Álex Fernández celebra su gol al Valladolid en el Ramón de Carranza.
Álex Fernández celebra su gol al Valladolid en el Ramón de Carranza.

CÁDIZ CF

Cádiz CF-Valladolid (1-0): La flecha señala el norte

El gol de Álex Fernández en un inicio rompedor marca la cuarta victoria consecutiva y la lucha por gestas mayores

Por  18:49 h.
Cádiz
1
Valladolid
0
Cádiz CF:Cifuentes, Servando, Villanueva (Kecojevic, 58’), Marcos Mauro, Lucas Bijker, Garrido, José Mari, Salvi, Álex, Álvaro García (Barral, 75’) y Carrillo (Rubén Cruz, 66’).
Real Valladolid: Masip, Moyano, Deivid, Kiko Oliva, Antoñito, Borja (Hervías, 73’), Luismi, Óscar Plano (Giannotas, 59’), Michel, Toni (Iban Salvador, 59’) y Mata.
Gol: 1-0: Ález Fernández (5');
Árbitro: Moreno Aragón, del colegio madrileño. Tarjeta amarilla a Borja, Mauro, Expulsó por roja directa a Borja.
Estadio: Ramón de Carranza. Más de 11.000 espectadores.

El templo abre sus puertas, ya con la certeza de que tarde o temprano deberá mudar su nombre. La catedral del fútbol gaditano reunía a sus fieles en oración, una jornada más, eliminando disidencia, disparidad de opiniones, y apoyando todos unidos por la misma causa. En el Cádiz CF está la verdad, ahí están todos de acuerdo.

Ahora el debate es cuestión de puntos cardinales. ¿Hacia arriba o hacia abajo? La flecha marca el camino y señala al norte. Sin perder la esencia y su sello proletario, sin despegar mínimamente los pies del suelo, este equipo se gana por derecho propio a soñar con gestas mayores que la permanencia. El primer reto, el de todo competidor de la igualada categoría de plata, es sumar 24 puntos más para alcanzar los 50 que alejan el miedo.

A ritmo de tres por semana casi que el regalo lo traerán los Reyes Magos. Obviamente algún día se frenará la racha y el bólido tendrá que pasar por el taller. Pero en este preciso momento, y el fútbol se nutre de momentos, el Cádiz CF es el mejor conjunto del mes en Segunda al consumar cuatro victorias consecutivas. Pleno. La última, ante el histórico Pucela y cimentada en un arranque rompedor, en cinco minutos de desborde para permitir el resto de aguante. El gol de Álex Fernández marca la diferencia. Su flecha señala el camino.

La confianza del Cádiz CF 

La confianza da alas. ¿Quién pensaría que el músculo sobrecargado, agotado, sería el cerebro? ¿Que no pesaban las piernas si no la ansiedad? A este Cádiz CF lo han cambiado, ni se parece al del mes anterior. La recuperación de sus intocables y especialmente las victorias le han infundido que se aprecia en ese justo instante en el que las botas de sus futbolistas pisan el césped de Carranza.

Porque esos tacos son colmillos que muerden hasta saciarse de la sangre del rival. Tienen hambre, sin importar la hora ni el momento. Con esa actitud depredadora arrancaba un equipo con la lógica inclusión de Mauro en el eje de la zaga y el desplazamiento de Servando al carril diestro. Una simple variación que no varía el dibujo, el estilo y mucho menos la intención.

El triunfo del Molinón ha de suponer ese tan manido punto de inflexión. Tres puntos de inflexión. La madurez que marca el paso del niño al adulto. Ese duelo frenético demuestra a la hinchada, a la categoría y sobre todo a los jugadores amarillos que pueden ganar a cualesquiera que osen presentar batalla.

Da igual que un ‘killer’ como Mata aparezca por Carranza con instinto asesino. Los pupilos de Cervera se han dejado los complejos en fechas anteriores. A los 18 segundos Salvi obligaba a despertar de la siesta a Masip. Sin tiempo para la modorra, el Sanluqueño, eléctrico, sacaba lustre a la pizarra esbozada primero por José Mari y con un quiebro convertía en oro su saque de falta. Al rechace del centro, Álex Fernández empalaba con su derecha desde fuera del área para allanar el camino con sólo cinco minutos de disputa.

El Cádiz CF quebraba la tela de araña pucelana y le entregaba la bola al adversario para jugar más cómodamente al contragolpe. Las imprecisiones vallisoletanas facilitaban las labores defensivas de los locales, que apenas ceden ocasiones de gol. Con Servando como parche en la derecha, los de Sampedro se volcaban por el flanco opuesto para buscarle las cosquillas a un Lucas errático. Los tímidos intentos desembocaban en los guantes de Cifuentes, que atajaba con determinación, seguro que con la desgraciada acción del pasado curso aún en mente.

Así discurrían los restantes minutos, con el juego controlado y Salvi descontrolado. El fútbol horizontal no aburría a un respetable que soñaba con otro triunfo para elevar sus delirios de grandeza.

El Cádiz CF, cara y cruz a su paso por el descanso

El paso por vestuarios traía una versión más rácana del Cádiz CF. Al igual que hacía ante el Reus, se decidía por resguardar su botín y cedía demasiado terreno y pelota, con mucho tiempo por delante. Y el Valladolid empezaba a hacer de las suyas. Imprimía velocidad a sus acciones, un ápice de profundidad, y generaba una incertidumbre que se palpaba en Carranza.

Los jugadores captaban el mensaje. Estiraban el pie hacia adelante, una pequeña zancada, y con ella Lucas dejaba solo a Carrillo ante Masip. El meta blanquivioleta rozaba el cuero con los dedos lo justo para restar fuerza al disparo del murciano, rechazado por un zaguero. La sentencia podría haber llegado un minuto después de la salida por lesión de Villanueva, suplido por Kecojevic.

Ese contratiempo, el cansancio, la necesidad, el riesgo… abría las costuras de un partido muy encorsetado. Gianniotas rozaba el empate y lo malograba con un error inexplicable. A cada advertencia, el cuadro local reaccionaba apartando el esférico de los dominios de Cifuentes, lamentando su falta de gol. Mucha flecha y poca pólvora.

Para paliar esa escasez, Cervera introducía a Barral en lugar de Alvarito, cayendo el isleño a la zurda. El Cádiz CF comenzaba a trabajar su triunfo, rumiándolo, masticándolo, envolviéndolo. Informando al Valladolid de que no iba a desfallecer, que seguiría corriendo hasta el final. Que para pescar en Carranza hay que embarrarse hasta el cuello porque la presa va a colear hasta quedar sin aliento. Suena a épico pero la realidad supera estas palabras. En un despiste, Rubén Cruz apretaba para birlar el cuero a Borja, que lo derribaba siendo el último defensor. A la calle. Nadie regala nada, en La Laguna no regatea nadie más que Salvi y no hay ‘Black Friday’ que valga.

El final permitía la redención de Cifuentes, que con su manopla repelía el disparo de falta ya en la prolongación, con el éxtasis y los nervios nublando la razón. El empate mascullado se quedaba en pura ficción, y esa diferencia es la que cambia retos y objetivos. Ni hacia abajo ni hacia detrás. Es el momento de mirar hacia arriba.