O'Donnell, durante la batalla de Tetuán
O'Donnell, durante la batalla de Tetuán - ABC

De la gloria al infierno en África, la guerra que desangró al ejército español

En poco más de medio siglo, España pasó del patriotismo que se generó con Leopoldo O’Donnell, a la desesperación provocada por Manuel Fernández Silvestre

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Cuando, en 1859, el cronista Pedro Antonio de Alarcón vio como cientos de españoles despedían entre vítores a los soldados que partían hasta Marruecos para combatir a las órdenes de Leopoldo O’Donnell, no podía imaginarse lo que iba suceder pocas décadas después. Y es que, en medio siglo el país pasó del patriotismo generado con la victoria sobre Marruecos a mediados del siglo XIX, al desánimo total después de que los rifeños masacraran en Annual (1921) a las tropas dirigidas por Manuel Fernández Silvestre. Un desastre con un sabor tan amargo que no pudo superarse ni con las posteriores victorias sobre las tribus locales tras el desembarco de Alhucemas.

Inicios dulces

Los primeros pasos de la sociedad española por el siglo XIX fueron abruptos. Así lo atestiguan los enfrentamientos fraternales que se dieron entre patriotas y afrancesados tras la entrada de la «Grande Armée» en la Península o, incluso, las famosas guerras carlistas. Por ello, cuando el general Leopoldo O’Donnell (también Presidente del Consejo de Ministros desde 1856) vio la oportunidad de vertebrar España mediante una contienda exterior, se abrazó a ella.

La lid, más conocida como la guerra de Marruecos, comenzó en 1859 después de que las tribus locales atacaran a varios operarios peninsulares en las cercanías de Ceuta y de que el sultán de Marruecos se negase a castigarlas. La afrenta fue aprovechada por O’Donell para iniciar las hostilidades.

El plan del militar fue más que efectivo y despertó el sentimiento patriótico. «La guerra fue, sin duda, la que gozó de más apoyo popular de todas las que mantuvo España en el siglo XIX. Este respaldo de principio incluyó también a los partidos políticos y a la prensa», explica a ABC Julio Albi de la Cuesta, diplomático, académico de Historia y autor de « ¡Españoles a Marruecos!» ( Desperta Ferro Ediciones, 2018).

La contienda aumentó la popularidad de O’Donnell, un militar versado que supo adaptarse a las circunstancias y conocía los límites de sus soldados. «Condujo la campaña con temple, sin correr riesgos innecesarios ni ceder a las presiones, y supo batir al enemigo en todos los encuentros que se produjeron», afirma el experto.

En palabras de Albi, aunque «la marcha desde Ceuta hasta Tetuán fue extraordinariamente dura», permitió a O’Donnell obtener la gloria. Y es que, el militar logró llevar a sus bisoños soldados a una victoria que generó en el renqueante Imperio español un sentimiento expansionista similar al de otros países europeos. «Los observadores extranjeros, tanto militares como civiles, dejaron constancia de su admiración ante la forma en que ese Ejército, formado al fin y al cabo por quintos, se enfrentó a unas circunstancias tan difíciles», completa.

Amargo final

Pero aquella gloria se esfumó en 1906, cuando España se vio obligada a movilizarse ante los continuos ataques de las tribus rifeñas. En su lugar, arribaron desastres como el del Barranco del Lobo (donde murieron un millar de soldados a manos de los nativos) o la Semana Trágica de Barcelona (en la que la recluta de reservistas para combatir en África provocó el caos).

«La impopularidad de las campañas de Marruecos se debió, en primer lugar, al recuerdo del trágico destino de los soldados en las guerras de Cuba y Filipinas en 1898 y, en segundo, a la persistencia de un clasista e injusto sistema de reclutamiento militar», explica a ABC Manuel Serrano Vélez, autor de « Silvestre o el sueño de un imperio» (Almuzara, 2018).

En 1921 la situación empeoró cuando el general Silvestre (comandante general de Melilla) se propuso expandir sus dominios y pacificar Alhucemas, corazón de la resistencia. «En su deseo de llegar, estiró sus líneas mucho más allá de lo razonable», añade el experto. Al cenit de este despropósito se llegó el 22 de julio, cuando los rifeños destrozaron las defensas del campamento de Annual (el más avanzado) y acabaron con la vida de unos 10.000 españoles.El desastre aumentó, todavía más, la desafección.

Los guardianes de la honra

El Desastre de Annual generó gran abatimiento en la sociedad. Y no era para menos ya que, en las horas posteriores a la tragedia, miles de soldados españoles fueron pasados a gumía por los rifeños mientras se retiraban. Con todo, en aquellas jornadas hubo militares que, sacrificando sus vidas, protegieron la retirada de sus compañeros.

Los más famosos fueron los jinetes del Regimiento Alcántara, casi un millar de valientes que, según afirma a ABC Fernando Martínez Laínez (autor de « Mientras la patria exista», Edaf) «prestaron toda la ayuda posible en acciones de flanqueo, recogida de heridos y protección de algunas posiciones». Su mayor gesta la protagonizaron el 23 de julio, cuando cargaron en repetidas ocasiones contra un contingente rifeño muy superior. «Sin ellos, muchas unidades españolas habrían sido aniquiladas», completa. Aquella heroicidad les valió obtener la Cruz Laureada de San Fernando con carácter colectivo.