La cantante británica, anoche durante su actuación
La cantante británica, anoche durante su actuación - EFE

PJ Harvey se exhibe en su regreso a Barcelona

La cantante británica firma un imponente concierto a cuenta de las turbulencias de «The Hope Six Demolition Project» y «Let England Shake»

DAVID MORÁN
BARCELONAActualizado:

Un año y medio lleva de gira PJ Harvey con «The Hope Six Demolition Project», ese gemelo airado y algo más accesible del desgarrado «Let England Shake» y, lejos de agotarse, las bondades del décimo trabajo de estudio de la británica no hacen más que ganar enteros. Se vio en el Primavera Sound de 2016 y se pudo ver de nuevo anoche en el Poble Espanyol, donde la de Dorset volvió a deslumbrar con otra actuación para enmarcar.

Ni siquiera la lluvia se atrevió a hacerle sombra y las cuatro gotas que cayeron a medio concierto apenas se llevaron unos segundos de protagonismo en una noche que, además, tenía el valor de ser la primera actuación que la británica ofrecía en Barcelona lejos de un festival desde 1998. Al aire libre, sí, pero con el mismo impacto que si se hubiera celebrado en una minúscula sala.

En los accesos, una cola que avanza poco a poco por los controles minuciosos y los cacheos. Son poco más de las ocho y cuesta creer que, a media hora del inicio del concierto, la plaza del Poble Espanyol vaya a llenarse. Puede que el día, un miércoles de mediados de agosto, no acabe de acompañar, pero al final el aspecto de la pista es más que saludable. Unas 3.000 personas, según la organización. Sobre el escenario, negro riguroso, tambores en primer plano y formación marcial para estrenar con «Chains Of Keys» ese viaje a través de las heridas y cicatrices de occidente y sus infinitas ramificaciones. Nueve hombres de luto intercambian instrumentos y alternan cuerdas, vientos, teclados, guitarras y percusión. En el centro, dominando la escena, Polly Jean Harvey. Soplando el saxo con ganas, manejando los agudos como nadie y exprimiendo cada palabra. Palabras de infamia como las de «The Words That Maketh Murder» y también de consuelo como las de «To Bring You Me Love».

Vientos y coros para propulsar «Ministry of Defence», una melodía al borde del pop para acomodar el crujido de «The Community Of Hope» y la británica exhibiendo poderío vocal -nadie canta como ella- mientras juega a ralentizar «Let England Shake» y reinventa baladas funerarias de cuando las guerras aún se libraban en un campo de batalla. De eso y de unas cuantas cosas más hablan «Let England Shake» y «The Hope Six Demolition Project», trabajos en los que recae el peso del concierto y en los que la británica anuda dolor, injusticia, fracturas sociales y lectura políticas desde un prisma poético. Su puesta en escena es impecable. Sobria pero contundente. Oscura y convulsa, sí, pero también llena de vida.

Con el paso de los meses, la cantante ha buscado nuevos afluentes y vías de escape para conectar su presenta con canciones como «Shame» o «White Chalk», pinceladas de rock fogoso y folk esquelético que se suman ahora a un repertorio sin fisuras ni altibajos. Llega «Let England Shake» y la intensidad, sobrecogedora y convulsa, se multiplica. El espectro del folk empieza a calarle los huesos a «In The Dark Places» y, de pronto, la gasolina: el acelerón de «The Wheel», el blues arisco y malcarado de «The Ministry Of Social Affairs», y la fiereza desbocada de «50ft Queenie», souvenir de aquel árido y rocoso «Rid On Me» que la situó en el mapa hace más de dos décadas y empezó a convertirla en una de las personalidades más arrebatadoras del rock británico.

En los noventa, época de escarceos con Nick Cave y disfraces de vampiresa, se queda un poco más para aplicarle un severo correctivo a «Down By The Water», himno trémulo de contornos juguetones, y asomarse a la humareda blues de «To Bring You My Love». Podría dejarlo ahí y la noche ya sería redonda, pero toca volver una vez más al presente para que sea aún mejor. Breve pausa para recuperar el aliento y paseo por la cara más litúrgica y ceremonial de «The Hope Six Demolition Project» con «Near the Memorials to Vietnam and Lincoln» y una estremecedora «River Anacostia», con toda la banda fundiéndose poco a poco en un único coro. Un final que lleva repitiéndose desde hace más de un año pero que sigue turbando como el primer día. Sublime.