TOROS

Daniel Crespo, profeta en su tierra

El joven diestro portuense vuelve a salir a hombros en la Plaza Real, mientras El Juli y Manzanares se van de vacío tras fallar con los aceros

Pepe Reyes
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Con la verificación de este segundo festejo mayor, quedó ya concluida y periclitada esta escueta temporada portuense. En la que un tercio de los puestos disponibles los ha ocupado José María Manzanares, acreditada figura de la torería, pero cuya contumaz presencia en los carteles ha impedido que la afición local pueda contemplar otros diestros emergentes que tanto han deslumbrado en otras plazas. El más relevante de ellos y auténtica revelación de la temporada, Pablo Aguado, anunciado este viernes, no ha podido comparecer debido a una lesión y su puesto ha sido ocupado por Daniel Crespo, joven torero de El Puerto que tomara la alternativa de manera triunfal en este ruedo el año pasado. Al menos, en este caso, ha sido recompensado su esfuerzo y el éxito conseguido ha obtenido correspondencia.

El Juli, primer espada de la tarde, recibió con templanza a la verónica la dócil embestida del colorado melocotón, chorreado y calcetero que inauguraba el festejo. Tras tomar éste una vara con la cara alta, persiguió con buen son el vuelo de las chicuelinas que el torero madrileño dibujó con su quite. Pero una vuelta de campana al inicio del trasteo de muleta, mermó aún más la escasa fortaleza que poseía el bonito ejemplar de Domingo Hernández. Su recorrido largo y boyante por ambos pitones fue aprovechado por El Juli para ejercitarse en series de redondos y naturales, hasta que el toro, falto de la raza necesaria, empezó a culminar los muletazos con la cabeza a media altura y desengañado en su empeño persecutorio. con un pinchazo y media arriba puso El Juli fin a este primer acto de la corrida.

Vació con gusto la verónica al castaño de templada y larga embestida que hizo cuarto. Animal que empujó en varas y recibió una ortodoxa puya en todo lo alto por parte del varilarguero Barroso. Tras un dominador inicio de faena por bajo, el toro perdió fuelle y sus acometidas carecieron del obligado vigor para que la labor del madrileño cobrase altura. Y aunque éste lo intentara con esmero, su actuación no llegó a los tendidos. Dos pinchazos, media estocada y un descabello pusieron espeso broche a su actuación.

Jugó con pulcritud los brazos a la verónica Manzanares en el recibo capotero a la terciada res que le cupo en suerte en primer lugar. Animal que empujó en varas con la salida tapada y que arribó al último tercio con humillada embestida y renqueante tracción. Lo sometió por bajo el alicantino mediante obligadas tandas de derechazos, ejecutados con sumo gusto y relajo, sólo interrumpidos con una serie al natural de menor expresión y largura. manoletinas finales constituyeron lucido preámbulo a los tres pinchazos y dos descabellos con los que se deshizo de su oponente.

Se lució también de capa ante el quinto de la suelta, que provocó un accidentado tercio de varas y un completo tercio de banderillas, en el que hubieron de desmonterarse los rehileteros Blázquez y Duarte. Pero el toro llegó muy apagado al tercio de muerte, lo que imposibilitó que Manzanares pudiera a cuajar faena. Torero poderoso y toro sin poder, tauromaquia en su antítesis. Lo cual no significaría óbice para que el alicantino, en denodado esfuerzo, plasmara series de cierta enjundia que resultaron muy del agrado de la concurrencia. Una estocada algo desprendida y tres golpes de verduguillo pusieron fin a su dilatada labor.

El brillo de tres lucidas tijerillas y el sabor de una media constituyeron lo más destacado de la actividad capotera de Daniel Crespo al recibir al huidizo astado que hizo tercero. A penas picado, puso el toro en dificultad al peonaje durante un laborioso tercio de banderillas. Manso y sin celo en los engaños, encontró la firmeza del joven diestro portuense quien, firme la planta y recia la disposición, lo muleteó con solvencia y galanura por ambos pitones. Suaves trincherillas y pases de la firma abrocharon de belleza y arrebato su destacad labor ante la noble res. Una perfecta ejecución del volapié le sirvió de salvoconducto para pasear el primer trofeo del festejo. Careció del mínimo de casta y de la exigible transmisión el castaño que cerraba plaza, con el que Daniel Crespo no pudo desplegar a gusto su capote y con el que se llevó un susto al perder pie en la cara de la res al inicio del trasteo. Superado el incidente, lo pasó en redondo y al natural con mucha voluntad, aguantando con gallardía aviesas miradas y parones. Una estocada con algo de tendencia y travesía le abriría la gloria de la puerta grande.