Dopaje

Sangre artificial para doparse

Las autoridades antidopaje temen que los glóbulos rojos en polvo puedan ser el nuevo método para el fraude deportivo

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El pasado 4 de diciembre millones de pacientes y enfermos del mundo saludaron con alborozo la comparecencia de un grupo de investigadores de la Universidad de Washington en Saint Louis (Missouri). Los científicos estadounidenses presentaron el fruto de sus años de búsqueda e investigación: los primeros glóbulos rojos artificiales. Sangre en polvo como si fuera pimentón. Un hallazgo fascinante que, mezclado con agua, puede servir para salvar cientos de vidas en regiones de conflicto bélico o en zonas de catástrofe natural, donde no pueden llegar a tiempo las transfusiones de sangre «natural». En el mismo instante que se anunciaba una noticia esperanzadora para la humanidad, otro tipo de eco resonaba en las autoridades antidopaje, la Policía, la Guardia Civil y los investigadores españoles. El peligro de la sangre artificial como nuevo método de dopaje.

El programa de la Universidad de Saint Louis, denominado ErythroMer y que puede suponer una revolución en la medicina de emergencia, recordó sin embargo a los responsables del antidopaje español otras siglas de infausto recuerdo. El Aicar, un aminoácido endógeno que provoca una imitación del ejercicio físico en el músculo. Y el TB-500, una proteína que genera el propio organismo y mejora sustancialmente la recuperación después de un esfuerzo. Dos sustancias que no conocía ningún agente de Policía, ni investigador ni aficionado al deporte y que transportaba en su maleta cuando fue detenido hace unos años el doctor Alberto Beltrán Niño, médico español de origen colombiano, presunto cerebro de la red en la que también fue arrestado César Pérez, el exentrenador de Marta Domínguez.

El Aicar se hallaba restringido entonces a un uso hospitalario y el TB-500 solo se había experimentado en el plano veterinario, con caballos y otros animales, pero no con humanos. Sin embargo, esos productos viajaban en el equipaje de un médico que había trabajado en el ciclismo y en el campeonato de traineras. Las autoridades antidopaje de España temen que la sangre artificial que presentaron en la universidad norteamericana siga el mismo curso fraudulento que el Aicar o el TB-500.

No está lejos en el tiempo la imagen de las bolsas de sangre preparadas para las autotransfusiones del doctor Eufemiano Fuentes. Sacas que soportaban 45 días en congelación y que tenían que ser reinyectadas a las cuatro horas después de abandonar la refrigeración. Las bolsas también necesitaban una mano amiga que les diese la vuelta cada cierto tiempo para evitar la coagulación. Y era imprescindible que no se desconectase la luz por el evidente riesgo de que, sin frescura en la nevera, se echasen a perder.

La sangre artificial no requiere cadena de frío ni tratamientos químicos para su conservación, ni que le den la vuelta a una bolsa como los asadores de pollos. Se puede transportar en condiciones de calor, en una mochila o una maleta, y ni siquiera son necesarios recipientes especiales de conservación –a través de cuyos restos ya se había articulado un protocolo de detección en los controles antidopaje en un estudio que realizó el doctor Jordi Segura, del laboratorio de Barcelona–.

70% de la sangre

El ErytrhoMer todavía se encuentra en pañales, pero los experimentos de los científicos ya han mostrado resultados esperanzadores con los ratones. Las células artificiales han suministrado oxígeno a los tejidos de la misma manera que lo harían los glóbulos rojos normales. Los investigadores sustituyeron el 70 por ciento de la sangre de los ratones por el producto artificial.

Un mayor aporte de glóbulos rojos en la sangre favorece el transporte de oxígeno a los músculos y, por tanto, una mejor y más rápida recuperación de los esfuerzos físicos.

Según explicó Allan Doctor, el autor que dirigió la investigación, el ErythroMer sería un sustituto de la sangre que «un médico puede llevar en un paquete y, literalmente, sacarlo, añadir agua e inyectarlo a un paciente». Y según apuntó en su comparecencia, actualmente no hay medios para hacer una transfusión con sangre artificial fuera de los hospitales.

Las fuentes consultadas por ABC establecen un paralelismo entre el ErythroMer y los antiguos episodios con el Aicar y el TB-500. Hasta hace no mucho tiempo ni siquiera había una agencia de dopaje en España, una ley contra el tráfico de sustancias dopantes o divisiones especializadas en la Policía o la Guardia Civil. Los investigadores están ahora al tanto de este nuevo descubrimiento que concentra todas las trazas para convertirse en un método de dopaje entre la élite del deporte. «Tiene bastante sentido que se pueda terminar usando como un sustitutivo de las autotransfusiones –comentan a ABC fuentes conocedoras de la materia–. No serviría el método homologado por el profesor Jordi Segura sobre la detección de restos de bolsas de sangre, no alteraría los parámetros del pasaporte biológico, no necesita anticoagulantes y de momento no lo buscan los laboratorios».