Combo de fotografías de Elvis, al comienzo de su carrera musical en 1956 (i), y durante una actuación en 1973
Combo de fotografías de Elvis, al comienzo de su carrera musical en 1956 (i), y durante una actuación en 1973 - EFE

La gran traición de Elvis Presley al rock and roll

Hace unos días se cumplió el 84 aniversario del nacimiento de «El Rey», uno de los mayores iconos culturales del siglo XX y cuya figura no está exenta de miserias

MadridActualizado:

Hace dos días nació Elvis Presley. El Rey. Como saben, uno de los mayores iconos del siglo XX que llegó al mundo para pegarle un meneo (de cadera) un 8 de enero de 1935 en Tupelo. Su tupé, un emblema. Y tanto por ello como por tantísimas cosas, que canalizaba a través de sus canciones y películas, Elvis marcó la cultura en su conjunto y desató un fenómeno fan sin precendentes. Pero, como vamos a recordar, no era oro todo lo que relucía alrededor de su persona. El Rey... tenía su lado oscuro (como todo hijo de vecino).

No vamos a incurrir, por supuesto, en señalar la provocación que supuso para la sociedad de su tiempo los movimientos de pelvis de Elvis, que eran un escándalo en su momento pero que visto lo que hay actualmente, y aunque sigue manteniendo la sensualidad, la competencia le ha dejado en bragas... En aquella época se le conocía como «El diablo lascivo».

Precisamente, fue un hereje pero de la religión del rock and roll, de la que era El Rey por aguar la revolución a los valores que suponía. En el libro «El club de los execrables», de Malcolm Otero y Santi Giménez, le definen como «un ser inestable, megalómano, un yonki fascista y, por encima de todo, un traidor, y de los peligrosos. Traicionó, nada menos, que al rock and roll».

Y es que como cuentan en este libro, la carrera de Elvis pegó un caderazo cuando apareció en su vida «El Coronel» (que no era coronel, solo era un mote). Este le hizo cortarse el pelo, alistarse en el servicio de militar de voluntario, aparecer en los programas de televisión más conservadores... hasta revertir su imagen de «quinqui rebelde» para ser «el yerno perfecto», lo que le dio enormes réditos económicos. Y es que a Hollywood le faltaba un ídolo de la juventud y él era el hombre adecuado puesto que James Dean o Marlon Brando eran demasiado perniciosos para la moral del pueblo estadounidense.

El Rey rodaba las películas durante los permisos militares, pero llevaba tal ritmazo laboral que debía doparse con anfetaminas y cocaína para cumplir con todos los fregaos en los que se metía. Pero en este divertido libro lo peor que señalan de Elvis, que reconocen igualmente que fue «el más grande», fue la doble moral con la que llevaba todo esto.

Y ahora llegaríamos a la mítica foto de Richard Nixon y Elvis de 1970, que, por cierto, es el artículo más demandado por el público en el Archivo Nacional de los Estados Unidos. Incluso por encima de la llegada del hombre a la luna. Los hechos que rodean esta instantánea no son menos pintorescos que la misma... incluso se hizo una película protagonizada por Kevin Spacey y Michael Shannon llamada «Elvis & Nixon».

Bien, en resumen, lo que en este encuentro sucedió es que El Rey se ofreció para trabajar como agente doble para convertirse en voluntario en la lucha contra las drogas. Elvis quería que Nixon le convirtiera agente federal en la brigada de narcóticos. Y llegó al encuentro con una Colt 45, un revolver que entregó como regalo personal al presidente Nixon. «Se viste usted de forma extraña, ¿no cree?», dijo Nixon. «Usted tiene su show y yo tengo el mío, señor presidente», contestó el Rey. En «El club de los execrables» cuentan más de sus intenciones: «La cultura de la droga, los hippies y los Panteras Negras no me consideran un enemigo... Yo puedo y quiero servir a mi país; podría y desearía actuar como agente federal sin limitaciones». El Colt 45 que le regaló a Nixon era de la guerra de la Secesión y había sido propietario de uno de los fundadores del Ku Klux Klan.

Cambiando de tema, también se mencionan diversos aspectos no menos extravagantes incluso siniestros sobre Presley. Por un lado, sentía que tenía poderes divinos y que su tacto podía curar a los enfermos. Aspecto no menos peliagudo fue su enamoramiento con la que luego sería su esposa, Priscilla, cuando ella contaba con 14 años. La misma Priscilla también relató un episodio inquietante de Elvis cuando este, en una época que no se movía de su mansión Graceland, propuso una maratón de cine de terror en pareja (¡cine y manta!) y tras el mismo realizaron una visita al depósito de cadáveres de Memphis.

Y aún hay más aspectos oscuros, estos de gravedad. Otero y Giménez recuerdan que cuando Priscilla se largó con su profesor de kárate, este contrató un sicario para asesinarle. Lo que pasa es que este cumplió solo una parte del contrato: coger el dinero. Este hecho desencadenó en El Rey un frenesí sexual que derivó en orgías algunas demenciales (152 mujeres por 7 hombres). Y, como último apunte para destacar que aparece en el mencionado libro, Elvis era un gran aficionado a las armas y gustaba de disparar a la televisión si el programa que emitía no era de su agrado.

Elvis murió el 16 de agosto de 1977, a la edad de 42 años. La autopsia reveló que había sufrido un ataque al corazón, probablemente causado por una sobredosis de somníferos. Desde el día de su trágica muerte muchas han sido las teorías que se han planteado sobre el cantante. En todas ellas aseguran que en realidad Elvis fingió su muerte en un intento por recuperar su privacidad.