Ramón María de Valle-Inclán nunca llevó bien que le diera el Nobel a José Echegaray
Ramón María de Valle-Inclán nunca llevó bien que le diera el Nobel a José Echegaray

Los españoles también dieron la nota por el Nobel

Como buena estrella de la música, Bob Dylan se hace de rogar. En España, los detractores de Echegaray criticaron el galardón y Ortega calificó de «vergüenza» el Nobel de Ramón y Cajal

MadridActualizado:

Quizá porque el Premio Nobel nació como un ataque de mala conciencia, algunos galardones han desatado bajas pasiones y comportamientos excéntricos. La Academia sueca sigue esperando respuesta de Bob Dylan como José Echegaray sigue esperando las disculpas de Ramón María de Valle Inclán, que nunca soportó que «el viejo idiota» recibiera el premio antes que algunos compañeros de generación.

José Echegaray
José Echegaray

José Echegaray es nuestro primer Nobel pero también el más desconocido. Salió premiado en 1904 pero no contaba con el aprecio de sus compañeros. Echegaray era principalmente un ingeniero, y el resto de autores le veían como un advenedizo. Cuando recibió el galardón, los escritores de las vanguardias y el 98 fueron muy duros con él. Autores como Unamuno, Baroja y sobre todo Valle Inclán cargaron las tintas contra Echegaray, que era 30 años más «viejo» que todos ellos. Había una rencilla de estilo, pero también un pique generacional.

Valle Inclán fue quien lideró la cruzada contra el premiado. Es muy conocida la anécdota en la que Valle Inclán estaba ingresado a la espera de una transfusión de sangre. Cuentan que Echegaray acudió al hospital para ofrecer su ayuda, pero que Valle Inclán la rechazó:

—¡De ese no quiero sangre, doctor, la tiene llena de gerundios!

Otra anécdota igualmente desagradable sucedió en un teatro donde estaban estrenando una obra de Echegaray. Valle Inclán, que se refería a él como «el viejo idiota», armó el número:

—¡Ese don José tiene la obsesión de la infidelidad conyugal! ¡Todos sus dramas son autobiografías de maridos burlados! —dijo, dando a entender que Echegaray era un cornudo.

En ese momento, según el recuerdo de Gómez de la Serna, un joven le replicó:

—Opine usted de la obra, pero no de su vida privada.

—¿Y quién es usted para intervenir? —preguntó Valle Inclán.

—El hijo de don José de Echegaray.

—¿Está usted seguro, joven?

Acusaciones de infidelidad a parte, Echegeray quedará como un escritor contundente, de los que se hacía entender: «Yo tengo aprendido que lo que dice la gente, con maldad o sin maldad, según aquel que lo inspira, comienza siendo mentira y acaba siendo verdad».

Premio «cubierto de mierda»

El resto de nuestros Nobel tuvo una recepción más amable. En general, todos contaban como mínimo con el respeto de sus compañeros, y eso ha permitido que su figura no haya quedado tan difuminada como la de Echegaray. El Nobel de Medicina a Santiago Ramón y Cajal, que llegó dos años después, provocó la crítica de Ortega y Gasset. El ensayista dijo que el premio era una «vergüenza» en vez de un «orgullo» pero no por el desempeño del médico navarro, sino por la situación de los investigadores nacionales. Con esa queja, Ortega lamentaba que Ramón y Cajal fuera la excepción dentro de un país con mucho potencial.

Tras decir que el Premio Cervantes era un premio «cubierto de mierda», el escritor cambió de opinión días antes de recibir el galardón
Tras decir que el Premio Cervantes era un premio «cubierto de mierda», el escritor cambió de opinión días antes de recibir el galardón - ABC

Una reacción habitual entre los escritores (sobre todo entre los no premiados) es la de quitar importancia a los galardones. En España, se dio la casualidad de que Camilo José Cela recibió el Nobel antes que el Cervantes. Quizá por esa razón, Cela se cobró su particular revancha y dijo que el Cervantes era un premio «cubierto de mierda», nada menos.

Aquella salida del escritor tuvo que ser corregida solo seis años después, que es lo que tardó Cela en recibir el principal premio de las letras en castellano. En la víspera de su celebración, el autor escribía en ABC: «Mañana voy a entrar en tu circo, Alcalá, con las sandalias en la mano y el mirar clavado en el polvo, para recibir el alto honor que la fortuna ha querido depararme». En los tiempos de Twitter, Cela hubiera tenido más de un problema.

Al final, lo que une a todos estos nombres es una trayectoria exitosa y un premio suculento. Aunque, como dijo Jacinto Benavente, Nobel en 1922, «el dinero no puede hacer que seamos felices; pero es lo único que nos compensa de no serlo».