Sandra Ferrús y Elías González, en «El silencio de Elvis»
Sandra Ferrús y Elías González, en «El silencio de Elvis» - ABC

La esquizofrenia, a escena

La actriz Sandra Ferrús se estrena como autora y directora con «El silencio de Elvis»

MadridActualizado:

A la actriz Sandra Ferrús siempre le ha gustado escribir. «Tenía un diario -cuenta-; cuando lo he vuelto a leer de mayor hay cosas que me han dado mucha vergüenza, pero otras cosas que no me han parecido tan mal». Pero el vértigo de la hoja en blanco había desaparecido de su vida hasta hace un tiempo, cuando una experiencia personal la empujó a sentarse frente al ordenador. Aunque, confiesa, le costó mucho empezar. «Me censuraba todo, creía además que no le iba a interesar a nadie lo que yo estaba contando. Pero ha resultado muy gratificante».

El resultado fue «El silencio de Elvis», una obra que se presentó el año pasado en el teatro del Barrio y llega ahora al Infanta Isabel. Se trata de la historia de Vicent, un esquizofrénico; «es muy alegre, le encanta cantar y bailar -sigue Sandra-; tiene el alma de Elvis en su interior. Su don es saber lo que la gente va a decir, y su deseo concursar en todos los realities de la tele. Su cruz, y la de su familia, sufrir una enfermedad mental en un país en crisis; un cóctel de emociones ancestrales, donde el estigma y el miedo a lo desconocido, a lo incontrolable, desestabiliza a nuestra sociedad, apresando y presionando a Vicent».

La propia Sandra Ferrús dirige la función en la que ella interpreta también el papel de Sofía, la hermana de Vicent (papel que comparte con Concha Delgado). Pepe Viuela y José Luis Alcobendas se alternan como Vicente, el padre del joven, al que encarna Elías González; Susana Hernández es Vicenta, su madre; y Martxelo Rubio interpreta a Elvis (en la profusión de «vicentes» delata la autora su origen valenciano: nació en Alzira). «Estoy feliz, porque se ha creado una familia; el trabajo con todos los actores está siendo muy emocionante, y es tan hermoso...», añade.

«No he pretendido otra cosa que contar una historia, y hacerlo a través de lo que mejor conozco: el escenario -dice Sandra-; no he tenido ningún ánimo ni de teorizar ni de moralizar. No quiero tampoco generalizar. He escrito con el corazón, quería escribir lo que me hubiera gustado ver sobre el escenario».

Con la función no tiene otra intención que presentar a unos personajes y que el público los comprenda; que entiendan y empaticen con la persona enferma y que entiendan y empaticen también a sus familiares; que conozcan las dificultades que rodean estas situaciones. La obra está llena de preguntas para las que, confieso, no tengo respuestas».

La actriz Susana Hernández es al mismo tiempo productora de la función (a través de El Vodevil). «Le dí el texto para ver qué le parecía, porque somos amigas, coincidimos en una gira y sabía que ella es una lectora voraz -recuerda Sandra-. Mi sorpresa fue cuando me dijo que quería producir el texto. Cuando colgué el teléfono me puse a limpiar los cristales de mi casa», ríe. «Nos metemos en la cabeza de Vicent -dice la productora-. Vivimos con sus padres la incomprensión, el hartazgo, el miedo, la desesperación. Nos chocamos junto con Sofía, su hermana, contra el muro de la administración, del sistema sanitario, del rechazo. Y conocemos a través de un quinto personaje, el mismísimo Elvis Presley, a un psiquiatra, una psicóloga, un forense médico, un compañero de la cárcel... A todos los personajes que entran y salen de la mente y de la vida de Vicente. Y hacemos todo este viaje desde la impotencia y el amor. El amor primitivo, profundo, incondicional, que se dan unos a otros».

Reconoce Sandra Ferrús que cuando escribía se imaginaba ya en el papel de Sofía aunque, matiza, «en todos los personajes hay parte de mí; supongo que nos ocurre a todos los que escribimos.