Cádiz CF

Cádiz CF-Extremadura (0-1) Un rebote los deja heridos de muerte

Un gol de fortuna de Pomares mediada la primera mitad ahoga las opciones de 'play off' a un once de Cervera sin ideas

Por  23:54 h.
Cádiz
0
Extremadura
1
Cádiz CF. Cifuentes, Correa (Querol, 46'), Sergio Sánchez, Fali, Espino (Mario Barco, 68'), Álex, Garrido, Aketxe, Salvi, Jairo y Lekic (Rennella, 55').
UD Extremadura: Álvaro Fernández, Ale Diez, Fran Cruz, Bastos, Pomares (Capel, 74'), Fausto Tienza (Javi Alamo, 57'), Zarfino, Kike Márquez (Diosbert, 83'), Borja Granero, Lolo González y Willy.
Gol: 0-1: Pomares (26').
Árbitro: Óliver de la Fuente Ramos, del colegio castellano-leonés. Amonestó a los locales Fali, Querol, Rennella, y por los visitantes a Fausto Tienza, Lolo González, Javi Alamo
Incidencias: Partido correspondiente a la penúltima jornada de Liga. Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de José Antonio Reyes, un minuto que comenzó el propio público sin necesidad de que lo indicase el silbato del árbitro. El Cádiz CF colocó un ramo de flores en el banquillo del Extremadura, club al que pertenecía el jugador fallecido.
Nuevo Estadio Ramón de Carranza.

Un rebote, Un maldito rebote, pero un simple rebote ha bastado para dejar herido de muerte a un equipo que ya iba dando bandazos desde hace una buena parte del tiempo. Han hecho mucho daño esos maquillados empates ante equipos de arriba a los que no le venían mal esos puntitos que iban enterrabando a los gaditanos mientras que a ellos los consolidaba en sus posiciones de privilegio de los que ha desaparecido un Cádiz CF con esa justicia que suele retratar las 42 jornadas de una Liga que los amarillos acabarán este domingo en El Molinón sin depender de ellos mismos.

La fortuna terminaba de enemistarse con los de Cervera a los 25 minutos con un gol Pomares tras un rechace que dejaba descolocado al cadismo entero aunque con el tiempo suficiente para, al final valía hasta el empate que ya es triste, darle la vuelta al marcador. Y lo cierto, y aquí viene la reflexión, es que este Cádiz CF volvió a evidenciar su incapacidad para sacar adelante partidos que ya se enconaron antes ante ‘Lugos’, ‘Córdobas’ y demás medianías que han pasado por Carranza sin caer derrotados mostrando las tremendas carencias que al final han terminado por dar la cara ante su propia afición, mucha de la misma que no dudó en despedir a los muchachos de Cervera con una sonora pitada más o menos injusta.

A priori, el aplazamiento del encuentro por el trágico fallecimiento de Reyes no le venía muy bien al Cádiz CF, que veía como pasaba de poder llenar Carranza en domingo a tener que jugar en día laborable. Y a eso se le sumaba la marcha de Machís. Sin embargo, Cervera tuvo dos días más para recuperar a un hombre, Jairo, que con la ausencia del venezolano recuperaba la banda izquierda dándole, además, al equipo esos aires que lo hacen fácil de identificar a la vez que peligroso. Con el canario volvían las bandas abiertas y un equipo centrado en hacer daño desde la recuperación y la salida a la contra con dos extremos veloces, un exquisito mediapunta con gran pegada y un ‘9’ de referencia. En pocas palabras, el ‘abc’ cerveriano puesto al servicio de un equipo al que le han hecho desprenderse de sus dos máximos goleadores al tiempo que, a las malas, recuperaba su identidad, también con la vuelta al centro de la defensa de Sergio Sánchez en detrimento de Kecojevic.

El Cádiz CF salía al campo a sabiendas de que ya no valen las excusas, y por eso mismo intentó transmitir, sin mucho éxito, sus ganas a una afición loca por llevar en volandas a unos jugadores que debían contagiar su ilusión al graderío. No obstante, fue el Extremadura el primero que se hizo con el balón evidenciando el por qué de su recién lograda permanencia gracias a un gran juego de equipo.

No había pasado ni dos minutos y Kike Márquez lo intentaba desde lejos sin puntería como aviso de que el Extremadura no había venido a Cádiz, donde estaban desde el sábado, de paseo ni mucho menos. Precisamente, un pase fallido del sanluqueño a su paisano Salvi fue el primer motivo de esperanza del equipo amarillo, que ya botaba su primer saque de esquina para animar un poco a una grada anestesiada salvo en su zona sur.

Pasaban los primeros minutos de posicionamiento entre el crujir de pipas en la grada y la lectura que iba haciendo Cervera de un partido al que le quería meter el diente, si bien, de forma paulatina, pausada, sin ataques de efervescencia. Pero la verdad que ni por esas porque fue Fausto Tienza el que de nuevo merodeó por el área de Cifuentes, que salió rápido y seguro a sus pies después de que el excadista hubiese librado la presión de hasta tres defensas.

No se había llegado aún ni al cuarto de hora cuando la grada, los más pesimistas y exigentes, ya se impacientaba. Tenían su razón, el Cádiz CF entregaba el balón al Extremadura y proponía más bien poco. Tal era la cosa que tuvieron que ser los más optimistas y entusiastas los que avivaran el fuego de un equipo que no parece creerse en lo bonito que está metido. Fue así como el Cádiz CF comenzó a tejer algo que darle a su parroquia y fue desde la izquierda desde donde Jairo prolongaba a Espino para que el charrúa centrase con dureza pero a las manos del meta rival.

Calentado Carranza, Aketxe apareció en escena. Primero con un disparo bien tapado por la defensa extremeña y al poco con un dribling sobre la línea de fondo y dentro del área en la que el público pidió penalti. A los veinte minutos de juego, y gracias al empuje gratuito de la afición, podía decirse que el Cádiz CFc ya estaba activado.

Cuanto mejor, peor

Con la máquina ya engrasada, el Cádiz CF se gustaba y fue así como Salvi se atrevió con un disparo que buscaba la escuadra y que tras tocarlo el meta Álvaro encontró la cruceta. Poco después, a Jairo le sobró un regate para formar un lió en el área rival. Pero cuando mejor estaban las cosas para el once gaditano llegó un golazo que cogió desprevenido a todo Carranza y a Cifuentes el primero. Un despeje de Sergio Sánchez en el centro del campo daba en la tibia de Pomares y el balón cogía adelantado a Cifuentes convirtiéndose en el tanto que ponía las cosas muy negras a un Cádiz CF que tiraba de coraje en su prinera reacción, un zurdazo lejano de Espino que no encontró puerta, para meterse cuanto antes en el partido.

El Cádiz CF se iba al descanso sin la capacidad de igualar durante 20 minutos un gol de suerte de un Extremadura que no había demostrado ser inferior a un equipo al que camino de los vestuarios le iba colocando la soga al cuello de los ‘play off’.

No quedaba otra que jugarse el todo por el todo y Cervera a fe que lo hizo desde el primer momento dejando en la caseta a Correa y metiendo a Querol para componer una defensa con Salvi de lateral y un ataque con dos torres. La idea era bien claro. Centros a Lekic y el recién entrado, que casi estuvo a punto de conectar un centro de Espino en el primer acto de la reanudación. Entró con muchas ganas el catalán, que los cinco minutos casi levanta a la grada de sus asientos tras recibir de espaldas en la medular y quitarse de encima al central con una media vuelta fabulosa en el control y casi consigue un golazo co la vaselina.

El árbitro levanta a la grada

Estaban mal las cosas y peor se iban a poner después de ver al árbitro crecerse contra un Cádiz CF que veía como, al menos, la grada también se venía arriba de rabia con las decisiones arbitrales a los diez minutos del segundo tiempo. Ahora sí, Carranza explotaba, si bien no con el juego de los suyos sí gracias a la conducta imprudente y protagonista del árbitro leonés. Óliver de la Fuente.

En mitad del manicomio en que se había convertido Carranza, Cifuentes tenía que intervenir para impedir que el cabezazo de Willy supusiera el segundo y definitivo mazazo.

Con prisas, nervios y sin ideas constructivas quería el Cádiz CF empatar un encuentro al que no le veía la manera de entrar en él. Así el panorama, fue del corazón de donde comenzaron a tirar los de amarillo. Pero claro, lo malo de eso que la cabeza se usa poco y debido a ello llegó una pérdida pelogrosísima en la medular que por poco acaba en gol después de que Javi Álamo se colase solo ante Cifuentes, que vio salir la pelota rozando su palo largo.

A poco más de veinte para el final Cervera se quedaba sin laterales, acabó con Jairo y Salvi como falsos, para meter a otro tanque en la vanguardia como Mario Barco. Volcado el Cádiz CF, las apariciones por el área azulgrana eran producto más del empuje reaccionario que de un verdadero control. Así, podía verse disparar desde la frontal a Fali, incorporado como mediocentro retrasando a Garrido a la defensa.

Lo cierto es que el balón estaba ya más en campo extremeño gracias a la subidas de Salvi, que en una de ellas consiguió dejar un balón en el punto de penalti que fue recogido por Querol que con todo para él hizo mandar a las nubes en su intento de buscar la escuadra.

Aketxe tenía que aparecer y lo hizo tras ser derribado en una falta que lanzó con veneno y a la que contestó con los puños certeros de Álvaro. Apretaba con todo el Cádiz CF desde la iniciativa de Querol, que forzaba otra falta botada por Aketxe que cerca estuvo de ser rematada en boca de gol por Rennella. Podía ser el último partido de la temporada en Carranza y el personal era consciente de que había que dar hasta el último timbre de voz.

Mientras el Deportivo empataba en Elche, el Cádiz CF seguía dependiendo en exceso de los libres directos y disparos de Aketxe que salieron muy centrados en su mayoría. La impaciencia lógica se hacía presente en el juego desequilibrado amarillo, que buscaba un gol como tabla de salvación para intentar seguir dependiendo de sí mismo.

Cuando ya apenas se confiaba en el milagro llegaron dos ocasiones. Una clarísima que desperdició Mario Barco tras fabricársela al robarle la cartera a un defensa para quedarse solo ante el portero, al que tristemente le entregó la pelota en su intento de cedérsela a Querol para que la empujara a gol. Fue el propio Querol el último que lo intentó, pero su cabezazo tras el enésimo centro de Aketxe fue desviado a córner por el arquero visitante.

Se acababa el partido entre los pitos de una afición que ha acabado cansada del falso juego de un equipo que no llegó a encontrarse en toda la segunda vuelta. Queda una última oportunidad a la que se agarran los más optimistas. Ganar a un Sporting de vacaciones y que el Dépor no haga lo mismo en su feudo ante el ya defenestrado Córdoba. Una cosa tan complicada como, para qué engañar a nadie, ver ganar al Cádiz CF en los últimos tiempos.