Andrés Roca Rey, en Pamplona
Andrés Roca Rey, en Pamplona - Efe

Lo mejor de la Feria de San Fermín 2016

Roca Rey es el triunfador indiscutible con cinco orejas y dos puertas grandes

ANDRÉS AMORÓS
Actualizado:

Un San Fermín marcado, este año, por una tragedia que afectó a los toreros y al público: respeto y dolor; brindis al cielo, paseíllos desmonterados y la indignación general ante la miseria de algunos mensajes. Espero que sirva para fomentar esa unión de los taurinos, para defender sus derechos, que siempre hemos considerado necesaria pero, hasta ahora, nunca se ha logrado.

Además de eso, ha sido una feria de gran interés, donde han sucedido muchas cosas dignas de recuerdo. Éstas son algunas.

1. EL PÚBLICO. Los llenos, todas las tardes, con carteles mejores o peores, demuestran que esta Feria está bien gestionada por la Casa de Misericordia (desde hace años, los precios están congelados) y goza de una magnífica salud: las corridas –no sólo los encierros– atraen todos los años a miles de pamploneses y de turistas, españoles y extranjeros: en la Plaza se ven pancartas de clubs taurinos ingleses, alemanes, norteamericanos y hasta suecos. Y, por supuesto, la cultura del toro está absolutamente viva en Navarra.

Con sus dos caras –el sol y la sombra– el público ha reaccionado apasionadamente ante los alardes de valor y de arte.

2. LOS MATADORES. El triunfador indiscutible ha sido Andrés Roca Rey: cinco orejas en dos tardes y dos salidas en hombros. Ya no es una promesa juvenil sino una primera figura, con un gran gancho popular. Salvo por los percances, su arriesgada apuesta de esta temporada se está cumpliendo perfectamente. Tiene por delante la exigencia de Bilbao.

La mejor faena –aunque perdiera trofeos por la espada– fue, sin duda, la de Alejandro Talavante: un prodigio de estética. Ha encontrado del todo su camino.

El Juli ha mostrado su técnica y, sobre todo, su responsabilidad de primera figura.

Impresionó el valor y la capacidad del joven Javier Jiménez, que sufrió un fuerte percance y no se arrugó; se le deben abrir más puertas.

También han cortado trofeos López Simón (uno y uno, en dos tardes), Padilla y Juan Bautista.

Con los miuras, reaparece por una tarde y corta una oreja Eduardo Dávila. También la merecían los valientes Rafaelillo y Javier Castaño pero el presidente, injustamente, se la niega.

No olvidemos el gesto de Curro Díaz, al torear al día siguiente de la tragedia de Teruel.

3. LOS NOVILLEROS. Triunfo rotundo del mexicano Luis David Adame, que cortó tres orejas: confirmó el éxito de Madrid y le abre las puertas para su alternativa, en Nimes.

Navarra tiene la ilusión de un nuevo novillero, Javier Marín.

4. LOS REJONEADORES. El ídolo de la tierra, Pablo Hermoso de Mendoza, tuvo una de sus tardes más rotundas, al mostrar su clasicismo y matar con acierto: cuatro orejas. Le acompañó en el éxito Leonardo Hernández: con su habitual garra, cortó dos trofeos.

5. LOS TOROS. Todas las corridas han estado bien presentadas: toros serios, bien armados, con muchos (quizás demasiados) kilos. El juego no ha sido tan brillante. Decepcionaron Pedraza de Yeltes, en su presentación, y Cebada Gago, en su vuelta. La corrida más completa ha sido la de Victoriano del Río –a la que se le ha concedido el trofeo Feria del Toro–, con un ejemplar al que dieron la vuelta al ruedo. También lograron ese premio Jandilla –que ha ganado el trofeo Carriquiri al mejor toro–, Fuente Ymbro y Capea, en rejones. Salieron encastados los de Escolar; con movilidad pero sin clase, Núñez del Cuvillo; serios y complicados, los miuras.

En general, el resultado ganadero no ha sido para tirar cohetes (ni siquiera en esta tierra, tan aficionada a ellos). Se impone, me temo, que los toros pesen algo menos y se muevan más.

En definitiva, buena Feria, unida, para siempre, al recuerdo a Víctor Barrio. Y al respeto y la admiración por los diestros que, a pesar de tener esto tan presente, se jugaron la vida creando arte.