José María Manzanares, al natural
José María Manzanares, al natural - Afp

Las cuatro faenas de Puerta Grande en San Isidro

Manzanares, Mora, López Simón y Roca Rey componen el cuarteto de matadores que han salido a hombros

MADRIDActualizado:1234
  1. La apuesta de Roca Rey

    Andrés Roca Rey, en un pase por la espalda
    Andrés Roca Rey, en un pase por la espalda - Paloma Aguilar

    El 13 de mayo, en la confirmación de su alternativa, el peruano Andrés Roca Rey cortó dos orejas a un complicado sobrero del Conde de Mayalde. Con sólo 19 años, demostró que tiene cualidades claras de figura: cabeza fría, valor natural, variedad. Apostó fuerte y ganó. El público madrileño se entregó a un nuevo fenómeno. Si le respetan los toros, va a arrasar, en muchos ruedos.

  2. David Mora: la vuelta soñada

    David Mora, en un encajado derechazo a Malagueño
    David Mora, en un encajado derechazo a Malagueño - Paloma Aguilar

    Después de la gravísima cornada que sufrió en Las Ventas, hace dos años, volvió David Mora el 24 de mayo. Tuvo la gran fortuna de que le tocara el mejor toro de la Feria, “Malagueño”, de Alcurrucén, premiado con la vuelta al ruedo; lo brindó al cirujano que le atendió y logró una faena muy estética, rematada con una gran estocada: dos orejas. No cabía soñar una vuelta mejor.

  3. La entrega de López Simón

    López Simón tras rematar faena
    López Simón tras rematar faena - Paloma Aguilar

    En la Corrida de Beneficencia, el 1 de junio, Alberto López Simón revalidó sus éxitos, con un buen toro de Victoriano del Río: con entrega absoluta y valor impávido, aguantó las encastadas embestidas, se quedó muy quieto y mató bien, a cambio de una voltereta. La emoción del momento provocó que se le concedieran las dos orejas. Por méritos propios, ya está en todas las Ferias.

  4. La faena cumbre de Manzanares

    José María Manzanares, en el inicio de un pase de pecho
    José María Manzanares, en el inicio de un pase de pecho - Paloma Aguilar

    Esa misma tarde, José María Manzanares logró, quizá, la mejor faena de su vida. Desde las verónicas de recibo y las chicuelinas de manos bajas, pasando por los extraordinarios naturales, hasta la espectacular estocada, todo formó una obra de arte cumbre, por su empaque, sencillez y elegancia. Por eso, todos se rindieron, se pidió el rabo y muchos recordaron al padre del diestro.