Portada de nuestro Especial San Isidro
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San Isidro: comienza el gran mundial del toreo

Las Ventas acoge durante 31 días seguidos ganaderías para todos los gustos, figuras y modestos. El 7 de junio se sabrá quién superó la prueba

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Una nueva Feria de San Isidro, como un nuevo Campeonato Mundial de Fútbol (decían los Lozano): el gran examen anual para toros y toreros y un índice claro para comprobar cuál es la situación actual de la Tauromaquia.

El primer motivo de elogio es evidente: 31 tardes seguidas de festejos [estos son los carteles], desde el 8 de mayo hasta el 7 de junio (24 corridas de toros, 3 novilladas y 4 de rejones), un mes completo, sin la absurda división anterior en dos ciclos. Es algo –no lo olvidemos– que no lo soportaría el fútbol ni ningún otro espectáculo de masas. No se puede negar que en Madrid sigue existiendo un fondo importante –en cantidad y en calidad– de aficionados. Y, a la vez, las corridas de toros suponen un elemento básico de las fiestas de San Isidro, un notable atractivo para el turismo nacional e internacional.

No se han negado a acudir a Las Ventas los componentes del llamado G-5, aunque sólo lo hagan una tarde José María Manzanares (el día 22) y Morante de la Puebla (el día 27). Están en su derecho los dos pero creo que se equivocan, porque apuestan todo a una sola carta y porque el público madrileño también tiene sensibilidad para el toreo de arte. Manzanares ha demostrado su buen momento en Sevilla; supongo que no le apetece pasar malos ratos en Las Ventas, donde un sector del público le espera con reticencias (algo que ya sufrió durante años su padre, al que ahora todos colocan en los altares). Morante, que no ha ido a Sevilla, sigue su camino, confiado en su singular estética: sabe que unas verónicas le bastan para cambiar el enfado de cualquier público.

El gesto de El Cid

Merece destacarse el gesto de El Cid, que matará 6 victorinos (el día 5). Espera reeditar, así, el mayor éxito de su carrera, que tuvo lugar en Bilbao, con este mismo cartel. Pero ha pasado el tiempo y no se sabe si El Cid, ahora, es capaz de repetir aquella hazaña.

Merece elogio la responsabilidad de Miguel Ángel Perera, triunfador indiscutible del año pasado, al torear tres tardes (el máximo). Una de ellas, el 3 de junio, en la corrida de Beneficencia, mano a mano con El Juli, batirá los récords de expectación.

También torean tres tardes Alejandro Talavante, Sebastián Castella (ahora apoderado por la empresa de Las Ventas) y dos diestros muy del gusto de los aficionados madrileños, Miguel Abellán y Diego Urdiales; curiosamente, este último no fue incluido en la Feria de Abril

Dos corridas

Entre los que torean dos corridas, merecen ser destacados Daniel Luque, que el año pasado abrió la Puerta Grande de esta Plaza, y Antonio Ferrera, revalorizado después de su gran faena a un victorino en Sevilla. Necesita remontar –y San Isidro puede ser la ocasión ideal– Iván Fandiño, después de no haber triunfado la tarde de los seis toros.

Muchos aficionados esperan que confirmen su progresión Juan del Álamo, Manuel Escribano (impresionante de valor en Sevilla, con los Miuras), Pepe Moral y Paco Ureña. Se recupera también a veteranos muy del gusto de esta Plaza, como Eugenio de Mora (que acaba de repetir triunfo en ella), Luis Miguel Encabo, Fernando Robleño, Alberto Aguilar y Uceda Leal. De los mexicanos, sólo Joselito Adame parece poder competir con las figuras españolas; deberán justificar su inclusión El Payo, Arturo Saldívar y Diego Silveti.

Lunares

Algunos lunares están claros: ante todo, la ausencia de Enrique Ponce, máxima figura desde hace 25 años. Las diferencias económicas alegadas han debido resolverse. Con su trayectoria y con su estado de forma actual, tendría que estar en esta Feria.

Todo el mundo lamenta que, en una serie tan larga, no se haya encontrado hueco para ninguna alternativa o confirmación. (En la Feria de Abril, más corta, hubo tres). Estarían, sin duda, más justificadas que la presencia o la repetición de algunos diestros. Y la renovación de los carteles lo necesita.

Lidiarán novillos tres ganaderías con merecido prestigio: El Parralejo, Conde de Mayalde y El Montecillo. Especial interés tiene la vuelta a Madrid del peruano Andrés Roca Rey (día 18), después de abrir la Puerta Grande, un triunfo que pagó con tres cornadas. También, los debuts en Madrid de Fernando Rey, Martín Escudero y Joaquín Galdós. Lamento que no toreen (al parecer, por decisión de sus apoderados, que prefieren esperar) las tres figuras emergentes, que tantas ilusiones han suscitado: el extremeño Ginés Marín, el castellonense Varea y el toledano Álvaro Lorenzo.

Ganaderías

La mayoría de las ganaderías pertenecen al encaste Domecq, predilecto de las primeras figuras. Repite Juan Pedro, con su nombre y con el de Parladé. También repite Alcurrucén. De Salamanca vienen Valdefresno, El Pilar, Pedraza de Yeltes, Puerto de San Lorenzo y Capea (que hace doblete, en rejones).

Se atiende a los aficionados toristas la última semana, del 31 al 7, con corridas de Baltasar Ibán, Partido de Resina, Cuadri, Adolfo Martín, Victorino y Miura: un buen elenco.

Los que eligen los «acontecimientos» han apuntado tres fechas, para las que ya se han agotado las entradas: el 22, Padilla, Manzanares y Perera, con toros de El Pilar; el 27, Morante, El Juli y Castella, con toros de Alcurrucén; el 3 de junio, con reses de Victoriano del Río, el ya citado mano a mano de El Juli y Perera, en la corrida de Beneficencia (con el atractivo añadido de la probable presencia del nuevo Rey de España).

No faltan carteles «modestos», que, sin la obligación del abono, atraerían a poca gente. Pero los aficionados saben que, en Las Ventas, siempre puede saltar la sorpresa. Y todos los años sucede, alguna tarde.

Un consejo obvio: al elegir un cartel, no debemos fijarnos solamente en los diestros; los toros son un elemento esencial para que el festejo sea un éxito o un fracaso. Treinta y una tardes seguidas para ilusionarnos, disfrutar, aburrirnos, indignarnos, emocionarnos... Todo lo que da de sí un mes seguido de corridas, en la Plaza más exigente. El 7 de junio, por la noche, nos preguntaremos, nostálgicos, como Rafael el Gallo: «¿Qué hacen los ingleses, los domingos, si no tienen toros?»

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