Daniel Crespo abre la Puerta Grande en la tarde de su alternativa

José María Manzanares y Morante de La Puebla, que fue abroncado, se fueron de vacío ante una floja corrida de Núñez del Cuvillo

EL PUERTOActualizado:

Con un ejemplar colorado, de nombre Utrito, herrado con el número 160, nacido en enero de 2014 y de 510 kilos de peso, el portuense daniel crespo cruzaba el umbral de los elegidos y se convertía, a los veintitrés años de edad, en matador de toros. Vestido a la usanza tradicional de toricantano, con terno blanco y oro, que los clásicos llamaban «de durse», Crespo lanceó con elegancia y compás abierto a un enemigo que tomó con boyantía el engaño. Tras tomar éste una vara escueta, el diestro local bordó en los medios un garboso quite por chicuelinas, rematado con bella media verónica. Una extraordinaria lidia de Sergio Aguilar durante el tercio de banderillas, constituyó preámbulo al solemne rito de la cesión de trastos, en la que Morante apadrinaba al neófito en ell escalafón. Entendió Daniel Crespo la suave, larga y nada poderosa embestida de la res, con la que plasmó estéticas tandas de derechazos y naturales, abrochados con inspirados pases por bajo u hondos pases de pecho. Más acoplado en el toreo en redondo, en faena cuya intensidad emotiva se advirtió transcurrir de más a menos y que fue cerrada con manoletinas y deplantes postreros. Una estocada caída puso fin a su primer capítulo como torero.

Con dos largas cambiadas de rodillas saludó al descastado ejemplar que cerraba plaza, cuya renuente actitud le imposibiltó un posterior lucimiento en el toreo de capa. Le encontró el sitio al manso durante el ´tercio muleteril, con el que escribió lucidos pasajes. Hasta que el descastamiento de su enemigo pusiera prematura clausura a los intentos. Una estocada en los bajos valió de salvoconducto a la Puerta grande.

Con una demostración portentosa del más excelso toreo de capa, Morante se presentaba en el ruedo de la Plaza Real mediante un ramillete de verónicas mecidas y con un sinuoso, plástico, quite por chicuelinas. Toro de noble, dulce y pronta acometida, su mermada fortaleza y menguada casta impedirían que el de La Puebla fructificara en grandeza su esforzada labor en el último tercio. Tras intentarlo sin éxito por ambos pitones, despachó a su oponente de cuatro pinchazos, estocada y dos descabellos. Hizo frente en cuarto lugar a la áspera embestida de un berrendo en negro aparejado, y muy cuajado y ofensivo, sobrero de Fernando Sampedro, que fue duramente castigado en varas. y, como ya era de preveer, el artista de la Puebla tomó con descaro la calle de enmedio. No dio ni un pase ni lo intentó. Armó raudo la espada y, entre la bronca del respetable, ensayó con precaución extrema la suerte de matar, hasta atinar a la enésima.

Le cupo en suerte a Manzanares, en primer lugar, un animal que tendía a la huida y que no le permitió estirarse con el capote. Empujó el de Núñez del Cuvilo con cierto énfasis en la única vara que tomó y arribaría al tercio definitivo con embestida larga, franca y repetitiva, que fue aprovechada por el alicantino para desarrollar una faena pródiga en tandas de derechazos y con algún esbozo aislado al natural. pero pronto el toro marcaría su pertinaz querencia a tablas, poniendo así fin a una labor del diestro, que se reveló más superficial que profunda y más cuantitativa que cualitativa. Con media estocada en todo lo alto finiquitaba manzanares su primera actuación.

Deslucido y con escasa raza resultaría el quinto de la suelta, que no se entregó en la capa de Manzanares y fue picado de manera débil y testimonial. Su acometer noblón pero siempre con la intención de la salida mansa y distraida de las suertes, obligó al de Alcante a verificar una faena con claro carácter persecutorio. Aún así, logró momentos brillantes y pases aislados de enjundia, extraidos tras enconada porfía con la extrema mansedumbre. Erró al matar y fue ovacionado.

Ficha:

Toros. Se lidiaron cinco ejemplares de Núñez del Cuvillo, correctos de presencia, desrazados y nobles. Y un cuarto bis de Fernando Sampedro, cuajado, manso y con poder.

Morante de la Puebla. De nazareno y oro. Palmas tras aviso y bronca.

José María Manzanares. De corinto y azabache. Ovación tras petición y ovación tras aviso.

Daniel Crespo. De blanco y oro. Oreja y oreja

Plaza. Coso de El Puerto de Santa María. Más de medio aforo en una tarde calurosa.