Cayetano Rivera Ordóñez, en el Recreo de San Cayetano, apoyado en el pozo del jardín de los tilos donde se encuentran las cenizas de su abuelo Antonio Ordóñez y de Orson Welles
Cayetano Rivera Ordóñez, en el Recreo de San Cayetano, apoyado en el pozo del jardín de los tilos donde se encuentran las cenizas de su abuelo Antonio Ordóñez y de Orson Welles - Francis Silva

Cayetano: «Me siento orgulloso de España, un país con raza, coraje y valor»

El torero recibe a ABC en el Recreo de San Cayetano en Ronda, santuario de los Ordóñez

RondaActualizado:

Camina en torero por el jardín de los tilos, santuario de las cenizas del genio que atemorizó las ondas con «La guerra de los mundos». Orson Welles quiso hacerse inmortal en Ronda, y hasta esta sierra de bandoleros, de Tempranillos y Pasos Largos, llevó sus restos su hija, porque «uno no pertenece al lugar donde nace, sino donde escoge morir». En el pozo del Recreo de San Cayetano descansa el universo del cineasta íntimo de Ordóñez que definió la corrida como «una tragedia en tres actos». En ese edén rondeño, su biznieto del mismo nombre entrena en su temporada de más sonadas glorias. Cayetano Rivera Ordóñez vuelve siempre al sitio de su Recreo donde más amó la vida, a ese lugar de la Vargas donde comprende cómo de ausentes están las cosas queridas.

—Si estas paredes hablaran, ¿qué nos dirían?

—Contarían muchas anécdotas. Todos los días de Goyesca mi abuelo hacía un almuerzo con sus amigos y en este jardín brindaba por Orson Welles y echaba un poquito de vino al suelo.

—¿Qué tiene Ronda que hasta a un poeta como Rilke le hacía olvidarse de todo lo demás?

—Es la ciudad soñada, con mucho encanto, misterio y romanticismo. He crecido aquí. Pasaba las navidades y parte del verano. Es mi refugio, mi lugar de entrenamiento e inspiración.

En este rincón de la torería Ordóñez, donde de niño jugaba a los Sanfermines subido en una bicicleta, Cayetano se prepara junto a su cuadrilla y un fisioterapeuta que cataloga al matador como «un deportista de élite». Agosto le aguarda con una abultada agenda tras su apoteosis pamplonica de cuatro orejas con petición de rabo.

—¿Qué significó ese triunfo en el otrora feudo de Antonio Ordóñez?

—Ha tenido gran repercusión, y a nivel personal ha sido una gran satisfacción. Mi abuelo decía que era la plaza donde más le había gustado torear. Me hubiera encantado que él me viera.

—Depués de Pamplona llegó el éxito de Santander. ¿Se siente más torero del Norte?

—Cada afición es distinta. Yo me siento muy del Sur: si uno pudiese elegir dónde nacer, yo sería de Ronda. Mi hijo es de Sevilla y ha aprendido a andar aquí, en Ronda.

—¿Juega ya con los trastos?

—Tiene un capote que le regalaron. Cuando vaya creciendo, le iré apartando cada vez más de mi mundo, aunque sí le enseñaré en qué consiste para que sepa valorarlo y respetarlo, que conozca sus raíces y su historia.

—El toro le dijo «ven» a los 28 y lo dejó todo. ¿Por qué dejaría hoy los ruedos?

—No creo que haya una sola cosa que te haga dejarlo, sino un cúmulo de situaciones: que no te compense el sacrificio, el pasar tanto tiempo fuera de casa, el riesgo, el saber lo que te dejas...

—¿Es más dura la parte física o la mental?

—Sin duda, la psicológica. El desgaste emocional es mayor. Me gusta enfrentarme a ese reto y salir adelante.

«Sinceramente, no creo que haya nada más dificil en la vida que ser torero»

—Alguien dijo que solo hay algo más complicado que ser torero: ser Papa.

—Sinceramente, no creo que haya nada en la vida más difícil que ser torero. Precisamente por esa dificultad, nunca quieres esta profesión para un ser querido, no quieres que pase por ahí, pese a tantas satisfacciones como nos da.

—¿Se siente más Rivera u Ordoñez?

—Nunca he intentado ser más lo uno o lo otro. Siempre he sido yo mismo. Me he fijado en Rivera, en Ordóñez, en Domínguín, en Vázquez y en muchos toreros más allá de mi familia, pero siempre imprimiendo mi sentimiento, mi personalidad y mi carácter. Las copias no son buenas. El toreo es una expresión artística y no una imitación.

—¿Qué otras artes le acompañan?

—Me gustan el cine, la fotografía, la pintura, la música...

—En el siglo XXI, ¿tolerancia es respeto o imposición?

—Lo que entiendo por tolerancia no es lo que muchos piden pero no practican. Estamos en la época de las prohibiciones, pero yo soy más del lema de «prohibido prohibir» que del «o haces las cosas como a mí me gustan o no están bien hechas». Hay mucha hipocresía en el movimiento antitaurino, pues no lo considero animalista. El verdadero animalista se preocuparía por el toro, y aquí no hay propuestas de alternativa, solo irrresponsabilidad y difamación, como el Pacma con el vídeo del buey «Marius».

«En los pliegos debería figurar que un empresario no sea apoderado. Muchos taurinos son como los políticos: se mueven por intereses»

—Con un padre muerto en las astas de un toro, se le revolverán las tripas.

—Sienta mal porque intentan desprestigiar y quitar valor a lo que hacemos. Hay mucha gente que ha derramado su sangre y que ha perdido su vida por esta profesión. Y eso merece un respeto. Por otro lado, es una irresponsabilidad tremenda hacer pensar que un toro es inofensivo.

—Han nacido ya hasta los «okupas» de explotaciones ganaderas en Cataluña. ¿Se le ha ido ya la cabeza a un sector?

—Se está yendo totalmente. ¿En qué mundo vivimos? ¿Qué podemos y no comer? Vivimos en la era de movimientos que son auténticas dictaduras. Creo que los políticos, que tienen una responsabilidad, deberían sentarse con la Fundación del Toro de Lidia, que está haciendo una gran labor, y ver lo que conlleva la crianza del toro y su impacto económico.

—Usted salió en defensa de un cocinero tras los ataques que sufrió por poner la foto de un cochinillo asado.

—Da igual que sea un chef, un albañil o como si lo hago yo. ¿Tenemos que escondernos de esos «dictadores» para comer? Solo hacen ruido y algunos medios les dan demasiada importancia. Se da la foto de quince antis en una manifestación y no de los ocho mil en una corrida.

—Si Papas y Reyes no pudieron con la Fiesta, ¿corre peligro hoy?

—No podemos hacer oídos sordos al movimiento que existe ni dormirnos en los laureles, pero no es viable una prohibición para supuestamente «proteger» al toro. No sé cómo tienen la poca vergüenza de incluirlo en un programa electoral. Lo que quieren es prohibir las corridas y punto. El toro les da igual.

—¿Se preocupan los políticos por España?

—Se preocupan por ellos. No defienden sus principios, sino sus intereses.

Ya sabe: «Si no le gustan estos principios, tengo otros...»

—Sí, sí, a lo Groucho Marx. Por suerte, estoy seguro de que en todos los partidos hay gente que de verdad cree en lo que hace y que mira más allá.

—Si estuviese en el Congreso, ¿qué le diría a los diputados?

—No sabría por dónde empezar. Hay mucho trabajo, y no creo que sea tan difícil. Lo hacen más difícil ellos. Hay intereses comunes en los que trabajar, pero no hablo de derechas e izquierdas, que ya se me queda muy anticuado. Me importan los problemas que tenemos, que no son pocos, y no tanta cortina de humo, como la exhumación de Franco o las corridas. Oiga usted, ¿no hay problemas más importantes y más urgentes? Mucha hipocresía, mucha tontería, mucha demagogia y poca seriedad.

«No voto a un partido porque defienda los toros, sino porque piense que mejorará la situación de los españoles»

—Con este panorama, ¿se siente orgulloso de ser español?

—Yo me siento muy orgulloso de ser español. Somos un país con raza, con coraje, con valor y muy solidario. Soy monárquico y siempre votaré lo que considere que es mejor para España como nación, y no por mis intereses personales ni por lo taurino. No voto a un partido porque defienda los toros, sino porque piense que va a mejorar la situación de los españoles.

—¿Creyente?

—A mí manera. Pongo mi capilla solo con cosas que la gente me ha regalado. Esos momentos antes de salir del hotel son muy personales. Soy consciente de que puedo no volver a la habitación.

—¿En qué momento pasa más miedo?

—Miedo es una palabra que no me gusta usar, porque te paraliza y te puede hacer tomar la decisión errónea. Me gusta pensar en términos de respeto. Antes de salir el toro, cuando tienes la incertidumbre de cómo va a ser, es un momento serio. También el de la suerte suprema, el único en que el torero carga contra el toro: dar ese paso de lanzarte a los pitones cuesta mucho.

«La exhumación de Franco, las corridas... Oiga usted, ¿no hay problemas más importantes y más urgentes?»

—Es un cañón con la espada. ¿El secreto?

—Es instintivo.

—¿Se va a la plaza de manera diferente con un hijo?

—Cuando supe que iba a ser padre, me prometí a mí mismo no irme más a la puerta de chiqueros. Rompí la promesa en Madrid el año pasado, pero creo que no lo necesito y tiene un precio muy alto. A la plaza no voy distinto, porque si quieres llegar a lo más alto no puedes pensar en riesgos. Sí voy distinto al entrenamiento: me esfuerzo más para estar más preparado.

—¿Se sufre menos con su hermano retirado?

—Te quitas un peso de encima. Cuando toreaba, limitábamos el número de corridas porque yo lo pasaba mal.

«¿En qué mundo vivimos? ¿Qué podemos y no comer? Vivimos en la era de movimientos que son auténticas dictaduras»

—Si Roca Rey no llega a Ronda, ¿le gustaría torear la Goyesca?

—A mí lo que me habría gustado es formar parte del cartel original y que la Goyesca fuera dentro del ciclo de la Feria de Pedro Romero. Ahora, lo que espero y deseo es que Roca se recupere pronto, es muy buen torero que viene bien para la Fiesta.

—Cayetano despierta pasiones y críticas. ¿Le afectan?

—Al principio afecta más todo; con el tiempo, pones barreras. No puedes creerte el mejor cuando las cosas van bien y tampoco el peor cuando las cosas no salen. Uno tiene que ser honesto con uno mismo y saber cuando está bien o mal.

—¿Es justo el mundo del toro?

—En los pliegos debería figurar que un empresario no pueda ser apoderado. Muchos taurinos son como los políticos: se mueven por intereses.