Wilko Johnson, una bola extra contra el cáncer

Su nuevo trabajo «Blow your mind» protagoniza las críticas de discos de la semana, junto a «Violética» de Nacho Vegas y «Call the Comet» de Johnny Marr

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  1. Wilko Johnson «Blow your mind»

    Wilko Johnson es plenamente consciente de que, a estas alturas, debería estar criando malvas y de que todo lo que le ha pasado desde que se agotaron aquellos diez meses de vida que le dieron en 2012 tras diagnosticarle un cáncer terminal es tiempo regalado. Una bola extra que el británico, adalid del pub rock desde que empezó a serrar las canciones de Dr. Feelgood con su guitarra dentada, ha querido aprovechar para grabar su primer trabajo con material propio en casi tres décadas y añadir una suerte de epílogo inesperado a ese testamento artístico que fue «Going Back Home», grabado a medias con Roger Daltrey (The Who).

    Sin perder de vista la enfermedad que a punto estuvo de llevárselo a la tumba y abriendo de par en par su diario de convalecencia para dar forma a textos tan explícitos como los de «Marijuana» o «Take It Easy», Johnson tensa aún más las cuerdas para transformar su regreso en una celebración de la vida y en un sabroso aquelarre de rock and roll y rhythm and blues con vistas a los días de gloria de los setenta. Su voz, es cierto, no está para demasiadas alegrías y, en el mano a mano, «Blow Your Mind» queda algo por debajo del arrollador «Going Back Home», pero el británico conserva aún fuelle suficiente como para exhibir swing electrificado en «That’s The Way I Love You» y calzarle una robusta coraza al blues «Blow Your Mind» y «I Love The Way You Do». Es, en efecto, un disco tan apasionado y beligerante como irregular aunque, tratándose del álbum que nunca pensó que llegaría a escribir, la cierto es que no está nada mal.

    7 / 10

    DAVID MORÁN

  2. Nacho Vegas «Violética»

    Puede parecer una boutade, pero a Nacho Vegas le gusta estar con sus amigos y amigas. Por eso repite equipo (Edu Baos, Abraham Boba, Manu Molina, Joseba Irazoki, Luis Rodríguez y César Verdú), estudio (el de Paco Loco en El Puerto de Santa María) y colaboración (el Coru Antifascista Al Altu La Lleva) en un nuevo disco doble al que también se suman Cristina Martínez, Christina Rosenvinge o Maria Rodés. Otras tres colegas (y una ex) que dejan su huella en este «Violética» que, conociendo un poco al artista asturiano, podría venir titulado con segundas (ética de la violencia).

    Pero no. El guiño a Violeta Parra es el germen de un proceso que, como el propio Vegas detalla minuciosamente en la nota de prensa, lo llevó a un lugar inesperado. El planteamiento inicial fue grabar versiones de varios autores enraizados en el folklore, «pero no llegué a grabar la mayoría las planeadas -solo dos de ellas- y en su lugar y tras una criba reuní una veintena de temas propios», relata el gijonés, que firma todos los temas excepto «Maldigo del alto cielo» (letra y música: Violeta Parra), «Aida» (letra y música: tradicionales, adaptadas por N. Vegas) y «El corazón helado» (letra: Manuel y Aurelio Caxigal; música: N. Vegas).

    Esta última pieza, basada en el texto qu escribieron dos maquis acorralados en la sierra, abre el repertorio con una cegadora explosión narrativa que engancha de forma instantánea. Clickar sobre ella en una plataforma de streaming debe ser como encontrarse la escena del alud provocado por las carcajadas de Michael Cane y Sean Connery en «El hombre que pudo reinar» cuando haces zapping.

    El dolor, la infelicidad, entendidos con cierta cercanía al «amor fati» nietzscheano, es pilar fundamental de este trabajo en el que vemos a Vegas investigar como nunca con las opciones expresivas, reduciendo la intervención digital en su voz al mínimo.

    El repertorio, con 18 canciones perfiladas como romances teñidos de actualidad sociopolítica, admite oxigenantes salidas de tono que miran a Tom Waits («Bajo el puente de l'Ara») o The Jesus & Mary Chain («Crímenes cantados») conformando un álbum largo, denso, poco compacto, pero con un trasfondo de emociones tan humano que hace de la heterogeneidad una virtud. Un tranquilizador contrapeso a la epidemia de egolatría de mercado que reina en la música actual.

    8 / 10

    NACHO SERRANO

  3. Johnny Marr «Call the Comet»

    Tras numerosos proyectos post-Smiths (The The, Electronic, Modest Mouse, The Cribs, Johnny Marr and the Healers y 7 Worlds Collide...), Johnny Marr se decidió por fin a utilizar su nombre a secas para presentar sus creaciones en 2013, cuando lanzó el aceptable «The Messenger». La benevolencia de las críticas, sin embargo, jugó en su contra pues le animó a acelerar por un camino a todas luces equivocado, publicando el ya no tan aceptable «Playland» el año siguiente.

    Desde entonces, el de Manchester ha estado lamiéndose las heridas y pergeñando un regreso que ponga su nombre en el lugar que se merece. Y así fue como el año pasado, el viejo socio de Morrisey se inspiró en el Brexit y en la llegada de Donald Trump al poder para romper el hielo creativo, imaginándose una llamada de socorro al espacio para pedir rescate a alguna especie menos obtusa, para ahora entregarnos un álbum político sólo en espíritu y no en cuerpo, ya que se mueve más en la metáfora que en la proclama, en el que sazona las composiciones con claros guiños a los fans de Smiths, como queriendo decir que esta vez sí trae lo que de verdad queremos.

    Para equilibrar este autocomplaciente juego de arreglos, el guitarrista se esfuerza en sonar contemporáneo con diferentes grados de acierto a lo largo del disco, funcionando a la perfección en la tensa apertura de «Rise» y «The Tracers», convenciendo en baladas de corte clásico como «Hi, hello» o en soprendentes puntadas synth-pop («New Dominions», «A different gun») y post-rock («Walk into the sea»), pero flaqueando en un considerable número de temas en los que suena perdido en su proceso de actualización. Con todo, la energía y el calor de escenario que transmite este «Call the Comet» (sin ser ninguna joya, piezas como «Hey Angel», «Day in, day out» o «Bug» suenan a hit de directo) lo convierte en su mejor disco en solitario hasta la fecha.

    6,5 / 10

    NACHO SERRANO