El escritor Jesús Maeso
El escritor Jesús Maeso - Antonio Vázquez
ENTREVISTA

Jesús Maeso: «Cádiz desaprovecha su inmenso patrimonio histórico»

El escritor, que acaba de ganar el premio a la mejor novela histórica en la 32º Semana Negra de Gijón, ha publicado como Morgan Scott ‘Los hijos del sol’

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Hacer una entrevista a Jesús Maeso es estar sometido, de manera constante, a amables interrupciones. Unas vienen porque la amplitud de conocimientos del escritor nacido en Úbeda en 1949 hace que la conversación se dirija por caminos insospechados. Y las otras llegan por la cantidad de viandantes, amigos y seguidores del escritor que se detienen a saludarlo y, en el curso del último encuentro, a felicitarlo por el premio a la mejor novela histórica ganado recientemente en la XXII Semana Negra de Gijón.

Enhorabuena por el premio, ‘Comanche’ sigue deparándole alegrías.

Gracias. La verdad es que es un premio muy bonito, entre otras cosas, porque se concede en función de la opinión de libreros y lectores que valoran los títulos del último año.

Curioso que le den ese premio cuando usted siempre ha defendido que no hace novela histórica.

Muchos llaman así a mis obras, pero yo sotengo que hago novelas puras, aunque se muevan en un contexto histórico determinado. Gran parte de todo lo que sucede es inventado.

Muchos lectores se sorprenderán de que recientemente haya vuelto a publicar, aunque no como Jesús Maeso.

Así es. ‘Hijos del sol’ se ha publicado recientemente con la firma de Morgan Scott (explica que el seudónimo surge porque, en su infancia, todos los piratas se llamaban Morgan y el ‘Scott’, por su sonoridad), por aquello de que no es bueno publicar dos libros en el mismo año con el mismo nombre.

¿Ha tenido alguna sorpresa por el tema del pseudónimo?

Pues sí. Un librero empezó a leer el libro y al ver el estilo dijo «esto es de Jesús». Me llamó y se lo confirmé.

Sin embargo, el que este año se publique ‘Los hijos del sol’ no es causalidad.

No. Este año se conmemora el Quinto Centenario de la llegada de Hernán Cortés a México, a la tierra de los aztecas-mexicas, y era de justicia reivindicar ese acontecimiento. Mientras que historiadores anglosajones comparan la gesta de Cortés con la de Alejandro Magno o Julio César, en España estamos pasando la efeméride de puntillas, con una incomprensible vergüenza.

¿Por qué sucede esto?

Porque la leyenda negra española, creada por las potencias enemigas de España, no prescribe. A los ingleses se les disculpa la matanza de indios cometida en América o de aborígenes en Australia; a los belgas, la del Congo; a los alemanes las purgas de su inquisición... pero en España seguimos pensando que se masacró Hispanoamérica.

¿Qué se le puede decir a quienes defienden que España cometió un genocidio en América?

(Maeso coge aire). Simplemente que miren qué población aborigen queda en las zonas en las que estuvo presente la Corona Española. ¡Se ha centuplicado la cantidad de indios! La riqueza que se producía en la zona se quedaba en la región en su gran mayoría, a España llegaba el llamado ‘quinto real’. Darwin y Hulboldt, en sus viajes, narraban que las ciudades más prósperas del mundo estaban en Hispanoamérica.

En el caso concreto de México, en el que se ambienta su libro, narra cómo vieron los indios la llegada de los conquistadores.

Si somos rigurosos, a México la conquistan los propios indios, no los 500 soldados que iban con Cortés. Los mexicas que gobernaban sí que podrían considerarse como genocidas: asesinaban a unos 20.000 jóvenes al año de las tribus vecinas para ofrecerles la sangre a los dioses. Cuando esas tribus ven llegar a los españoles, que les hablan de un Dios de misericordia y que ofrecen derechos para todos se les unen en masa. Eso sí, también sería absurdo negar que se cometieron abusos.

El protagonista de su libro, el príncipe mexica Ocelotl, no tiene pudor en afirmar que el objetivo de su pueblo es el de ofrecer sangre a los dioses, ¿ha tenido problemas en América por esto?

Ha sido más bien al revés. Lectores míos de México me agradecen que muestre la historia tal y como es, sin caer en presentismos. La sociedad de esa época era brutal, tanto en América como en Europa. Eso sí, no sólo eran un pueblo sanguinario. Me ha sorprendido encontrarme con que eran extraordinariamente cariñosos con los niños, a los que llamaban con nombres como ‘mi pequeño tigre’ o ‘pajarito’, además de profesar un gran respeto por sus mayores. Además, tenían unos conocimientos muy avanzados en astronomía. Hasta el punto, como se cuenta en la novela, de que uno de sus artilugios de astronomía genera muchos recelos entre los inquisidores españoles, que seguían defendiendo la teoría geocéntrica.

Como miembro de la Real Academia Americana de la Historia y enamorado de Cádiz, ¿cree que la ciudad aprovecha su legado histórico?

En absoluto. Para nada. Y es una pena, a veces da la impresión de que sólo se presta atención al Carnaval. ¿Como es posible que un personaje como Aníbal, que seguramente nació en Cádiz, no tenga un espacio en la ciudad? ¿Por qué ha caído en el olvido Alfonso X, uno de los padres del castellano, que conquistó la ciudad y empezó a impulsarla?

Visto el interés que genera la historia entre los políticos, ¿merece la pena hacer el trabajo de divulgación que realiza con sus libros?

Por supuesto. Por encima de los políticos están los lectores, que te agradecen haber conocido la conquista de América con ‘Comanche’ o ‘Hijos del sol’, o el Cádiz de las Cortes con ‘En una tierra libre’.

¿A qué época nos va a transportar en su próximo libro?

Mi próxima novela se llamará ‘Oleum’ y estará centrada en la riqueza que la Bética romana aportó a Roma, tanto económica como cultural. No hay que olvidar que muchas de las mejores cosas de Roma salieron de esta zona: el garum, el aceite, dos emperadores y, con los gaditanos Balbo, la idea de que Roma sólo podía gobernarse como imperio.