gol son los padres’.

En Tenerife, nueva derrota. Segunda consecutiva. Tres puntos de los últimos quince. Números de descenso, aunque eso a estas alturas es absurdo siquiera reseñarlo. Pero la imagen denuncia la visualización de un producto que parece agotado, caduco, que ya no es lo que fue ni tampoco lo que quiere ser.

Refuerzo en la medular

Cuando el frío aprieta, uno tiende a encogerse. A protegerse bajo las mantas hasta unir las rodillas con las orejas. El invierno en fútbol aparece con las derrotas y Cervera buscaba el calor reforzando el pasillo de seguridad, con un gobierno de concentración en la medular. El triple pivote se cantaba desde el ecuador del último choque y se confirmaba horas antes del duelo del Heliodoro. José Mari endurecía la sala de máquinas junto a Edu Ramos y Álex Fernández, lo que se traducía en el campo en mayor seguridad, sobriedad aunque menos magia que con Aketxe o Perea.

Los amarillos cedían la iniciativa a un Tenerife inseguro que tampoco se veía demasiado alegre con la bola, así que ninguno se erigía en el dueño de la contienda. Ese inicio zozobrante se sesgaba de raíz con la lesión de un futbolista visitante, de esos que son intocables por falta de relevo. Marcos Mauro se rompía y el míster, con Servando con la cara ‘partía’ y Sergio aún de mudanza, observaba el agujero en el banquillo.

Disponía de la posibilidad de Garrido para retrasar a Edu, pero su inactividad se convertía en otro lastre, por lo que introducía a Carmona en el carril para centrar a Correa como pareja de baile de Kecokevic. Auténtica improvisación, impelida por los inesperados acontecimientos.

El Cádiz CF caía en la apatía de siempre. Al igual que en Mallorca o Numancia… que no ocurra nada. Desde el principio. Esa búsqueda del empate la castigaba duramente Nano en una acción calcada a la que hace dos temporadas privaba a los amarillos de la lucha final por el ascenso. Penetración de Suso por banda derecha y Mesa (que no Gaku), remataba a placer tras el error inicial de Naranjo en el remate.

Ahora sí. Ahora el cuadro gaditano se acordaba de la otra portería, y Álex probaba al portero con un zurdazo a media altura repelido por el meta. Al igual que en Soria, el tanto le espoleaba, un error flagrante el de un equipo al que le cuesta horrores hacer un gol. Un espejismo, pues liberado de la presión por el beneficio del resultado, el Tenerife controlaba los últimos compases de la primera mitad con una asombrosa facilidad y hasta rozaba el segundo con un cabezazo centrado de Jorge Sáenz bien despejado por Cifuentes.

El descanso aparecía como un oasis para refrescar las ideas de un Cádiz moribundo, incapaz de transmitir sensaciones positivas. Parco en ideas ofensivas, errático en labores defensivas. En un pasado reciente se le achacaba la falta de alternativas al plan A, pero ahora ni siquiera tiene un plan. Y cuando se pierde la identidad, uno acaba por desaparecer.

Tenerife-Cádiz CF, segunda parte

Los pupilos de Cervera adelantaban líneas en una presión desorganizada, sin fe, burlada por los chicharreros con asequibles cambios de orientación. El ‘Tete’ rondaba la sentencia al verse tan poco exigido. Se internaba en los dominios de Cifuentes con facilidad sonrojante y sin brillo amenazaba con desconectar rápidamente a un enfermo terminal.

Perea relevaba a un Salvi al que se le agotan los adjetivos calificativos, diametralmente opuestos a los de los últimos tres años. El de Sanlúcar no es ni la sombra de su versión más modesta, pero se puede agarrar a un axioma incuestionable en el fútbol: cuando todos parecen malos, la culpa se reparte con el banquillo.

Por inercia, la que marcan quien no tiene nada que perder y quien lo tiene todo, los amarillos se asomaban al balcón. Tímidamente. Álex disparaba desde lejos, sin dificultad para Dani Hernández. Empequeñecido el Cádiz CF, Cervera le otorgaba centímetros con la entrada de Lekic por un Barco testimonial.

La única, única, única arma ofensiva seguían siendo los lanzamientos lejanos del pelirrojo, de los pocos que mantenía la fe junto al de Chiclana y poco más. El Tenerife, replegado, con la intención exclusiva de que corriera el crono, se embolsaba los puntos con la ley del mínimo esfuerzo. Sus tres primeros puntos de la temporada. Ante un fantasma.