Concha Velasco en una foto reciente
Concha Velasco en una foto reciente - J. M. Serrano
TEATRO

Queremos tanto a Concha...

Concha Velasco acaba de recibir el premio Corral de Comedias, que concede el Festival de Almagro. Reconocimiento a una de las trayectorias más brillantes y polifacéticas. Se ha atrevido con todo desde sus inicios como chica de revista hasta dar vida a Hécuba, intenso personaje de la tragedia griega

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El pasado 7 de julio, Concha Velasco recibió el Premio Corral de Comedias con el que el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro distingue a las mejores gentes de la escena. Una distinción a una vastísima trayectoria que abarca todos los territorios de la interpretación y más allá: teatro, cine, musicales, discos, televisión, publicidad…

Por invitación de la directora del Festival, Natalia Menéndez, tuve el honor de encargarme en ese día de la «laudatio» que se dedica a la personalidad homenajeada. A partir de las palabras que pronuncié en esa ocasión, he pergeñado el perfil de una actriz popularísima y muy querida que probablemente no tiene la enorme consideración artística que merece.

Y es que queremos tanto a Concha… que somos injustos con ella. Voy a tratar de explicarlo, a ver si soy capaz. A Concha la sentimos próxima, algunos hasta continúan llamándola Conchita porque la consideran poco menos que de la familia. Pero el cariño, ya digo, aunque necesario, tiene con frecuencia algún tinte de injusticia, porque los humanos solemos tender a minusvalorar lo próximo, lo que es moneda corriente de nuestro afecto, aunque lo queramos mucho. Y claro que hay que querer a Concha, porque es una mujer estupenda y una trabajadora estajanovista . ¿Cómo no hacerlo? Hay que quererla, pero sin por ello rebajar nuestra perspectiva sobre lo mucho que ha trabajado y lo bien que lo ha hecho siempre. Hay que quererla, sin menoscabar por ello nuestra cuota de admiración.

En la piel de reinas y monjas

Queremos tanto a Concha… que yo me he dado cuenta, cuando recopilaba datos para distribuirlos en este puñado de palabras, que no hay en el mundo, o yo no la he encontrado, ninguna actriz de su categoría que pueda exhibir un historial tan completo, variado, abrumador y brillante como el suyo. Verán ustedes: Concha Velasco ha sido chica de revista con muslos de postín, ha hecho cine de consumo y cine serio, suponiendo que el anterior no lo fuera, ha hecho teatro de texto y teatro musical, nos ha contado su vida desde la escena, cantando y bailando, ha grabado discos, ha hecho y sigue haciendo series de televisión, donde también ejerce de presentadora, arriesgó el tipo promoviendo aquella legendaria huelga de actores de 1975 que logró acabar con la doble función (¡qué tiempos!), hace publicidad, se ha metido en la piel de reinas y de monjas, de chicas de la vida y señoronas de orden, se ha atrevido con la tragedia griega…

Queremos tanto a Concha… que tal vez nos hayamos olvidado de que estudió danza clásica y española, y hasta debutó en su día en el cuerpo de baile del Ballet de la Ópera de La Coruña. Gracias a que he tenido el privilegio de que me invitaran a hablar de ella, me he enterado, por ejemplo, de que fue bailarina de flamenco en la compañía de Manolo Caracol, antes de debutar como vicetiple, con sus magníficas piernas como tarjeta de presentación, en el elenco de la emperatriz indiscutible de la revista, doña Celia Gámez... Y me enterado también de que empezó en el cine como quien dice anteayer, con apenas quince años, a bordo de una película de Raúl Alfonso titulada «La reina mora»...