Una imagen del espectáculo «Là»
Una imagen del espectáculo «Là» - Francois Paserini

Temporada Alta se sacude

El festival teatral gerundense se consolida como impulsor de la creación escénica contemporánea

GeronaActualizado:

Dos espectáculos en la pequeña localidad gerundense de Salt (prácticamente prolongación de la capital) en 1992 constituyeron el primer festival Temporada Alta. Un cuarto de siglo después, este certamen, que dirige Salvador Sunyer, se ha convertido en un referente de las artes escénicas, especialmente de la creación contemporánea, no solo en España sino también en Europa.

Y precisamente la creación contemporánea es el corazón de uno de los apartados del festival, titulado «Sacúdete», y que está reuniendo desde el 21 al 25 de este mes de noviembre, a un buen puñado de programadores, críticos e informadores; en concreto, por Gerona han pasado estos días ochenta y siete programadores procedentes de doce países diferentes.

Según Sunyer, Temporada Alta «tiene la voluntad de ser un festival de primer nivel que, por un lado, nos conecte con la escena internacional y, por otro, ayude modestamente a los creadores de nuestro país a seguir creciendo». La presente edición, que se desarrollará hasta el 5 de diciembre, acoge un entenar de espectáculos que buscan la variedad de las artes escénicas.

Temporada Alta no ha podido sustraerse a la politización y polarización de la vida público en Cataluña. Así, mientras Sunyer asegura que quiere que el festival -que incluye el lazo amarillo junto a su logotipo en la página web- «sea un grito a favor de la libertad de expresión», varios de los teatros que albergan los distintos del espectáculo -el teatro Municipal de Gerona y el teatro de Salt- mostraban a su entrada nueve butacas vacías; en cada una de ellas, un lazo amarillo y el nombre de uno de los políticos encarcelados por el «procés».

Matteo Seda
Matteo Seda

Jan Fabre

Tampoco ha permanecido el festival ajeno a polémicas ajenas al escenario, como la generada en torno al espectáculo de Jan Fabre «The Generosity of Dorcas». El coreógrafo belga fue acusado hace dos meses por varios intérpretes y empleados de su compañía de abuso y acoso sexual y de comportamiento inadecuado. Por ello, se convocó a través de las redes sociales una protesta delante del teatro, en el que se pedía a los espectadores que dejaran su butaca vacía. Según la organización del festival, en los días previos a la celebración del espectáculo hubo cuarenta devoluciones.

La protesta, finalmente, fue un globo pinchado y delante del teatro de Salt se manifestaron apenas una decena de personas portando carteles hechos en el mismo momento en el que llamaban abusador a Jan Fabre.

Dentro, el bailarín italiano Matteo Seda, componente de la compañía Troubelyn, que dirige Fabre, había pedido en un comunicado que, por respeto al público, le dejaran actuar con tranquilidad. «The Generosity of Dorcas». Se refiere a la mujer citada en el Nuevo Testamento a la que San Pedro resucitó. La coreografía, un solo de casi una hora de duración, tiene mucho de ritual. Es por momentos extática y frenética, y es formalmente un estriptis en el que el excelente bailarín se mueve a ráfagas sobre una música repetitiva y agotadora.

Àlex Rigola
Àlex Rigola

La bofetada de Rigola

Fabre compartía protagonismo en esta semana con Àlex Rigola, que presentaba en Gerona su nuevo trabajo, «Macho Man». En puridad, y con el dicccionario en la mano, este trabajo es un espectáculo, pero tiene mucho de instalación artística. Pero es, sobre todo, una sonora y necesaria bofetada del director catalán en nuestras conciencias.

«Macho Man» es una inequívoca declaración contra la violencia machista. Inequívoca, inteligente y perturbadora. Rigola plantea un recorrido de un puñado de espectadores (en grupos de seis, durante cincuenta minutos) por distintas salas. En ellas viven un vis a vis con uno de sus compañeros, escuchan testimonios escalofriantes de mujeres maltratadas, releen la sentencia de la Manada... Nada que no se haya leído en los periódicos o se haya visto en la televisión. La diferencia es que el espectador recibe toda esa información de golpe y el efecto es demoledor. «Reconozco que tiene mala leche», decía irónico el director tras uno de los pases.

La inteligencia de Rigola es darle un aire teatral, con una dramaturgia efectiva; y, sobre todo, no haber buscado el gimoteo. Todos y cada uno de los testimonios escuchados (producto de entrevistas del propio Rigola con mujeres maltratadas) está dominado por la entereza. Son palabras reflexivas, exposiciones sin otra emoción, que ya es mucha, que la propia narración. Y un último detalle: el recorrido está guiado por la voz de una actriz víctima de maltrato, y que ha querido permanecer en el anonimato.

«Macho Man» (que estará en los teatros del Canal en febrero de 2019) es un trabajo que debería verse, sobre todo, en los centros educativos. De hecho, el festival ha llevado ya a grupos de alumnos de distintos institutos; tenían previsto, para estas visitas, que dos psicólogas atendieran después a los alumnos. El impacto ha sido tal que tuvieron que añadir a una psicóloga más. Y es que es imposible salir de allí igual que se entró.

«Là»
«Là»

Un cuervo llamado Gus

Tampoco es posible estar indiferente ante «». Sus creadores, Camille Decourtye y Blaï Mateu Trías, lo definen como circo contemporáneo pero, en realidad, es inclasificable. Pero es extraordinariamente hermoso y poético. Lo protagonizan un hombre, una mujer y un cuervo. Sí, un cuervo llamado Gus que se comporta sobre el escenario como el más dócil de las mascotas y el más experimentado de los actores; es más, tiene un sentido del ritmo y de la escena que ya le gustaría tener a más de un intérprete.

La pareja es, sí, una estilización del clown y el augusto clásicos. Música, gesto y palabras -las justas- van trenzando los versos de este poema visual en blanco y negro -no hay otro color- que se presenta ante los ojos de los espectadores como una dulce caricia llena de humor, ternura y arte.

«Uncany Valley»
«Uncany Valley»

Un robot actor

Y si el cuervo Gus era un extravagante protagonista de Temporada Alta, el festival presentaba en «Uncanny Valley», un trabajo protagonizado por un robot. Stefan Kaegi, seguidor de la senda del teatro documento, es el creador de este trabajo, en el que una réplica de Thomas Melle se presenta, sentado, ante los espectadores.

Ciertamente, resulta un ejercicio de hipnosis colectiva tener a un grupo de espectadores pendiente de los movimientos de un robot y de las palabras del hombre al que replica. Pero el discurso termina por hacerse monótono y en algunos aspectos incomprensible, y lo que más interesa es la filmación del proceso de fabricación del robot.

Otras de las propuestas de esta semana de creación contemporánea son «Génesis 6, 6-7», de Angélica Liddell, una pretenciosa y a veces profundamente desagradable propuesta de la creadora gerundense, donde apenas destacan las gemelas Sarah y Paola Cabello Schoenmakers; «Rebota rebota y en tu cara explota», un desigual pero por momentos muy divertido trabajo de Agnés Mateus (con Quim Tarrida) sobre la violencia machista; y «Liov», un interesante y comprometido trabajo de danza de cámara bailado por Diego Sinniger y Kiko López, procedentes de la danza contemporánea y de la danza urbana.