Gorka lamenta una acción fallada ante el UCAM
Gorka lamenta una acción fallada ante el UCAM

CÁDIZ CF

Cádiz CF-UCAM Murcia (2-2): El Cádiz CF se inmola

Tras un comienzo brillante, los amarillos, arrastrados por los cambios de Cervera, se suicidan y conceden el empate en su primera final

Por  20:31 h.
Cádiz
2
UCAM Murcia
2
Cádiz CF: Cifuentes, Carpio, Aridane, Sankaré, Brian (Servando, 38'), Jose Mari, Abdullah (Abel Gómez, 58'), Álvaro García, Carlos Calvo, Rubén Cruz y Gorka Santamaría (Nico Hidalgo, 70').
UCAM Murcia: Fernando, Tekio, Hugo Álvarez, Fran Pérez, Morillas, Juande (Juanma, 41'), Kitoko, Sergio Mora, Collantes (Vicente, 74'), Jesús Imaz y Jona (Natalio, 65').
Goles: 1-0: Aridane, de cabeza en un córner sacado por Carlos Calvo (8'); 2-0: Jugada entre Rubén Cruz y Santamaría, el sevillano la cede de tacón y el vasco la cuela entre las piernas de un defensa (13'); 2-1: Imáz golpea con la zurda dentro del área (80'); 2-2: Juanma, en una jugada embarullada en el área con fallos de Cifuentes y los zagueros amarillos (93').
Árbitro: Rubén Eriz Mata (colegio gallego). Tarjeta amarilla a Sergio Mora, Fran Pérez, Aridane. Expulsado Carlos Calvo (85') por doble amonestación.
Incidencias: Ramón de Carranza. Unos doce mil espectadores en una tarde de lluvia.

Esto es así. El Cádiz CF es así. O lucha a muerte cada balón, cada minuto, y se exprime en el esfuerzo, o se condena al desastre. Necesita ir al máximo y nunca levantar el pie del acelerador. Si reduce se estrella. Bien lo saben los futbolistas y un Álvaro Cervera que condenaba a sus chicos y a la hinchada a un empate con unos cambios difíciles de explicar.

De una primera mitad brillante a un empate con amargo sabor a derrota, por el tesoro perdido y ante quien, un enemigo que lo será hasta final de campaña. El UCAM ni confiaba y sería el propio Cádiz CF quien lo metiera de nuevo en el partido, cuando esperaba el golpe de gracia. Aridane y Santamaría permitían volar a los locales en un primer cuarto de hora feliz; y un último cuarto de hora maldito les corta las alas para caer en plena ascensión.

Y eso que el Cádiz CF empieza a crecer. Aún en su tierna infancia, con sólo 11 partiditos, comienza a enderezar sus pasos y supera el caminar tambaleante para afianzar su travesía. Nacía prematuro en Almería, con todo por aprender, y de la mano del ‘papi’ Cervera sonríe confiado, después de tanta caída, de alguna dolorosa magulladura.

Necesita tiempo, es pronto para echar a correr; tiemblan las piernas en cuanto quiere salirse del guion, como ocurría en un triste epílogo; se intuyen buenas maneras y malos vicios. Ha fortalecido su seguridad con Sankaré y la progresión de Brian Olivan (vaya pérdida, con él cambió todo), José Mari le inyecta calma y experiencia para que Abdullah libere ese genio inconstante que lleva dentro, y Calvo, con luces y sombras, ofrece estabilidad para no lanzarse al abismo por las dos bandas a la par. El bloque carbura y las piezas se retroalimentan de la mejoría en el funcionamiento colectivo.

En pleno crecimiento le tocaba afrontar su primera prueba de madurez. Ni temprano ni tarde, sino cuando toca. Es el fútbol, es la vida. Sin su mejor futbolista, la referencia Ortuño, y con Santamaría ya pidiendo a gritos una oportunidad merecida. La lluvia engalanaba un escenario preparado para sufrir y deseoso de diversión.

El momento parecía similar por unos números engañosos, una mentira difícil de desentrañar a simple vista. Porque el UCAM, en la antesala, superaba a los amarillos en la clasificación, pero el Cádiz CF cotiza al alza y los universitarios se sumergían en unas dudas peligrosas para una escuadra modesta. Los amarillos merecen más que el paupérrimo bagaje cosechado, condicionado por errores propios de la experiencia e impropio de un arbitraje profesional.

Los locales saltaban bien armados, con una apuesta clara y decidida, y la justicia le colocaba por delante a los ocho minutos. ¡En una jugada de estrategia! La sorpresiva inclusión de Calvo hace dos semanas ha desembocado en una mejoría evidente a balón parado. El madrileño centraba al área pequeña y el pelucón de Aridane acomodaba el esférico al fondo de las mallas. Estreno de plata para el káiser cadista, a quien sólo le falta acertar con la meta contraria para ser uno de los mejores zagueros de la categoría.

El UCAM, desganado, falto de competitividad, se desarmaba y el Cádiz CF aprovechaba las facilidades para asociarse por dentro. Plan B, o alternativa al plan A, cierto y verdad que los amarillos han trocado su vuelo por las alas para unirse por el medio. Rubén Cruz aparece como responsable, erigiéndose en ese mediapunta que ansiaba Cervera, y con un taconazo sensacional colocaba a Santamaría con un disparo franco dentro del área. El cachorro mordía a su presa con un disparo rasito y escorado para superar al meta Fernando.

Un cuarto (de hora) y mitad (de victoria). 75 minutos por delante para amarrar un triunfo necesario y abandonar los malditos puestos de descenso, ese terreno más psicológico que real. La apatía de los murcianos contrastaba con su obligación, mientras que los amarillos seguían generando peligro si bien con pausa y tomando menos riesgos. Sankaré rondaba el tercero con otro magnífico servicio de Calvo.

Abdullah disfrutaba, se divertía resguardado por el tremendo trabajo de José Mari (clave en el resurgir), y los pequeñitos Álvaro y Gorka buscaban el resquicio para el gol. La felicidad se tornaba incompleta por la lesion de Brian Oliván. Servando tomaba el carril derecho y Carpio cambiaba la banda para recomponer la zaga.

Han sido cinco encuentros consecutivos sin ganar, y el Cádiz CF quería desquitarse. Tras la polémica de la semana con la huelga de Brigadas, anulada a última hora, el equipo se animaba solo y con ello a todo Carranza. El triángulo Álvaro-Rubén-Santamaría trenzaba una maravillosa jugada que el vasco malgastaba lanzando a las nubes.

El duelo permanecía bajo control. Salvo tragedia inesperada, sorpresa morrocotuda, el Cádiz CF mantendría el botín a buen recaudo incluso con la posibilidad de ampliar renta. Los amarillos daban un paso atrás y el cansancio abría espacios en las dos defensas. Abel refrescaba la medular en relevo de Abdullah, y Nico entraba por Santamaría, impecable en la sustitución del sancionado Ortuño.

Con el partido ganado, el cuadro de Cervera desconectaba, reducía intensidad y le asustaban con un cabezazo al poste de Juanma. Una decisión pésima. No podían con un UCAM que se tiraba arriba con todo y encerraba a los amarillos con córners y rondando los dominios de Cifuentes. Imaz castigaba ese paso atrás inadecuado de los locales, que notaban en exceso la floja aportación de Abel y el cansancio de Calvo y José Mari.

El madrileño terminaba una actuación propia de Dr.Jekyll y Míster Hyde autoexpulsándose en una acción inexplicable. La falta de oxígeno le impedía razonar con claridad y se marchaba a la caseta antes de tiempo, dejando a sus compañeros sufriendo una agonía inenarrable. Cervera erraba en los cambios y abocaba a la hinchada a un final de infarto.

Y el corazón se paraba. La zaga, con Cifuentes palmeando el balón como en un partido de voleibol, concedían una y otra ocasión a los universitarios para que consumaran la desgracia. Juanma introducía la bola en última instancia, con un leve empujón que hacía rodar a los de Carranza. Daban el paso atrás y caían al agujero. Ahora costará levantarse. El golpe ha sido doloroso.