El cantante Raphael, fotografiado en Moscú
El cantante Raphael, fotografiado en Moscú - EFE

Raphael: «Un 60% de estudiantes rusos eligió el español tras mi éxito en Rusia»

El artista ha aplazado hasta el 10 de abril el concierto que debía dar en Moscú debido a un resfriado

Corresponsal en MoscúActualizado:

Raphael debía culminar este sábado en Moscú, en la sala principal de la Casa de la Música, su décima visita a Rusia. Esta vez se trataba de dar dos conciertos, uno en la capital rusa, y otro el jueves en San Petersburgo. Sin embargo, el de Moscú se ha aplazado hasta el 10 de abril debido a un resfriado La primera vez que visitó el país más grande del mundo fue en la época soviética, tras el exitoso estreno en la URSS, en 1969, de la película «Digan lo que digan», con él como principal protagonista.

En el aeropuerto de Púlkovo, en San Petersburgo, le han recibido esta vez cantando «Mi gran noche» y con miles de flores. ¿Es normal que le reciban así, ya en el aeropuerto?

Aquí me cubren todos los días de flores. El escenario cuando salgo es una batalla campal.

En el escenario aquí sí es normal que pase eso, pero hay que ser una gran estrella para que te vayan a recibir a tu llegada con tantas flores.

En el aeropuerto también me reciben así. Siempre lo han hecho.

¿En Rusia solamente o también en otros países?

En Rusia particularmente. Aunque en algunos países de Latinoamérica también y en España antiguamente pasaba lo mismo.

¿Es una costumbre entonces un tanto antigua por así decirlo?

Sí, yo creo que se veía en películas en los viejos tiempos esto de la flores, y los fans rusos debieron decir: pues aquí, también. Yo me acuerdo de las primeras veces que fui a Eurovisión; iban autocares de chicas y chicos al aeropuerto a buscarte. Eso ya no se hace en general, pero hay gente que le gusta demostrar el cariño hacia su ídolo de esa manera.

En el año 1969 se proyecta en los cines soviéticos la película «Digan lo que digan» y después apareció aquí para dar su primer concierto. ¿Fue aquella actuación consecuencia del éxito que tuvo en la URSS aquella película?

Sí, indudablemente, porque yo era entonces un artista muy conocido en las tres cuartas partes del mundo. Yo estaba mucho en Nueva York, mucho en Estados Unidos, mucho en México, mucho en Latinoamérica, mucho en Londres, mucho en Francia, en España, por supuesto, todo el tiempo. Y, de pronto, mi oficina amanece un día con un fax del Goskontsert, que era como el Ministerio de Cultura soviético, llamándome imperiosamente para que actuara en la Unión Soviética.

¿La iniciativa, pues, vino de Moscú?

Claro, nosotros ni pensábamos en venir entonces por aquí, entre otras cosas, por el idioma. Mi representante y mi mánager indagaron y resulta que habían comprado mis películas y las doblaron al ruso para proyectarlas en la URSS, «Digan lo que digan», entre ellas, que fue un éxito tremendo. Se sigue poniendo hoy día después de tantos años. Empezaron a llamarme y llamarme hasta que nos dijimos que había que encontrar un hueco para venir. Y el hueco fue de 40 días, o sea de 40 conciertos. No sólo en teatros, también en el Palacio de los Deportes de Luzhnikí, en donde entonces celebré, un 5 de mayo, mi 26 cumpleaños con la sala abarrotada de gente.

¿Era consciente de que aquella película y su primer concierto en la URSS disparó el estudio de la lengua española y el interés por nuestra cultura entre los rusos hasta extremos inauditos?

Sí, hubo un 60% de estudiantes que eligieron el español. Al cabo de los años, esto se lo comenté a Juan Antonio Samaranch, nuestro primer embajador aquí después del restablecimiento de las relaciones. Porque cuando yo vine las primeras veces no teníamos embajada, no había relaciones diplomáticas. Y, sin embargo, estaba en las portadas de los periódicos en España que Raphael había ido a Rusia. Se preguntaban qué hacía yo aquí. Era algo extraño. Tuve que tramitar los visados y el pasaporte a través de Francia, por lo menos los tres primeros viajes.

¿Hubo también conciertos en el 72, 74 y 78?

En efecto. En el 72, fueron muchísimos conciertos. Es que yo venía recién casado, me había casado en julio con Natalia Figueroa, vine en septiembre y ella conmigo. Estuvimos por aquí 20 días los dos. Luego más tarde, con Samaranch ya aquí como embajador, fue a verme a un concierto y coincidimos con el líder soviético Leonidas Brezhnev, que entró a saludarme al camerino.

¿Cuántos viajes has hecho hasta ahora a Rusia para dar conciertos?

Esta vez es la décima que vengo. Las más recientes han sido 2009, 2011, 2012 y, la anterior, 2014.

Aquí ahora la prensa dice que es una leyenda. Recuerdan sobre todo el disco de uranio que obtuvo, al vender más de 50 millones de discos, algo que solamente lograron Queen y Michael Jackson.

Bueno, esa alta valoración que se hace del disco de uranio es más que nada porque hoy en día eso ya no está al alcance de nadie, es imposible vender esa cantidad de discos. Ahora la música tiene otros derroteros con internet de por medio. Antes solamente era el disco. Ahora hay cincuenta mil caminos, internet, las redes sociales...por eso no se puede contabilizar como antes. Ahora hay que tener en cuenta las ventas digitales... muchas cosas.

¿Qué otros países visitas también con frecuencia?

México, a donde voy todos los años. Llevo yendo allí 57 años. Argentina, Chile, EE.UU., en donde he vivido. Mi primera aparición en América no fue en Latinoamérica, sino en Nueva York. Debuté en el Madison Square Garden ante 47.000 personas. En Europa he cantado prácticamente en todos los países, salvo en Polonia.

¿Qué canciones nuevas se han incorporado en esta gira mundial?

Esa canción, «Loco por cantar», y temas nuevos de jóvenes que hay ahora, varios en España, como Pablo López, Rozalén, Manuel Carrasco, Paty Cantú, Enrique Bunbury, Vanesa Martín, o sea, mucha gente nueva.