Tras la capilla ardiente el dramaturgo fue enterrado en el cementerio de San Fernando

Salvador Távora se despide de Sevilla con ceremonia y rito

Numerosas personalidades del mundo de la Cultura, política y del Flamenco quisieron darle el último adiós

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No podía ser de otra forma. El hombre que incorporó los ritos a su lenguaje teatral, fue despedido de manera ritual y con ceremonia. En la plaza de San Francisco sonó el toque de Oración interpretado por la Banda de las Tres Caídas, y se hizo el nudo en los corazones cuando los sones de «Silencio blanco» anunciaron la aparición del féretro de Salvador Távora que fue depositado delante del arquillo municipal para el último homenaje.

Culminaba así el acto de la capilla ardiente que había dado comienzo a las nueve y cuarto de la mañana de un luminoso sábado, cuando el ataúd, cubierto con las banderas de Andalucía y Sevilla, llegó a la Plaza Nueva escoltado por la policía municipal, en solitario recorrido. El ataúd, situado en la sala Capitular baja, estaba rodeado por numerosas coronas de flores y junto al catafalco, sus hijas Pilar y Concha, sus nietos María y Can, y las autoridades.

Y comenzaron a llegar los deudos, que en Távora son muchos y diversos. Aquellos de sus inicios, representados por antiguos componentes del teatro Lebrijano, Angela Mendaro y Pepe García, junto a dos hermanas de Juan Bernabé, que recordaban cómo Salvador llegó a Lebrija de la mano de Paco Lira y Pepe Monleón (su hija también estuvo en el entierro), y «él quiso desde el primer momento ser actor, no sólo cantar. Si la escena era dura y se sufrían latigazos, él también, eso es lo que quería, integrarse en el teatro, no sólo ser el cantaor».

El alcalde Juan Espadas hacía da afritrión en la casa Consistorial, mientras comentaba que «Távora transmitía bonhomía y bondad. Empezó de la nada y luego paseó su teatro por todo el mundo», y recordó el viaje con el dramaturgo a los Premios Max en 2012 cuando recibió el premio de Honor, «Salvador me decía que tenía la sensación de tener que ser siempre un activista, alguien que tenía que movilizar conciencias».

La consejera de Cultura, Patricia del Pozo destacó del dramaturgo su compromiso, «su universalidad, su genio como creador total y renacentista», y el delegado del Gobierno, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, recordaba su etapa municipal cuando puso Távora en marcha su teatro en el Cerro, «fue un hombre valiente».

Autoridades y artistas

Continuaban las visitas a la capilla ardiente. Allí, como hubiera querido Távora, se encontraban en la fila un ex-alcalde como Alejandro Rojas Marcos, o el ex-vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra junto a los vecinos del Cerro y artistas flamencos y del teatro que dejaban su firma en el libro de condolencias. El dolor por la pérdida no conoce de protocolos.

Por la capilla ardiente pasaron el delegado del Gobierno en Sevilla, Ricardo Sánchez, el diputado Antonio Maíllo, o concejales como Mar Sánchez Estrella, Juan Manuel Flores, Susana Serrano, además de Enriqueta Vila, y antiguos miembros del Partido Andalucista como Pilar González Modino o José Luis Villar.

Numerosas personas del mundo de la Cultura acompañaron a la familia, entre otros Antonio Canales, que actúa la próxima semana en el teatro Távora, «la última vez que hablé con él me dijo que quería que hiciera algo sobre Machado. Ahora todo lo voy a cambiar, voy a tirar de la memoria de Salvador». También compartieron duelo las bailaoras, Cristina Hoyos y Pepa Montes, Ana María Bueno y Lalo Tejada; el vicepresidente de la Fundación Blas Infante, Javier Delmás, el director del Centro Andaluz de las Letras, Juan José Téllez, quien junto a José Chamizo dijo que, «luchó durante el franquismo para decirle al pueblo que la resignación no era el camino para lograr una Andalucía democrática. Y después de llegar la democracia ha seguido espoleando las conciencias, diciendo que Andalucía se había dormido. Ése es su legado, más allá de su estilo, su forma de teatro», algo que fue ratificado por José Chamizo quien destacó la vocación de andaluz permanente e indeleble de Távora.

La nutrida representación teatral estuvo encabezada por José María Roca, presidente de Escenarios de Sevilla y de la sala Imperdible, La Fundición, Pedro Álvarez Ossorio, Ricardo Iniesta de Atalaya TNT, Maite Lozano deViento Sur Teatro, así como el director del Lope de Vega, Juan Víctor Yague. José María Roca de la Imperdible, recordó su figura y su coherencia teatral, «Salvador era la resistencia y el compromiso con el teatro y su entorno, y la mantuvo más allá de los nada favorables vientos que soplan para el arte y la cultura en nuestro país», señaló. Por su parte Ricardo Iniesta recordó cómo en 1986, «Távora, que ya era un director reconocido internacionalmente, fue a vernos y a saludarnos cuando estrenamos "Así que pasen cinco años". Fue increíble verlo allí».

En la larga fila que disciplinadamente jalonaba la entrada municipal, el ex-vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, impulsor en su juventud de numerosos grupos de teatro, hablaba sobre el dramaturgo con contundencia, «Távora concebía su teatro como un comando social, luchaba por sus ideas y lo hacía a través del teatro, y además, lo hacía muy bien. Era un artista con un sentido plástico del teatro extraordinario y convertía lo popular en alta cultura»

Antes de partir hacia el viaje definitivo, Lilyane Drillon, la productora de La Cuadra desde sus inicios y estrecha colaboradora del dramaturgo, confesaba que, «pasar por la Cuadra te cambiaba la vida. Salvador partió de la nada, no hizo una carrera universitaria, su universidad fue la vida, y su teatro le abrió las puertas del mundo».

Pero hubo también momento para las reindicaciones que vinieron de la mano de uno de los amigos más estrechos Salvador Távora, Paco Casero quien reivindicó la Medalla de Andalucía y el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Sevilla, «llevamos desde 2015 pidiéndolo, pero ahora ya no podrá ser.

Y también habló el Cerro, sus amigos, el barrio, a través de Paco López, quien dijo breve y conciso, «Salvador, fuiste una gran persona y por eso y mucho más, te quería la gente».

Culminó el duelo, se despidieron los deudos, la familia, los amigos y la vida volvía a la rutina. La banda de las Tres Caídas desaparecía de esta inevitable escena. En este último mutis, la hija del dramaturgo, la cineasta Pilar Távora, comentaba con emoción, «se nos ha ido uno de los grandes genios de la Cultura que siempre llevó Andalucía por bandera. Pero yo.., yo hoy he perdido a mi padre».