Fermín Bocos, en un viaje a Petra (Jordania)
Fermín Bocos, en un viaje a Petra (Jordania) - ABC

Fermín Bocos: «Viendo al Estado islámico no se puede dudar de la existencia del Mal»

El último libro del escritor y periodista, «Viaje a las puertas del Infierno», recorre aquellos rincones que la mitología señaló como las puertas del Infierno

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Decía Pablo VI que la mejor victoria del Demonio es hacernos creer que el Infierno no existe. Puede ser. De un tiempo a esta parte la vida nos ha llevado por delante y nadie se pone a pensar si el Mal, con mayúsculas, existe de verdad. Sin embargo, no hace tanto que nuestros semejantes creían tener localizadas las puertas del mismo Infierno. Unos enclaves que el periodista Fermín Bocos (Cantabria, 1949) ha recorrido en su último libro de viajes.

Tres años ha durado esta búsqueda que le ha llevado por Italia, Grecia, China y, por supuesto, España, donde hay al menos dos rincones que la tradición ha señalado como posibles entradas al Más Allá. «Viaje a las puertas del Infierno» (Ariel) no es por ello un libro de esoterismo, sino un recorrido cultural y literario por aquellos lugares que tuvieron, de alguna manera, vinculación con el mundo de los muertos. Sin salir de España, una de sus primeras paradas fue en La Rábida (Huelva), en el cruce de los ríos Tinto y Odiel. «Allí, en tiempos anteriores a Roma, se sacrificaban doncellas para procurar la fertilidad a Perséfone», explica Bocos.

El Necromanteion

De los más de 20 rincones que aparecen en el libro, Bocos se vio especialmente sorprendido por el Necromanteion, al norte de Grecia, que es lugar donde Ulises, según el relato de Homero, descendió a los infiernos por su propio pie. Se trata de una cueva con 3.200 años de antigüedad y que hasta 1958 permaneció oculta bajo una iglesia bizantina, razón por la cual se encuentra en perfecto (y repulsivo) estado de conservación. Allí se practicaban sacrificios de animales y el olor después de tantos años sin ventilar es bastante fuerte. Además de inevitables restos de sangre, algunos expertos han encontrado allí residuos de un hachís primitivo.

Para diluir parte de ese recuerdo, Bocos termina el libro viajando a los monasterios del Monte Athos, también en Grecia, donde dicen se alcanza un estado de plena serenidad, lo que se que conoce como ataraxia. Es un sitio peculiar este también, al que solo se llegar con un permiso especial del Ministerio de Exteriores griego y de los monjes que allí habitan. Además, tienen prohibido el acceso «mujeres, varones barbilampiños y animales hembras».

Cuando le preguntan a Bocos si ha vuelto de esta gira creyendo en la existencia de un infierno físico y tangible, su respuesta es contundente. «Sobre la existencia del Mal estaremos de acuerdo en que no se puede dudar. Basta con mirar a nuestro alrededor: desde las atrocidades que están perpetrando los terroristas del Estados Islámico hasta el horror mismo de la Guerra de Siria, por citar algo de lo que ahora mismo nos está acuciando». Para los que no crean en el Demonio como individuo, siempre les quedarán algunas de las historias cruzadas que aparecen en el libro. Historias de la guerra, del Holocausto, de las bombas de Hiroshima y Nagasaki... Evidencias de que, como dice el autor, «por lejos que uno vaya, el Mal ya ha recorrido antes el camino».