El autor Dani Pinilla posa con su primer libro Polifemo vive al Este
El autor Dani Pinilla posa con su primer libro Polifemo vive al Este - j. m. a.
cultura

Un reportero tras la huella de imperios olvidados

El periodista Dani Pinilla se estrena en la literatura de viajes con 'Polifemo vive al Este'

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Tras la búsqueda de imperios olvidados, balanceándose entre fronteras difusas, rescatando lenguas muertas que laten con fuerza en tierras desheredadas, Dani Pinilla se embarca en su primera gran aventura literaria después de casi dos décadas de reporterismo.

Periodista sevillano afincado en El Puerto, irrumpe en la escena con 'Polifemo vive al Este', una crónica que encadena los eslabones necesarios para comprender el presente registrado en el pasado.

Un libro que invita a viajar por los rincones escondidos del Viejo Continente. Este viernes lo presenta en el ECCO (Espacio de Arte Contemporáneo) a las 19.00 horas.

-'Polifemo vive al Este'. Estreno literario con misterio. Ya sorprende desde el título. Explíquese.

-Lo quería llamar el periodista y la mochila, que sintetizara el sentido de la obra. Realmente es eso. Pero mi antiguo jefe lo 'despachó' pronto. Le di una vuelta y pensé en 'Polifemo vive al Este'. El primer viajero literario de la historia fue Ulises. Cuando lo apresó por el cíclope Polifemo, se presentó diciendo 'soy nadie'. Renunció a su identidad y salvó su vida. Se reencontró con su esencia original.

Eso aporta el Este de Europa. Combina violencia con trascendencia, es cuna de la civilización y también de la barbarie; se han sucedido muchos imperios a lo largo de los siglos y es un sitio realmente fascinante.

-¿Barbarie y civilización? Esa zona se vincula más a lo primero.

-Error. En la frontera entre Turquía y Siria, junto con Irak, se encuentra la zona del creciente fértil, donde comenzó la humanidad, donde se produjeron los primeros asentamientos y arrancó la civilización como tal. Y cuando el Imperio Romano de Occidente cayó, Bizancio mantuvo el tipo durante casi un milenio. Mientras París era un villorro infecto con ratas y moscas en la Edad Media, Bizancio era el centro cultural de la humanidad. Y conteniendo a los Otomanos permitió que Europa existiera como se entiende ahora. Esa trastienda del Viejo Continense esconde por qué Europa es como es y lo que puede pasar en un futuro.

-¿Usted es persona de colocar fronteras en el mapa? Imagino que no.

-Sí, sí, las fronteras hay que ponerlas porque ayudan a entender. Y en este libro he buscado donde están esas fronteras de antiguos imperios que ya no existen, como el Bizantino, Otomano, Soviético, los Hunos... qué queda de todo aquello.

Suena a antiguo, a pasado, a algo obsoleto, pero es clave para entender por ejemplo por qué existe Kosovo, donde la OTAN bombardeó hace muy pocos años. Esa guerra es coetánea y tiene un motivo histórico y fronterizo. Y eso lo tenemos a la vuelta de la esquina, a un vuelo de dos horas y media.

O Transnistria, que se define como la última república soviética. Puede parecer anacrónico, pero existe. Y ahora se ha creado una nueva frontera en Europa como es Crimea. Y para entenderla hay que conocer su historia, que además nos afecta directamente por el asunto del gas.

-¿Y dónde ha puesto sus fronteras? En algún momento de este viaje ha tenido que parar.

-En la zona caucásica casi todos los países están peleados entre ellos, y tenía un sello en mi pasaporte de una región no reconocida por Azerbaiyán, Nagorno Karabaj. No me dejaban pasar, estaba encajado. Ya eran tres meses de viaje y para el contenido del libro era suficiente.

-¿Y su punto de partida?

-Quería narrar el cambio de esa Europa que nosotros conocemos, que cumplimos los horarios, que los baños están limpios, que nos comportamos de manera parecida, a esa trastienda en la que todo cambia. Lugares donde existe la poligamia, donde aún hay conflictos bélicos... esa cuesta abajo se produce de Centroeuropa hacia el este. Así que lo más occidental donde he estado ha sido Sopron, que es prácticamente Austria, y el transcurso del viaje me lleva a escenarios diferentes dentro de lo que es Europa. Y a ese fin de Europa que no está nada claro.

-¿Qué ha descubierto que no sabía?

-Soy muy escéptico de las noticias cortas. Somos una sociedad que nos creemos que estamos muy informados. Pero nos quedamos en el titular. «Explosión de una bomba en Bagdad». Y nos quedamos ahí pero ¿por qué ha pasado? El trasfondo no lo tenemos claro, y ahí es adonde me he sumergido.

-Pero esto no es sólo un libro de historia.

-No. He conocido muchísimos atractivos turísticos y países muy económicos. He conocido parques naturales preciosos, monasterios y joyas que no están puestas en valor al estar en territorios fuera de los recorridos turísticos tradicionales.

-¿Se pueden hacer este tipo de viajes o requieren demasiado esfuerzo?

-El problema es el tiempo. Si dispones de él, el viaje no es costoso. Es más caro una semana en Ibiza a todo tren que un mes recorriendo Turquía.

-Habla de economía, ¿y la seguridad?

-Hay que comportarse como en cualquier sitio y estar informado. Aquí no todos los barrios son aconsejables a todas horas. La mayoría de la gente en el mundo es buena; si te presentas con cariño, educación y simpatía, te van a ayudar. Un sitio peligroso es aquel donde la policía está corrompida y no estás cubierto por una embajada. Es situación de riesgo, y algunos territorios señalados en el libro responden a ese perfil, pero el resto son países normales.

-¿Qué lugar le ha sorprendido más?

-La zona del Kurdistán porque es desconocida incluso para los propios turcos. Es un sitio fantástico, donde se encuentra el templo más antiguo de la humanidad. Göbekli Tepe tiene 12.500 años. Y es desconocido, ni cobraban entrada, y hay auténticos tesoros.

-¿Busca precisamente eso? ¿Que a uno le entren unas ganas enormes de viajar?

-Esto engancha. Viajar de una manera así, sin marcarse el calendario, no tiene precio. Pero para hacerlo así hay que viajar solo, si no son dos a opinar. Y eso no es cómodo, pero te obliga a ser más sociable y conoces más gente. Es un viaje diferente.

-¿Ha vivido alguna situación incómoda?

-Al querer entrar por primera vez en Abjasia. Tenía el visado, pero cometí el error de que en el formulario para entrar, que estaba en ruso y abjasio, señalé que venía de Rusia y no de Georgia. Estuve retenido 45 minutos y no me dejaron entrar. Pedí permiso y un oficial me enseñó el fusil para que me callara la boca. Y fue desagradable. Lo arreglé, volví a los tres días, y es un lugar precioso.

-Otra barrera: el idioma. ¿En qué lengua se ha manejado?

-Inglés, alemán, español, un poco de italiano y portugués. Y si uno pone interés, tres palabras en un idioma es más que cero. Y con esas tres palabras puedes ser lo suficientemente simpático para que alguien te ayude. Siempre agrada que alguien haga el esfuerzo y hable en tu idioma.

-Advertencia: esto no es una guía de viaje.

-Las guías son muy útiles, pero hay que acompañarlas de algo más para tratar de entender el lugar que visitas. El viaje se hace más divertido.

-¿Con qué objetivo parte al escribir este libro?

-En primer término es una satisfacción personal porque el mercado de libros en España es deprimente, se lee poco y gusta hacerlo gratis. Las ganancias son minúsculas, es casi imposible vivir de tus libros en España, y de golpe a porrazo no aspiro a eso. De momento quiero situarme en el mercado.

-Periodista durante veinte años, ahora escritor... ¿se queda con alguna de las dos etiquetas?

-Son las dos cosas en realidad. Periodismo y literatura se dan la mano. El enfoque es periodístico, es mi manera de funcionar.

-¿Habrá segundo libro?

-Seguro. Quiero sacarlo en verano. Otro libro de viajes desde Belice hasta Panamá, en una ruta por Centroamérica. Escenarios donde estaban los piratas, los conquistadores españoles, los Mayas... y a ver si veo a Mágico González.

-¿Qué envidia de estos lugares y qué ha echado de menos?

-Envidio que con tres euros puedes comer perfectamente. Y lo que más eché de menos... Me cogió en época de Carnaval y lo que más añoré fue el Carnaval en la calle. Me bajaba los audios de internet cuando podía, y lo que me pasaban algunos amigos.

-Y ya a la vuelta, ¿no se vuelve uno loco viajando tres meses solo?-

-Qué va. Hay un submundo de viajeros, invisibles a nuestros ojos, que recorren el mundo. Y viajar enriquece.