Thomas Burke retrató la sordidez londinense
Thomas Burke retrató la sordidez londinense
LIBROS

«Noches en Limehouse», el oro en el barro

Un clásico de la literatura británica del género son estos catorces cuentos de «Noches en Limehouse»

Actualizado:

Virginia Woolf utilizó una vez en sus diarios la expresión «diamantes en la basura». La autora del Círculo de Bloomsbury recurrió a esta imagen para explicar cómo en medio de una escritura torrencial y espontánea, en apariencia sin valor literario alguno, podían descubrirse fragmentos brillantes, similares a las piedras preciosas.

Los «diamantes en la basura» que Thomas Burke (Londres, 1886-1945) recogió en los catorce relatos de «Noches en Limehouse», ambientados en el barrio chino londinense de principios del siglo XX, son otros, aunque no menos excepcionales; la obra de Burke nos muestra el oro en el barro de una serie de personajes desahuciados, sobre los que la falta de esperanza ejerce un curioso efecto: los obliga a vivir al límite, a no desperdiciar ni una sola oportunidad. Para ellos, cada noche es la última.

Sangre y ternura

En 1916, el mismo año en que D. W. Griffith estrenó «Intolerancia», Burke terminó estos cuentos que pueden considerarse más que negros, porque en ellos la violencia y la transgresión, a pesar de ser narradas con una delicadeza poética que por contraste las resalta, lejos de ser anecdóticas forman parte de lo cotidiano.

Sólo unas décadas después de la muerte de Dickens, que retrató magistralmente los suburbios londinenses, y del impacto que supusieron para la sociedad británica los crímenes marginales de Jack el Destripador, Burke tomó el relevo del genio y el asesino para, impregnado sin duda de su influencia, acercarse comprensivo a la existencia de los inmigrantes chinos, las prostitutas, los boxeadores de segunda y los adictos al opio; hombres y mujeres con historias tan asfixiantes como los cuartos diminutos y malolientes que se vieron obligados a habitar, donde compartieron espacio la sangre y la ternura.

Quizás el mejor ejemplo para ilustrar este estilo atractivo por lo contradictorio, tolerante y despiadado a la vez, sea «El chino y la niña», el relato que abre la recopilación y que es también el más famoso, ya que Griffith lo adaptó al cine y llamó a la película «Lirios rotos». En «El chino y la niña» asistimos al amor sucio pero inevitable de Cheng Huan por una pequeña de doce años, cuya naturaleza prohibida augura su pronta y trágica destrucción. En manos de Burke, la peripecia fatal de Cheng Huan adquiere una complejidad que deriva en una pregunta: ¿hasta qué punto la miseria tiene el poder de aniquilar todo vestigio de moralidad?