Sid Vicous y Nancy Spungen
Sid Vicous y Nancy Spungen - ABC

El último deseo de Sid Vicious, el punk que hizo un pacto de suicidio por amor

Se cumplen 40 años de la muerte del bajista de los Sex Pistols

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En 1976, Sid Vicious pasaba mucho tiempo con Viv Albertine y Paloma Romero «Palmolive» (una melillense que emigró con sus padres a Londres siendo una una niña), con las que había formado su primera banda, The Flowers of Romance. El grupo ya se había disuelto (ellas siguieron tocando con The Slits), pero aún eran amigos y solían visitar la casa okupa donde vivían los miembros de Motörhead. Mientras «Palmolive» se acostaba con su líder, Lemmy Kilmister, Viv y Sid mataban el tiempo metiéndose drogas en el salón y hablando de su banda favorita, los Sex Pistols.

Vicious formaba parte de la pandilla de colegas de los Pistols y soñaba con entrar en el grupo, pero no sabía tocar ningún instrumento (en The Flowers of Romance era el cantante) así que le pidió a Lemmy que le enseñara a tocar el bajo. Poco después, en febrero de 1977, llegó su oportunidad. El bajista Glen Matlock fue expulsado de los Sex Pistols y le ofrecieron la vacante. Apenas había conseguido aprender un par de acordes, pero su espíritu punk innato y su lealtad al grupo (unos días antes había atacado con una cadena a un periodista musical muy crítico con ellos) le valieron el puesto.

Poco después, ya convertidos en estrellas del rock, Johnny Rotten conoció a Nancy Spungen, una joven estadounidense que se había escapado de casa y había volado a Londres para buscarse la vida como stripper y groupie, y tras pasar la noche con ella (sin sexo, o al menos eso dijo el cantante años más tarde), le dijo que no quería volver a verla. Fue entonces cuando se cruzó con Sid Vicious, y cuando saltó la chispa del amor entre aquellos jóvenes punks desorientados, inadaptados y llenos de odio.

Sid con los Pistols, "atacado" por Johnny Rotten
Sid con los Pistols, "atacado" por Johnny Rotten - ABC

Varios meses más tarde, el grupo se disolvió durante su caótica gira por Estados Unidos. Pero Sid y Nancy, en lugar de volver a Inglaterra, se marcharon a vivir juntos al Hotel Chelsea de Nueva York, famoso por acoger huéspedes ilustres como Bob Dylan, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Patti Smith o Dee Dee Ramone, y en la habitación numero 100 montaron una suerte de base de operaciones narco-musical donde planearían el relanzamiento de la carrera de Vicious en solitario, mientras se ponían hasta las cejas de heroína.

Dos meses después, en la noche del 11 al 12 de octubre de 1978, el festín opiáceo se les fue de las manos. Cuando Sid se despertó por la mañana se encontró a su novia muerta en el suelo del baño con un cuchillo atravesándole el abdomen. Al llegar la policía, aún bajo los efectos de las drogas, confesó haber sido el autor de la puñalada. Pero horas después se retractó y fue puesto en libertad después de que su discográfica Virgin pagase la fianza.

Sólo unas semanas después, Sid volvió a hacer de las suyas. Fue al club Hurrah de Nueva York a ver a la banda Skafish, y a mitad del show agredió al hermano de Patti Smith, sólo porque éste le pidió que dejara de flirtear con una roadie del grupo a la que no parecía estar agradando con sus formas. Fue arrestado y enviado a la cárcel de Rikers hasta el pago de una nueva fianza, pero esta vez, su sello no estuvo por la labor. Fue Mick Jagger quien puso el dinero para liberarlo, y quien pagó a un bufete de abogados para que tuviera una defensa digna. Pero nunca llegó al juicio.

El mismo día que salió de prisión, el 1 de febrero de 1979, se fue a cenar con su colega Jerry Only (de los Misfits) a casa de unos amigos en Manhattan, para celebrar que estaba de nuevo en libertad, y que además se había desenganchado tras siete semanas de rehabilitación forzosa en su celda. Pero cuando volvió a su piso en Greenwich Village, llamó a su madre y le suplicó que le comprara un poco de heroína. Ella cedió y salió a comprar la droga que mató a la leyenda del punk.

Pero lo más terrible de aquella noche se supo años después, en 1996, cuando su madre, ya en su lecho de muerte, confesó que fue consciente de que aquella dosis era letal: «Lloraba y lloraba diciendo que no quería volver a la cárcel, que no confiaba en sus abogados y que si le encerraban se volvería loco. Me suplicó sin parar que se la inyectase, que se la inyectase, que se la inyectase...».

Sid, junto a su madre
Sid, junto a su madre - ABC

La madre de Sid también aseguró que después supo que su hijo deseaba morir para encontrarse con Nancy. «Al día siguiente de su incineración encontré una nota en su cazadora, que decía: “Nancy y yo teníamos un pacto de muerte y tengo que mantener mi parte del acuerdo. Por favor, enterradme junto a mi chica. Enterradme con mi chaqueta de cuero, mis vaqueros y mis botas de motero. Adiós». Al leer aquella nota de suicidio, la madre contactó con los padres de Nancy y les pidió permiso para esparcir sus cenizas sobre la tumba de su novia. Pero se negaron en rotundo.

Sin embargo, su amigo Jerry Only convenció a su madre para cumplir su último deseo. En una suerte de gamberrada punk post-mortem, Only condujo toda una noche para llegar hasta el cementario donde estaba enterrada Nancy, saltó la valla y, tras encontrar su lápida, esparció las cenizas de su amigo. «Tuve que hacerlo, me daban igual las reglas y las leyes», relató años más tarde en su autobiografía. «No tuve opción. Su historia fue como un Romeo y Julieta moderno, un contra todo y contra todos, y así tenía que acabar».

Sid y Nancy
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