Jimi Hendrix
Jimi Hendrix - ABC

El último tesoro de Jimi Hendrix

Su productor Eddie Kramer revela a ABC los detalles del desenterramiento de sus últimas grabaciones de estudio

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«Entonces puedo hablar de los aspectos técnicos en esta entrevista... ¡¡Maravilloso!». Al otro lado del teléfono, Eddie Kramer se muestra muy agradecido por el interés hacia la parte menos glamurosa de su trabajo. Él, ingeniero de sonido de Jimi Hendrix desde 1968 (también de varios discos de Led Zeppelin y un deslumbrante etcétera que lo convierte en uno de los más importantes del rock clásico) ha sido el encargado de desenterrar el último tesoro del legado del genio zurdo que quedaba por descubrir, y su excitación ante el más mínimo detalle sobre su puesta a punto para el gran público es de lo más contagiosa. «Es un momento especial, agridulce, porque ya no queda nada más en los archivos», dice con aire nostálgico. «Hay más cosas grabadas por ahí, pero no reúnen la calidad suficiente como para ser editadas y puestas a la venta. Lo que sí podemos esperar es más lanzamientos de material en directo, en audio y en vídeo. Hay toneladas, y saldrán en los próximos años».

Kramer escuchó las grabaciones de «Both Sides of the Sky» cuando empezó a preparar el material para una última trilogía póstuma cuyo primer volumen fue lanzado en 2010. «Fue estremecedor escuchar música de Jimi por primer vez a través de unos buenos altavoces. Casi daba miedo. Para experimentarlo, recomiendo hacerse con el disco en vinilo», asegura el productor, que señala tres canciones especialmente destacables por su singularidad. «“Cherokee mist” es la única grabación de Jimi tocando el sitar. Y también me parecen fascinantes las aportaciones de Stills en “Woodstock” y “$20 Fine”, que dan un toque muy distinto. Ahí, Jimi tocó el bajo».

Conocer a un «dios»

Pocas personas tuvieron tanta relación con Hendrix como Eddie Kramer. Sólo algunas estrellas del rock pudieron conocerle de cerca, fuera de los focos de la farándula. Uno de ellos fue Lemmy Kilmister (líder de Motörhead, recientemente fallecido), que contó en una entrevista con ABC lo que aprendió de él: «Me enseñó la lección más importante: Que se puede ser una bestia salvaje en el escenario, y un caballero cuando bajas de él». «Dios bendiga a Lemmy», exclama Kramer al conocer la anécdota.

«Ya no quedan muchas fuentes fiables sobre Hendrix como él. Tenía toda la razón obviamente. Te contaré otra pequeña historia que refleja muy bien cómo era Jimi. Era habitual que sus amigotes fuesen a pasar el rato a su estudio, y a veces se traían a alguna hippie que acababan de conocer por la calle. Eran cosas normales en aquella época, ¡jaja! En una ocasión, Jimi estaba a punto de empezar una sesión cuando entraron en tromba con una chica muy tímida. Todos se sentaron en los sofás, dejándola sin asiento. Jimi se quedó viendo la escena y se descolgó la guitarra. Se levantó en silencio, se fue a otra sala del estudio y volvió con una silla para aquella chica. Le invitó a sentarse, volvió a su puesto, se colgó la guitarra y dijo: “Ahora sí podemos empezar”. Era bueno y generoso con todo el mundo sin excepción. ¡Y divertidísimo! Ah, cómo le echo de menos…», relata el productor.

Uno de sus últimos recuerdos tiene que ver con los intereses que se despertaron en la mente del guitarrista poco antes de morir. «Él amaba el jazz, el rock, el blues, robaba lo que mas le ponía cachondo de cada género. Pero en los últimos días que compartí con él solía venir de la tienda con montones de vinilos de música clásica. Le dije: “Hey Jimi, no sabía que te gustaba esto”. “Sí, tío”, contestó con su deje inconfundible. “Estoy pillando mucha inspiración de estos tipos”».

Eddie Kramer sabe que su nombre evoca otro sobre el que no se puede evitar preguntar, Led Zeppelin. «Te diré lo que quieres saber», sentencia con un emocionante tono de sabiduría ancestral. «Qué convierte a un músico en un dios. En Led Zeppelin, esa persona era Jimmy Page. Igual que Hendrix en la Experience o Jim Morrison en The Doors. He conocido a muchos grandes artistas, que componen grandes canciones. Pero sólo a unos pocos que tuvieran una visión, una especie de epifanía, que pudieran abstraerse y visualizar en su mente no sólo las canciones que compondrán en el futuro, sino cómo quieren que sea toda su trayectoria artística. Por eso no hay ni un sólo disco malo de los Doors, o de Hendrix, o de los Zeppelin. Porque fueron capaces de imaginar ese universo musical y crearlo. Quizá no en siete días, pero sí en toda una carrera. Eso es ser un dios del rock’n’roll».