Bryson DeChambeau
Bryson DeChambeau - AFP
Golf

Los jugadores se conjuran para frenar el juego lento

Alentados por Brooks Koepka, número uno mundial, las estrellas evitarán las demoras

MadridActualizado:

Está más que demostrado que el principal enemigo para el golf del siglo XXI es el tiempo. O su escasez. Vivimos en una sociedad que cada vez se mueve más rápido, sin lugar para la reflexión y donde todo pide inmediatez. Traducido a la vida diaria de un golfista aficionado, significa que no puede pasar seis horas fuera de casa porque tiene que atender también al trabajo, a la familia o a tantas ofertas de ocio que hoy existen.

Para conseguir que el golf termine cada vez antes se están buscando soluciones desde los organismos internacionales, nacionales y por los propios organizadores de torneos. Se establecen normas de juego rápido, de moverse por el campo con eficiencia e, incluso, con penalizaciones por tardar más minutos de los necesarios en completar los hoyos. También se promueven competiciones de 9 hoyos con las que poder compaginar mejor la vida deportiva y la familiar.

Sin embargo, todos estos esfuerzos se tornan baldíos cuando quienes deben dar ejemplo, los profesionales del máximo nivel, hacen todo lo contrario de lo que deberían. En el Circuito Americano se han visto partidos de seis horas, jugadores que tardan diez minutos en efecturar un golpe o, ya el colmo, dos minutos para estudiar un putt. «Mientras los jugadores del PGA Tour no se tomen en serio el problema, todo lo que hagamos los demás no servirá para nada», declaraba con resignación un dirigente del Circuito Europeo durante el pasado Open Británico. Mientras que a este lado del Atlántico hay fuertes sanciones para los jugadores que no cumplen con los horarios de paso, allí esto no sucede, «ya que los profesionales son los dueños del circo y los árbitros no se atreven a castigar a quienes son sus jefes; es así de crudo», concluye la fuente, que prefiere mantener el anonimato para no crear más conflictos.

Koepka, el adalid

Afortunadamente, lo que hace apenas un mes parecía una quimera ahora va tornándose como una esperanza. Ha bastado que el número uno mundial, Brooks Koepka, haya tomado el liderazgo contra el problema para que sus compañeros se pusieran las pilas. El de Florida ya tuvo que sufrir en Royal Portrush la compañía de J. B. Holmes, que le desesperó por su lentitud, y la semana pasada saltó ante la actitud de Bryson DeChambeau, que tardó tres minutos en preparar un aproach y dos en pensarse un putt de tres metros. «Esto se nos ha ido de las manos. Con tantos psicólogos que hablan de completar las rutinas y los libros de medidas la gente se obceca -señala-. Si yo llego, planteo el golpe y pego la bola en 15 segundos no entiendo que la mayoría tarden un minuto y medio».

DeChambeau se enfadó porque se consideró en el ojo del huracán, pero ahora ya nadie se calla. «Me gusta el juego de Bryson, pero debe reconocer que es un jugador lento y que eso no es bueno para el golf -explicó Justin Thomas-. No es nada personal, pero debemos hacer algo contra esta lacra». El de Kentucky sugirió poner una lista con los diez peores tiempos de cada semana en el vestuario, para afear a los culpables, pero Rory McIlroy tiró más por la vía rápida. «Primero un aviso y, al segundo mal tiempo, un golpe de penalidad. Así reaccionarán».

Sea cual sea la solución, hay que buscarla. Esta semana el Comité de Jugadores del PGA Tour se ha reunido en Chicago y han decidido ponerse firmes, aunque el propio Thomas reconoce que será una tarea ardua. «No será fácil, pero tenemos que ponernos serios, porque nos jugamos el futuro».