Manuel M.VVelasco hace una indicación a su madre durante un ensayo de «El funeral»
Manuel M.VVelasco hace una indicación a su madre durante un ensayo de «El funeral»

Concha Velasco se pone a las órdenes de su hijo Manuel en «El funeral»

La obra, escrita por el propio director, se estrena el próximo 16 de marzo en el teatro Calderón de Valladolid

MadridActualizado:

Concha Velasco pide sus guantes. Se va a reanudar el ensayo y los necesita para entrar mejor en situación. «¿Dónde están?», pregunta al aire. Manuel, el director, se los acerca y ella le da las gracias. Le mira, y no se sabe si en ese momento mira al director de la función o a su hijo. Sí, Manuel es Manuel M. Velasco, uno de los dos hijos que Concha Velasco tuvo con su marido, Paco Marsó (fallecido en 2010), y es también el autor y director de «El funeral», la función que, protagonizada por la actriz, se estrena el próximo viernes 16 en el teatro Calderón de Valladolid, su ciudad natal. Junto a ella completan el reparto Antonio Resines -en su tercera incursión en las tablas, que no pisa desde hace seis años-, Clara Alvarado, Cristina Abad y Emmanuel Medina.

En la sala de ensayos que fue en su día de Miguel Narros, se prepara «El funeral», una función escrita y dirigida por Manuel M. Velasco. «Yo tengo una gran confianza en Manuel como director y como escritor -explica Conca Velasco-. Me ha dirigido en varios proyectos -nunca en el teatro-. Llevaba varios años pidiéndole que me escribiera una función, pero se cruzaban otros textos por delante. Cuando me envió este yo se lo pasé a Jesús Cimarro, el productor, pero sin decirle de quién era... Cimarro tenía varios textos para mí, y me dijo que el de Manuel era el que más le gustaba. Después se la ofrecimos a Antonio Resines, que nos dijo que lo dejaba todo para hacerla...» «No tenía nada, en realidad», interrumpe Resines, provocando las carcajadas de sus compañeros de reparto. «No seas tonto», protesta Concha Velasco.

«A mí me sorprendió mucho esta obra -tercia Resines-; me gustó mucho. Había un factor a favor, naturalmente, que era poder trabajar con Concha... La hubiera hecho en cualquier caso si me la hubieran ofrecido, pero además con Concha... La obra es muy divertida; es gamberra, es canalla, tierna, emocionante». Y resume: «el texto está muy bien».

«El funeral» nació como una pieza para microteatro, y fue la propia Concha Velasco quien vio sus posibilidades y animó a su hijo a alargarla. La sombra de Tono, Jardiel o Mihura está detrás de sus diálogos disparatados y sus personajes descabellados -«es imposible no acordarse en esta función de “Eloísa está debajo de un almendro”», apunta Concha Velasco-, pero Manuel M. Velasco pone como referencia principal «el cine estadounidense absurdo de finales de los setenta, especialmente “El jovencito Frankenstein” o “Aterriza como puedas”; son dos comedias muy divertidas en las que pasan cosas muy graciosas precisamente porque los actores se lo toman muy en serio. En “El funeral” ninguno de los personajes hace el bobo, todos se creen lo que está pasando. Pero es todo tan absurdo que hay que contagiar la magia para que el espectador se crea que es muy serio a pesar de lo ridículo que resulte».

Se refiere Manuel M. Velasco a la situación que plantea la obra, en la que el fantasma de Lucrecia Conti (Concha Velasco), la más eximia estrella del cine, el teatro y la televisión en España, aparece en su propio funeral. «Hay en un momento hasta tres Conchas Velasco en escena -dice Manuel- el fantasma, el cadáver y su imagen en la pantalla. Pero para los actores es algo natural y se lo toman como un hecho absolutamente normal. En realidad, “El funeral” es una parodia del género».

«¿Quién es el autor que más te gusta?», le pregunta Concha a su hijo. «Edgar Neville», reconoce él. «Pues esto tiene mucho de Edgar Neville», apunta la actriz. «Creo que Manuel, al que le ha gustado mucho este género desde niño, y que se lo ha leído todo, está muy influido, y no solo por esas películas de las que ha hablado, a las que habría que sumar “Los cazafantasmas”, sino a muchas otras». «Sí -reconoce él-, aquí están todas las parodias de los años cuarenta, con Abbott y Costello».

Cuando tienes en casa al autor y es, además, tu hijo, hay ciertos privilegios. Manuel M. Velasco revela que «la artista -se refiere, claro a su madre- quería cosas de “Sunset Boulevard”, de “Mary Poppins”, de “La bruja novata”, de “El fantasma de la Ópera”... Algunas de ellas funciones que Concha hubiera querido hacer en el teatro. Hay en la obra gags metareferenciales. Lucrecia Conti le dice, por ejemplo, a Luján, su representante: “¿Cuántas veces te he dicho que quiero hacer El fantasma de la Ópera, que quiero hacer Sunset Boulevard?” Concha lo ha dicho en tantas entrevistas, y el espectador es posible que haya escuchado esos deseos».

«Pero no es mi vida -protesta Concha-, ni tampoco la de Lina Morgan. Es una actriz inventada que tiene muchas similitudes, y con un representante que tiene muchas similitudes también con Antonio Durán, mi propio representante. Ese personaje apareció en la segunda escritura. Me decía: “me está saliendo un personaje que es Antonio Resines”. Y es que somos fans de Resines». «No me extraña», replica el actor entre risas. «Si hubieras dicho que no la hacías, Manuel hubiera tenido que volver a escribirla, porque está escrita para ti», responde Concha Velasco. «Por eso acepté -reconoce el actor-, para que no tuviera que volver a escribir».

Es hora de volver al trabajo. Concha confiesa que lo que más le está costando es no reírse. «Lo ha dicho Manuel: los personajes se lo toman todo muy en serio». Como lo hace ella siempre. Y, en este caso, aún más.