Marta Angelats, Mercè Aranega y Pep Cruz, en una escena de «Ante la jubilación»
Marta Angelats, Mercè Aranega y Pep Cruz, en una escena de «Ante la jubilación» - Felipe mena

Krystian Lupa: «El arte no debe engañar con promesas falsas»

El prestigioso director polaco trae al teatro de La Abadía, dentro del Festival de Otoño, su montaje de «Ante la jubilación»

MadridActualizado:

La presencia en los escenarios españoles del polaco Krystian Lupa (1943) es siempre un acontecimiento. Vuelve ahora con una obra de uno de los autores que mejor conoce, el alemán Thomas Bernhard. Se trata de «Ante la jubilación»; la producción, interpretada por Mercè Aranega, Pep Cruz y Marta Angelats, se estrenó hace dos años en el festival Temporada Alta de Gerona, y llega ahora al teatro de La Abadía de Madrid. El Festival de Otoño acoge las primeras funciones (hasta el domingo 2) y después seguirá en la programación habitual de La Abadía.

«En toda la obra de Bernhard -explica Lupa- está presente una crítica de la hipocresía, tanto la que existe en la sociedad como la individual. Esta actitud se produce porque el ser humano tiene miedo a exteriorizar determinados pensamientos y determinados sentimientos, los oculta y eso le conduce a la falsedad y a la negatividad en lugar de dirigirse al conocimiento de sí mismo y del otro. Se provocan conflictos sin sentido».

Cuenta Lupa que «Ante la jubilación» puede estar situada en Alemania o Austria; «es una familia que podría ser de cualquiera de estos dos países, aunque parece más bien ambientada en Alemania. Bernhard habla de cómo permanece el nazismo en su país, Austria, porque no ha extraído conclusiones de la segunda guerra mundial, no ha sacado ninguna lección ni ha reconocido su culpabilidad. Austria no pidió perdón, se salió de rositas».

El protagonista de la obra, continúa el director polaco, es un comandante nazi, responsable en un campo de concentración, que después de permanecer oculto un tiempo después de la segunda guerra mundial, vuelve a la actividad y se convierte en juez. La situación es una maravillosa imagen sintética de esa hipocresía de la que hablaba. Los mismos problemas existen en otros países; en España, sin ir más lejos, pervive alguna herencia del régimen fascista. Y creo que es un bagaje que impide un renacimiento moral a las sociedades».

Niega Lupa que sea pesimista -«nunca lo he sido, siempre pretendo encontrar motivos para creer en un renacimiento»-, pero cree que el arte tiene que «llevar al ser humano por zonas oscuras, como los sueños, una especie de entrenamiento para enfrentarnos a los peligros. El arte no debe engañar con promesas falsas de una felicidad imaginaria; el arte debe llegar al ser humano a través de la oscuridad y ofrecerles una luz, una orientación».

En «Ante la jubilación», dice Lupa, «hay personajes en el extremo del mal, y lo que hacemos en este montaje es intentar entenderlos -lo que no significa justificarlos-. Y entender el mal no es una actitud precisamente pesimista. Una obra que intentar entender el mal arroja una luz, ofrece una salida. El optimismo no es consolar u ofrecer un remedio fácil al espectador».