Juegos de la Juventud

El autogol que nadie se explica

Danil Karpiuk, de la selección rusa de fútbol sala, silenció las gradas con una acción que nadie esperaba

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Brasil se proclamó campeón del torneo de fútbol sala de los Juegos Olímpicos de la Juventud disputados en Buenos Aires, en cuya categoría femenina España ha logrado el bronce. La selección carioca se impuso a Rusia, otra de las favoritas, por cuatro goles a uno. En una final que comenzó con un golazo que está dando la vuelta al mundo.

Se adelantó el combinado brasileño pero fue el ruso Danil Karpiuk el que inauguró el marcador. La jugada comenzó con los europeos atacando, pero un fallo en una entrega cambió la dirección del juego. En un momento dado el balón quedó sin dueño en los alrrededores de la portería rusa y Karpiuk, convencido, se apresuró a evitar cualquier peligro.

Pero lo que se le pasó por la cabeza al joven jugador ruso nadie lo sabe. Quizás su intención fue la de enviar la pelota a la grada sin contemplaciones, o tratar de que impactase contra el rival que le presionaba para ganar un saque de banda o de puerta... pero el caso es que lo que consiguió fue un golazo.

De sus pies salió un misil teledirigido contra su propia portería, ante el que nada pudo hacer su compañero bajo los palos. Únicamente llevarse las manos a la cabeza, como la práctica totalidad de los jugadores y técnicos rusos. El autogol más extraño que se ha visto en mucho tiempo.