ENTREVISTA

Manuel Morón: «Aún existe la mentalidad de los generales cuarteleros»

El actor gaditano, docente en el Estudio Corazza de Madrid, lamenta la falta de compromiso con la cultura: «tenemos esa carga, hace falta un cambio drástico»

CÁDIZActualizado:

Manuel Morón se dio cuenta de su vocación para la interpretación en un grupo de teatro de Cádiz. En el cine el reconocimiento le llegó después de su papel en la película ‘El Bola’. Actualmente Morón, con su acento de cualquier parte del mundo, hace algunos trabajos pero también se dedica a la docencia ya que imparte clases en el Estudio Corazza en Madrid. Estos días ha vuelto a su tierra para participar en el curso de la Escuela de Cine de la UCA que coordina Bruto Pomeroy.

–¿Cómo se inició en el mundo de la interpretación?

–Estudiaba en Cádiz en la escuela de empresariales y no tenía claro qué estudiar y surgió la oportunidad que necesitaban gente para un grupo de teatro y fuimos por ver de qué iba y ahí curiosamente me encontré con mi vocación que no sospechaba.

–¿Cómo supo que era su vocación?

–Creo que escuchándote un poco, ves que te gusta, ves que eres útil, que te desarrollas también en lo personal, que te enriquece. Además fui muy firme porque no lo tenía fácil. Yo iba para trabajar en banco que era la aspiración de los niños de aquella época y eso fue un poco revolución pero seguí firme. Eso implicó salir de cádiz, dejar a la familia. Al principio pues fue seguir con este grupo de teatro, el grupo Cámara, que luego se profesionalizó y se llamó grupo Carrusel. A partir de ahí yo quería estudiar y cuando vi la oportunidad me fui a Sevilla ya tendría 26 o 27 años.

–¿Qué recuerdos tiene de esos años?

–Allí me empecé a formar como actor y empecé a tener una disciplina y más cultura teatral. Conocí a un maestro argentino, Carlos Gandolfo que será determinante porque a mí me ha gustado menos la exposición pero mi verdadero motivo es el laboratorio, preparar personajes, ver comportamientos, aprender del ser humano. Entonces consigo una beca y me voy a Buenos Aires a estudiar con él y allí conozco a otra persona determinante en mi formación que es Juan Carlos Corazza. Gandolfo me abrió la puerta y Corazza apuntala, me sostiene como actor. Después Corazza se viene a Madrid y yo tras pasar por Sevilla por el Centro Andaluz de Teatro, me voy con él para seguir formándome.

–Su papel en ‘El Bola’ marca un antes y un después en su carrera...

–Hasta principios de los 90 no tengo relación con el cine. Sigo trabajando en teatro pero no había tenido una relación muy buena con el cine porque es muy encorsetado para el actor. Corazza da un curso en Madrid para profesionales organizado por Katrina Bayonas y ella me ve trabajar y me quiere representar. Le digo que sí y me manda pruebas pero me doy cuenta de que no me gusta... Se cruza en mi camino un cortometraje muy premiado, ‘Campeones’, y eso me sirve para que me vean los directores de castings que solo había tres o uno. Me empiezan a llamar y surge lo del Bola que fue reconocimiento a nivel nacional. En esa relación padre hijo no era normal ver un tipo de violencia tan contundente sino que se veía una violencia más amable. Esa crudeza llama la atención y el trabajo empieza a ser más reconocido.

–También se convierte en profesor de futuros actores.

–En esos años empecé a dar clases. Eso me dio el tener algo un poco más fijo y poder elegir mis trabajos. Me parece muy sacrificado el asunto de la docencia porque te exige una apertura y una ampliación de miras que no es la del actor, que se debe a una historia. En la docencia lo que le vale a uno no le vale a otro. Como actor también te sacrificas pero en lo pedagógico hay mayor responsabilidad.

–¿Qué papel le gustaría hacer que no haya hecho aún y cuál rechazaría?

–Por mí estaría todo el día haciendo Shakespeare, los buenos, los malos, los reyes, los bufones... en Shakespeare está encerrado todo lo que significa el arte dramático. No habría papel que no interpretaría, en principio no. Cuando me llega un material mi negativa a hacerlo tiene que ver con si yo veo que aporto a la historia y luego lo económico.

–¿Qué película le ha marcado más?

–En lo personal me han marcado por los ambientes de rodaje o por la facilidad para trabajar. ‘El Bola’ es una de ellas porque fue un punto y aparte en mi carrera pero sí tengo un magnífico recuerdo de la última que he hecho ‘Cerca de tu casa’. No recuerdo ninguna película a la que no le tenga cariño. En ‘Celda 211’ recuerdo mucho al director que se puso la película por montera la sacó adelante. Tengo muy buen recuerdo de todo el reparto y de Monzón cómo se echó y peleó por la película. El director te lo pone fácil cuando él no lo tiene fácil y todos íbamos con él a muerte. En ‘El Bola’ y en ‘Cerca de tu casa’ todo el mundo estaba muy sensible con los temas que trataba.

–¿Qué nivel de interpretación hay en la provincia?

–Veo muchas condiciones con un potencial enorme pero que no está cuidado. Me parece bueno esto que hace ahora la UCA a través de Bruto. Me quedo asombrado de las posibilidades pero claro, para un ámbito profesional ese potencial no alcanza porque no hay cuidado no hay pulido y es una pena. Hace falta un cambio drástico de las instituciones y del poder para que su pueblo sea culto. No hay una voluntad. Todavía tenemos una mentalidad de los generales cuarteleros, tenemos esa carga. La mentalidad no es abierta y suplimos la cultura y el enriquecimiento con el folklore y las tradiciones.

–Pese a las dificultades ha salido gente que triunfa como las Chirigóticas...

–Conozco a Ana (López Segovia), se formó en la escuela donde doy clases y me parecen unas héroes. Me alegro muchísimo de que les vaya fenomenal y tengan este reconocimiento. En los cursos de verano de la UCA hace muchos años tuve de alumnas a Ana y a Tere (Quintero) y ya estaba ese diamante en bruto. Me parecen unos talentazos llamadas a hacer cosas más gordas pero no se les ofrecen. Se han tenido ellas que buscar la vida para poder hacerse un hueco y tener su propia historia. Me enorgullece mucho por todo el trabajo que hay detrás. No están ahí solo porque sean unas genias sino por todo el trabajo que hay detrás.

–Algún sueño que le gustaría que se cumpliera...

–El sueño más gordo sería tener un espacio propio en Madrid para poder hacer teatro con un grupo de compañeros afines y tener un chiringuito teatral. Ese sería mi sueño y para eso en el tiempo libre que tengo pongo atención y trabajo. Y del cine pues me encantaría que me siga llamando, se acuerde de mí y le sea útil. Aprecio a muchísima gente que tenemos maravillosa en este mundo.