PJ Harvey, anoche durante su actuación en el Primavera Sound
PJ Harvey, anoche durante su actuación en el Primavera Sound - EFE

PJ Harvey deslumbra en otro Primavera Sound de récord

La británica despidió con una memorable actuación un festival que cerró anoche su XVI edición con cerca de 200.000 espectadores

BarcelonaActualizado:

Nuevo récord y nueva tanda de cifras de infarto para despedir la XVI edición del Primavera Sound, festival que bajó anoche la persiana con cerca de 186.000 asistentes en el recinto del Forum y un total que bordearía los 200.000 sumando las actividades gratuitas en el centro de la ciudad, según datos de la organización. Un triunfo que estaba cantado desde que se esfumaron los abonos y las entradas de día y que no hace más que subir, cada año un poco más, el listón de un festival que lo que tiene de previsible en su idilio con el éxito lo tiene de sorpresivo y desbordante en lo estrictamente musical.

El sábado, en el recinto del Forum, se hablaba de visitantes llegados de 124 países, de un 52% de público extranjero y de jornadas de día con 55.000 espectadores deambulando por la decena de escenarios ubicados en esos inacabables 187.000 metros cuadrados, pero el eco de las cifras empezó a apagarse y a hacerse cada vez más pequeñito en cuanto PJ Harvey decidió que había llegado el momento de convertirse en la estrella más brillante de la galaxia del festival.

Era noche de estreno y la británica, siempre impecable, se vistió de gala para ahondar en la herida de «The Hope Six Demolition Project» y «Let England Shake» y firmar EL concierto del festival. De riguroso y deslumbrante negro y con un diseño escénico sobrio y elegante, la de Dorset apareció agarrada al saxofón y escoltada por una sección de percusionistas que más que a un escenario parecía que se dirigía al campo de batalla y, ya en la línea del frente, recorrió ese catálogo asperezas, lamentos desolados y cicatrices en forma de blues barroco y rock rugoso que pueblan sus últimos trabajos.

Cantó como nunca, se adueñó del escenario como nadie en todo el festival y, acompañada por nueve músicos de impresión, recorrió todos los matices y claroscuros de piezas como «Chain Of Keys», «A Line In The Sand», «The Community Of Hope», «Let England Shake» o «The Wheel» hasta llegar a esa coda final, turbador salmo funerario, que fue «River Anacostia». También se acordó de viejos éxitos como «Down By The Water», «To Bring You My Love» o una desatada «50 Ft Queenie», pero en ningún momento dio tregua y todo el concierto fue como un gigantesco alambre de espino que atravesó el corazón del Forum y del Primavera Sound. Soberbio y deslumbrante.

La vida de Brian

Antes de eso, Brian Wilson intentó hacer historia recordando esa pieza de orfebrería que es «Pet Sounds», pero ni su voz está para demasiadas alegrías -Matt Jardine se adueñó de los falsetes, pero el registro del fallecido Carl Wilson sigue estando a años luz- ni la explanada del Forum parecía el sitio más indicado para una velada de arte y ensayo. Las canciones, interpretadas en el mismo orden que en el disco, siguen siendo perfectas gemas de pop que aguantan cualquier cosa, pero se echó de menos el empuje que aportaban aquellos Wondermits que, hace más de una década, se encargaron de rejuvenecer al bueno de Brian con toneladas de pasión y energía.

Brian Wilson, durante su concierto en el festival
Brian Wilson, durante su concierto en el festival - EFE

Fue entrañable y emocionante a ratos -«God Only Knows» sigue sonando como la perfecta Catedral del Pop que es, a pesar del festival de gallos y desafines-, pero el resultado quedó lejos de la recuperación del mismo disco que ya hizo en 2002. Eso sí: sólo por poder escuchar otra vez «Wouldn’t It Nice», «Sloop John B», «I Know There’s An Answer» o «I Just Wasn’t Made For These Times» se le perdona lo que sea. Superado el guión original de «Pet Sounds», aún hubo tiempo para la imponente «Good Vibrations» y para una traca final de éxitos algo más acartonados como «California Girls», «I Get Around» o «Help Me Rhonda». Fin de fiesta playero que Wilson, impasible tras el piano, se miraba como si la cosa no fuera con él.

A Los Chichos les pusieron en un escenario que se les acabó quedando pequeño, otra prueba más de que su presencia en el festival no era simplemente una ocurrencia de la organización. Empezó a chispear justo cuando salieron a escena y ellos respondieron con una fiesta de rumba que desbordó el escenario y se hizo carne con himnos canallas como «Son ilusiones», «Ni tu ni yo», «El vaquilla» y, claro, «Ni más ni menos». Eso sí: en un espacio un poco más grande quizá la cosa hubiese lucido un poco más.

Otra de las incógnitas de la jornada del sábado estaba en descubrir cómo se las apañaban los catalanes Manel para llevar al escenario «Jo Competeixo», su último trabajo. Y por más que al principio parecían un tanto desubicados en un escenario tan grande, tardaron poco en tomarle la temperatura a la tarde, dar protagonismo a las guitarras eléctricas y el sintetizador y darle un buen meneo a la explanada del Forum con una exultante «Teresa Rampell», canciones antiguas acondicionadas para la ocasión como «Benvolgut» y estrenos de etiqueta como «La serotonina» y «Sabotatge».