Obras taurinas de Picasso en la exposición, cuyas salas se tiñen de turquesa
Obras taurinas de Picasso en la exposición, cuyas salas se tiñen de turquesa - FUNDACIÓN CANAL

La profunda huella de la cultura mediterránea en la obra de Picasso

La Fundación Canal aborda este asunto en una muestra con 91 obras, cedidas por el Museo-Casa Natal del artista en Málaga

MadridActualizado:

Al igual que Serrat, Picasso tenía alma (y porte, con su sempiterna camiseta de rayas azules y blancas) de marinero. Y qué le va a hacer, si nació en el Mediterráneo. En Málaga, para más señas. Su casa estaba muy cerca del puerto. Pese a pasar la mayor parte de su vida en Francia, se sentía español por los cuatro costados y muy, muy mediterráneo. Cuando viajaban hasta alguna plaza gala, los toreros iban con sus botijos y Picasso les pedía beber agua de España. El mar está presente en algunas de sus obras maestras, como «Dos mujeres corriendo por la playa», «Figuras a orillas del mar», «En la playa», sus «Bañistas»... Fue retratado en unas tiernas imágenes bañándose en la playa con sus hijos Claude y Paloma, e inmortalizado en una celebérrima instantánea por Robert Capa en la playa de Golfe Juan en 1948 mientras trataba de proteger del sol con una gran sombrilla a su por entonces musa Françoise Gilot, en presencia de su sobrino Javier Vilató.

«Gran pez», de Picasso, 1956 2017
«Gran pez», de Picasso, 1956 2017- ©Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid

La Fundación Canal de Madrid analiza la profunda huella de la cultura mediterránea en la obra de Picasso en una exposición coproducida junto a la Fundación Picasso-Museo Casa Natal de Málaga, de donde proceden los 91 fondos expuestos: grabados, libros ilustrados y cerámicas. La Fundación Canal ha pagado a la institución andaluza 25.000 euros. Lo primero que llama la atención es la ausencia del Mediterráneo. Ni rastro del mar en las 91 obras. Eso sí, las paredes y el suelo del montaje se tiñen de turquesa. Aclaran los responsables que el protagonista de la exposición no es tanto el mar en sí como la cultura mediterránea. Las piezas abarcan casi toda la producción picassiana: de 1905 a 1971.

«Toro», litografía de Picasso. Dos de los once estados en los que Picasso retrató al toro desde el realismo hasta casi llegar a la abstracción
«Toro», litografía de Picasso. Dos de los once estados en los que Picasso retrató al toro desde el realismo hasta casi llegar a la abstracción- FUNDACIÓN CANAL

Comienza el recorrido con una buena selección de su tauromaquia, entendida como ritual mediterráneo, explica Mario Virgilio Montañez, jefe de promoción cultural de la Fundación Picasso-Museo Casa Natal. Los toros siempre estuvieron muy presentes en su vida. De niño jugaba con unos soldaditos de plomo, entre los que había 6 toros y toreros. Y en la plaza de la Malagueta, su padre le presentó al torero «Cara-Ancha», que le sentaba en sus rodillas mientras el inquieto Pablito jugaba con los alamares de su traje de luces. Los fondos taurinos del Museo Casa-Natal conforman el núcleo más extenso de la muestra. Así, cuelgan las once litografías (1945-46) en las que el toro va evolucionando desde el realismo hasta casi la abstracción. La última imagen es apenas un esquema de toro, esbozado en una línea, que semeja un dibujo rupestre. «Frenó para no llegar a la abstracción», dice el comisario.

«Pan», de Picasso, 1948
«Pan», de Picasso, 1948- ©Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017

Encerrados en vitrinas, platos de cerámica con toros blancos y zaínos o una fuente que convierte en una plaza de toros. «Picasso -dice el comisario- se identificaba con el picador». En algunas piezas Picasso retrata a hombres que juegan a ser toros, enfrentándose a mujeres desnudas. En otras, los toros son ángeles voladores.

Dejando a un lado las tauromaquias picassianas, el recorrido de la exposición prosigue con el desnudo mediterráneo, heredero de las culturas grecolatinas, ilustrado con piezas como un precioso cántaro en el que Picasso rinde homenaje a su admirado Ingres. Lo titula «La fuente». Lo realizó en 1954 en Vauvenargues, ciudad de la Provenza francesa donde está enterrado. La mitología es otra de sus obsesiones. Su producción está repleta de minotauros (un alter ego del artista), centauros, faunos, sátiros, bacanales... Grecia, Roma, el mundo árabe...

«Las mujeres de Argel (según Delacroix)», de Picasso. Segunda variación, 1955
«Las mujeres de Argel (según Delacroix)», de Picasso. Segunda variación, 1955- ©Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017

Nada permaneció ajeno a la mente más curiosa e inquieta de la Historia del Arte. Ilustró «Lisístrata», de Aristófanes, pasajes del Antiguo Testamento, mira a Lucas Cranach y a Delacroix. Le obsesionan sus «Mujeres de Argel» en el harén. Hace una serie en grabado y otra en pintura. Una perteneciente a esta última se vendió en subasta por la friolera de 179,4 millones de dólares. Salomé y el Bautista o David y Betsabé también fueron objeto de su atención, como «La obra maestra desconocida» de Balzac, para muchos el mejor Picasso clásico. La exposición se cierra con unos bodegones de la fauna mediterránea.