Hinds: «Nos molesta bastante que digan que tocamos mal»

Tras abarrotar salas en Tokio, Singapur, Londres, Nueva York, Sidney o Los Ángeles, el cuarteto madrileño cierra su milagrosa gira en La Riviera de Madrid

MADRIDActualizado:

El 6 de abril de 2014, Howe Gelb aparecía sobre el escenario de la sala Moby Dick de Madrid poniendo por las nubes a un par de chicas jóvenes que se encontraban entre el público. Eran Carlotta Cosials y Ana García Perrote. Se hacían llamar Deers, ensayaban en sus cuartos y solo habían dado dos conciertos antes: uno de ellos en el restaurante vegetariano de un familiar, a la una de la madrugada. Todavía no habían publicado ni una maqueta. Únicamente le habían mandado una canción grabada con el móvil al que ahora es su manager, Joan Vich, que algo debió ver en ellas para invitarlas al susodicho concierto, llevarlas de fiesta con el famoso guitarrista de Tucson y su amigo Raimundo Amador y hacerles firmar, entre cerveza y cerveza, una especie de contrato en una servilleta: «Tenemos estas canciones y puedes hacer con ellas lo que quieras». «Le salió el huevo de oro», reconoce con media sonrisa García Perrote.

Esa misma noche subían sus dos primeros temas a Bandcamp, dando el pistoletazo de salida a una de las carreras más sorprendentes y meteóricas de la historia del pop español. Ninguna de ellas se lo explica, pero tras cambiar el nombre por Hinds e incorporar a Ade Martín (bajo) y Amber Grimbergen (batería), todo adquirió una velocidad de vértigo. Su cuarto concierto como banda —ninguna se había subido antes a un escenario— fue en Londres con todas las entradas vendidas. El quinto, lo mismo en Berlín. Y el número 20, teloneando a The Libertines ante miles de personas en un estadio de París. Seguían sin disco en el mercado.

Comenzaron a recibir buenas críticas de publicaciones como «NME» o «The Guardian», que las escogió grupo de la semana en septiembre de 2014. Escucharon elogios de bandas tan importantes como The Black Keys, The Pastels o Primal Scream. Y hasta que sacaron su esperado álbum de debut hace justo un año, « Leave Me Alone» (Lucky Number, 2016), estuvieron girando por todo el planeta, abarrotando salas en Tokio, Singapur, Londres, Nueva York, Sidney o Los Ángeles; pisando las tablas de los míticos festivales de Glastonbury, SXSW, FIB o Reading, y siendo protagonistas de influyentes emisoras como KEXP, en Seattle, o de programas como el de Stephen Colbert. Ahora, el cuarteto madrileño enfila la recta final de su milagroso año con un concierto en La Riviera de Madrid este sábado 7 de enero (entradas en http://oferplan.abc.es/), y cuatro días después, con la entrega del premio EBBA por parte del presentador de la BBC, Jools Holland.

—¿Encuentran alguna causa para explicar ese salto de popularidad sin tener ni un disco publicado?

Carlotta Cosials (CC): Si analizo la historia, solo te puedo decir la música y el hecho de haber estado despiertas.

Ana García Perrote (AGP): Exacto. Haber dicho que sí a ese cuarto concierto en Londres. Cuando nos propusieron telonear a The Libertines, todo el mundo nos decía: «Oye, si no podéis, no pasa nada». Pero nosotras nos repetíamos: «¡Cómo vamos a decir que no! Lo haremos aunque no estemos preparadas». Y sabemos que la hemos cagado muchas veces. Youtube está repleto de vídeos nuestros equivocándonos [risas].

—¿Dirigían todos aquellos primeros pasos de su carrera solas?

AGP: Sí, y de hecho íbamos nosotras solas. Aunque lo de Londres es cierto que fue más cosa de nuestro manager, que nos dijo: «Estáis recibiendo un número de correos electrónicos que no ha tenido nadie en la historia de la música española. Nos vamos a Londres ya». «¡Pero cómo vamos a ir si es nuestro cuarto concierto!», pensábamos. Y resulta que vendimos todas las entradas a gente que no conocíamos, a diferencia de los anteriores conciertos, que eran amigos. Fue literalmente un examen.

—¿No temblaban de miedo?

CC: Sí, claro, a mí me entraron unas ganas enormes de vomitar. Recuerdo que se me rompió una cuerda en la segunda canción y me sentí muy mal, pensando que la había cagado, fíjate que tontería. Ese día habían venido a vernos nada menos que The Vaccines y fue su guitarrista quien me la cambió.

AGP: El día antes de ir a Londres nos había escrito el bajista del grupo, Árni Hjörvar, diciéndonos que le encantaba «Bamboo», que le recordábamos mucho a Thee Headcoatees, y ofreciéndonos su estudio para grabar una nueva versión de la canción gratis. Imagínate... nosotras yendo a la casa del bajista de The Vaccines y durmiendo en su suelo. Eran muchos nervios.

—¿Se preguntan alguna vez si su éxito es consecuencia de algo más que de su música?

AGP: No, porque si no hubiésemos sido cuatro chicas y tan jóvenes, nuestras canciones habrían sido diferentes. ¿Tú te imaginas a cuatro chicos de cuarenta años haciendo la música que hacemos nosotras? No hablo solo de los temas, también el sonido del disco, la interpretación… no es algo que pueda hacer cualquier perfil de persona.

CC: Creo que esta música nos representa perfectamente. Lo único que pienso al mirar atrás es lo locas que estábamos y lo valientes que fuimos. Nos lanzamos a la piscina, cogimos el toro por los cuernos.

—¿Cuál es la crítica que más les ha dolido?

AGP: Es española seguro (risas). Hubo una época en que teníamos tantas malas críticas aquí, desde los periódicos más grandes hasta los blogs más pequeños, que ya ni me acuerdo. Me jode un montón el paternalismo de España. Como somos cuatro chicas jóvenes que aparecemos siempre sonriendo, todo el mundo se cree que puede decirnos lo que tenemos que hacer. Escuchamos cosas como: «Lo están petando en Nueva York, pero yo sé que son una mierda, ya se darán cuenta cuando salga el disco». Y cuando salió el disco, sorpresa. Mucha gente nos ha dicho literalmente: «No he escuchado vuestra música, pero me parecéis un mierda». Escúchalo, independientemente de que seamos jóvenes y chicas. ¡Si no, no te podemos parecer una mierda!

CC: Nos molesta bastante que digan que tocamos mal. Me toca un poco los huevos. Es verdad que al principio, en conciertos como el de Londres, la cagábamos con la guitarra, por supuesto, pero ya no. Y era desesperante que siempre buscaran la razón de nuestro éxito en un hombre detrás. Que si nuestro manager, que si una de nosotras es padre de no sé quién, que si somos novias de los Parrots… el mundo de la música en España sufre de machismo, como si la mujer solo tuviera una imagen.

AGP: Era imposible que se creyesen el éxito que estábamos teniendo únicamente por nuestra música o los conciertos que estábamos haciendo.

AM: Gente diciéndonos esas cosas en España y nosotras yendo a tocar a Londres o Nueva York a que nos digan todo lo contrario. Daba mucha pena.

—¿No es complicado gestionar todo este éxito repentino?

AGP: Ha pasado rapidísimo, pero hay mucho trabajo y tensión detrás de los 30 minutos de actuación con The Libertines. Trabajar todos los días en esto hace que rebajemos esa sensación de que es una locura. De todas formas, no nos vamos a quejar. Esto es mucho más de lo que jamás imaginamos y lo cierto es que cuando te paras a pensar o alguien te pregunta lo que has hecho en los últimos tres meses, alucinas, claro.

CC: Detrás de esos 20 minutos de fama hay mucha mierda detrás. Realmente somos las reinas de la mierda, tanto a nivel artístico como a nivel físico. Es muy cansado. Hemos viajado mucho solas y nos lo hemos comidos todo nosotras. Hemos ido en autobús a tocar en París con The Libertines y hemos llevado a amigos a las giras para que nos ayuden a cobrar.

—¿No han pensado en ningún momento que deberían bajar el ritmo, que todo está ocurriendo demasiado rápido como para disfrutar del camino?

CC: Muchas veces, pero nos resulta muy difícil decir que no.

AGP: Nos cuesta mucho rechazar cosas, somos muy malas en eso, porque estamos muy agradecidas y contentas. En septiembre, sin embargo, dijimos que no a volver a Japón, necesitábamos parar. Habíamos estado ya en abril. Es que llevamos dos años de gira sin parar.

—¿Tienen algún tipo de presión en este sentido?

CC: Sí, porque estamos en una posición en la que nos piden muchas cosas. Normalmente suele ser a la inversa para una banda emergente, pero a nosotras nos dicen: «En Escandinavia se mueren por veros y es un mercado muy importante». Pues vale, tendremos que ir, claro, aunque odiamos el frío a muerte.

AGP: Piensa que no tenemos una multinacional detrás, sino cuatro sellos diferentes, así que imagínate coordinar todo esto. Uno en México, otro Norteamérica, un tercero para Japón y otro para Europa y Australia, que es inglés.

—¿No les han llegado ofertas de España?

AGP: No tantas, porque siempre dijimos que no queríamos multinacionales y en España no hay tantos sellos independientes que funcionen bien.

—¿Nunca han dudado en este sentido?

CC: Nunca, lo tenemos claro. Y hemos tenido ofertas de multinacionales en España, Inglaterra y Estados Unidos, pero no. Tan solo cedimos en Japón, donde estamos con Sony, y porque aceptaron ser territoriales. Normalmente una multinacional solo te quiere si puede llevar tu carrera en todo el mundo, y eso no lo queríamos, seguro. Y también es una decisión artística. Creemos que las multinacionales se meten en muchas decisiones que nosotras consideramos que no deben. Te dicen que una canción no vale para single, que tienes que volver a grabarla más limpia, que tienes que tener un mínimo de 16 temas por si acaso y luego, encima, te vetan algunos de ellos. Además, tienen a tantos grupos que si dejas de gustarles pasas a un segundo plano o te echan fácilmente.

—¿Se les ha pasado por la cabeza mudarse a Estados Unidos o Inglaterra?

Ade Martín (AM): Mantenemos los pies en la tierra en gran parte por vivir en Madrid, donde llevamos prácticamente la misma vida que cuando éramos universitarias.

CC: Sí, porque el mundo de los músicos es de locos. Como si estuvieran en una burbuja, muy absorbente. En Madrid el concepto de molar no es tan importante y eso es la hostia. La vida es mucho más relajada. En Londres o Nueva York el «molómetro» es una misión social.

AM: A nosotras no nos gusta vivir en este mundo solo rodeado de músicos, es un poco irreal. Lo hemos notado en Londres o Nueva York, donde hay tantos músicos que solo se rodean de otros músicos, que viven como en una película de rock and roll.

—¿Y viven de la música ya?

CC: Sí, pero desde hace pocos meses, desde la gira de marzo por Estados Unidos, que fue la primera en la que no perdimos dinero. Glamour en el rock, ninguno… al menos en el nuestro.