Lili y Elsa se abrazan durante el último torneo disputado por ambas el pasado fin de semana
Lili y Elsa se abrazan durante el último torneo disputado por ambas el pasado fin de semana - FIVB

Vóley playaLili y Elsa: «Se puede ser madre y ganar»

Tras un año y medio separadas dentro de la pista, la mejor pareja de vóley playa española inicia su asalto a Tokio 2020

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Después de quedarse fuera de las medallas en Río 2016, la vida de Lili Fernández y Elsa Baquerizo cambió de manera radical. Tras diez años inseparables dentro y fuera de la arena, la mejor pareja española de vóley playa decidió separar sus caminos de manera temporal. Lili quería ser mamá antes de afrontar el tramo final de su carrera. Paréntesis en el que Elsa ha encontrado un año de experiencias junto a otras jugadoras que le ha servido para crecer y ser mejor. Con el inicio de la temporada, ambas vuelven a lucir sonrisa, felices por estar de nuevo juntas sobre la arena, donde además del balón y la red tienen ahora un nuevo espectador llamado Saúl, de apenas seis meses de edad.

«Siempre que puedo, prefiero que Saúl esté conmigo. Me entreno mejor y más tranquila si lo tengo cerca. Por eso, se viene a la cancha con mi madre, que lo cuida, y así en cada descanso puedo disfrutar un poco de él», explica a ABC Lili, ya plenamente recuperada. Su vida ha cambiado, pero no por eso ha dejado a un lado el deporte. Al contrario. «Es verdad que tengo que levantarme un poco antes y salir con más tiempo porque tengo que darle el pecho, pero sigo poniendo el cien por cien en la playa. Se puede ser madre y ganar», señala.

Durante el tiempo que duró su embarazo, Lili no dejó de entrenarse casi nunca. «Hasta el octavo mes estuve jugando casi con normalidad a pesar de la barriga, y luego, después de dar a luz, nada más acabar la cuarentena comencé a ponerme en forma para volver lo antes posible», señala la alicantina, que ha sufrido mucho en la distancia mientras veía competir a su compañera sin poder ayudarla. «Sentía impotencia y mucho estrés. Una sensación muy rara, que espero no tener que repetir». Lili confiesa que, en su caso, el embarazo no ha sido un problema para seguir disfrutando de las ayudas, porque todos los patrocinadores han mantenido sus aportaciones. «Hablé con ellos cuando tomé la decisión y el apoyo fue total. Nos mantuvieron la beca del CSD y tanto la UCAM, como el Grupo Suardíaz y el Proyecto FER también siguieron a nuestro lado».

Las dos deportistas han recuperado la sonrisa juntas. 2017 fue un año extraño para ambas, del que cada una trató de extraer algo positivo. «Han sido meses raros, porque en diez años nunca había estado tanto tiempo lejos de Lili. La he echado mucho de menos, en la arena y fuera de ella. Jugué con tres chicas distintas y creo que eso me ha enseñado muchas cosas para el futuro. Cosas positivas que espero que me ayuden a dar un salto adelante en los torneos», relata Elsa.

En el primero tras su regreso, el «5 estrellas» que disputaron en Fort Lauderdale, no pudieron lograr ninguna victoria, pero las sensaciones con las que se fueron de la playa fueron muy buenas. «Se nota que nos queda mucho para estar al nivel de antes. Aun así, no lo hemos hecho tan mal. Estamos satisfechas», afirman tras caer en tres sets ante las americanas Claes y Hughes y en dos contra las rusas Makroguzova y Kholomina.

Cambio de entrenador

En su regreso, Lili y Elsa han establecido en Tenerife su centro de entrenamiento, aunque ese no ha sido el cambio más importante. Por primera vez desde que comenzaron su aventura como pareja de vóley playa no tendrán a su lado a Daniel Rodríguez Wood, su entrenador durante todo este tiempo. «Tomamos la decisión de no seguir juntos a finales del año pasado. Lo pensamos mucho y decidimos que era el momento de separar los caminos para intentar seguir mejorando», explican.

En ese futuro que se abre ante ellas, los Juegos Olímpicos de Tokio ocupan un lugar principal. «Están lejos aún, pero la clasificación para estar allí comienza ya este año. Tenemos que ponernos las pilas si queremos llegar con opciones de hacer algo grande al fin en una cita olímpica», afirman. Mientras llega ese momento, el Europeo de julio aparece como un buen sitio para recuperar las mejores sensaciones. «La ambición sigue intacta. Igual que antes del embarazo. Solo nos queda entrenarnos más, ponernos más fuertes y mejorar en los momentos clave de los partidos», apuntan mirando a un futuro que se escribe optimista. Como son ellas. Un futuro en el que hay un viajero más llamado Saúl, acicate para seguir ganando y soñar con la gloria olímpica.