Ubay Murillo en la galería Rafael Ortiz
Ubay Murillo en la galería Rafael Ortiz - ABC

Ubay Murillo desmenuza el imaginario corporal del siglo XXI

El pintor canario inaugura su primera exposición en Sevilla en la galería Rafael Ortiz

SevillaActualizado:

Ubay Murillo (Tenerife, 1978) sabe que en Sevilla su apellido tiene el marketing hecho, aunque no tenga con el pintor sevillano coincidencia familiar alguna, «lo he mirado, pero nada..., el barroco es un período fascinante para mí y Murillo está ahí siempre», dice.

Este pintor de nombre guanche, que desde hace diez años como tantos otros de su generación combina su estancia en Berlín con las islas Canarias de su infancia, ha inaugurado en la galería Rafael Ortiz de nuestra ciudad la exposición titulada «Alles Auf Gold (Die Dame und die Erosion)», una serie de pinturas, collages, libros-objeto e instalaciones hechas ex profeso para este espacio. El artista nos habla de la moda en relación con la imagen contemporánea que tenemos del cuerpo; del arte y su responsabilidad en la creación de nuestra imagen del cuerpo; de la relación de la moda con los procedimientos de la vanguardia y de la responsabilidad que tuvieron estos artistas en la creación de un nuevo imaginario corporal.

Pero son dos exposiciones en una, porque en el piso de arriba se exhiben obras de otros habituales de las galerías o compañeros de Murillo.

Su periplo escolar discurrió entre las ciencias puras, «pero gracias a una profesora de Filosofía, algo me dijo que mi mente a los 18 años cambió y decidí de una forma intuitiva hacer Bellas Artes. En mi casa incluso se extrañaban de que estuviera en Ciencias. Llegué a la carrera sin saber ni coger un pincel». Pero se aplicó y siguió estudiando Bellas Artes licenciándose en la Universidad de la Laguna.

En un primer momento se decantó por la pintura, «la escultura y la instalación que ahora presento es un proceso muy largo, porque nunca pensé que me podía enfrentar al objeto. Había pintado porcelana y me di cuenta de que el paso había sido natural y comencé a probar a hacer estas instalaciones». Ahora cree que su pintura se ha vuelto más compleja por la relación que tiene con la materialidad de los propios objetos.

Lector voraz sobre todo de filosofía, confiesa que su obra tiene un componente teórico importante, «pero aprendí que al final lo que queda es la pintura, el hecho físico. Pero sí, la reflexión me ayuda a construir el discurso y los parámetros conceptuales entre los que me muevo».

Su traslado a Berlín, «fue vital. Nos fuimos mi mujer y yo antes de la crisis. Fuimos a probar porque hay una comunidad importante de artistas canarios y nos juntamos muchos españoles. Fuimos por un año...». Dice que en Berlín ha encontrado un contexto que sólo había leído, «yo sabía lo que ocurría por los catálogos de pintura, y de repente ver que toda la historia de Europa estaba condensada en los cuadros y galerías, fue muy potente. El trabajo, sin embargo, tardó mucho más en dejarse permear por todo eso».

Sus tesis de partida eran el turismo y el turista «por mi tierra de Canarias. Tomé el tema como un parámetro cerrado, me permitía hablar de muchísimas cosas: la identidad, el fenómeno de masas..., y la reflexión sobre el tardo capitalismo, la sociedad de consumo etc., y de repente seguía pintando piscinas y palmeras y me faltaba algo. Y decidí cambiar el parámetros».

Descubrió cómo las vanguardias clásicas fueron asumidas sin complejo por la publicidad y se convirtieron en objeto de mercado y «ver como todas las imágenes de nosotros mismos están mediatizadas por las imágenes de revistas que observé desde 2008 a 2018 y empecé a compararlas con las que había fabricado las vanguardias desde primeros de siglo a los años 30».

Dice estar encantado de exponer en la galería Rafael Ortiz «porque es una galería a la que sigo desde hace mucho tiempo, me interesa mucho su programación, y ahora que me haya pedido esta exposición es para mí una gran responsabilidad», asegura.