Playa de Estepona
Playa de Estepona - Jaime García
CIUDADES ILUSTRADAS

Estepona, orgullosamente andaluza

Tradicional destino de turismo familiar, durante muchos años fue la localidad «al lado de Marbella». Su transformación la ha convertido en única

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Alí Hamet, corsario argelino, estaba obsesionado con asaltar Estepona. Tras muchos intentos, se presentó con veinticinco bajeles frente a sus costas en septiembre de 1550. Era una noche negra, llovía y soplaba un furioso viento de poniente que al atajador Antonio de Vega le mantenía inquieto. Calado hasta los huesos se dirigía a La Celada Vieja (actualmente, playa del Cristo) cuando un rayo iluminó toda la bahía y le desveló la amenaza. Aterrado, silenció a su caballo y galopó para advertir del peligro. Más de mil hombres a pie y a caballo de toda la comarca se dispusieron para combatir de nuevo a los corsarios. Pero el temporal se convirtió en su mejor aliado. Alí Hamet tuvo que retirarse, una vez más.

La leyenda, recuperada por Manuel Guerrero Gómez en su libro «Cantares épicos y leyendas de Estepona» (2019), es una de las numerosas que nos dan cuenta de un pasado histórico en la que se mezclan fenicios, romanos y árabes en una frontera dura. Guerrero insiste en que su pueblo es mucho más que un lugar de veraneo. La localidad malagueña combina 21 kilómetros de playas con una sierra verde, la Sierra Bermeja, con el alto de Los Reales de 1449 metros (el punto más meridional de la península donde nieva) que le otorga un clima benigno durante todo el año. Algunos valientes se atreven a subir desde la playa hasta su cumbre, en la que se puede gozar de las mejores vistas del estrecho de Gibraltar.

Poniente y Levante

Precisamente fue el clima una de las razones que llevó a Paco de Lara (además de una esteponera de mirada dulce y corazón inmenso) a dejar Madrid por un lugar en el que «tiene al alcance de la mano playa, montaña, amigos y un entorno envidiable». Aquí trabaja, viven sus hijas y otro de sus hermanos, Carlos, atrapado por otra esteponera de Río de la Plata, y que mira más a la montaña. Está enamorado de sus charcas, a las que acude durante todo el año: la de las Nutrias, del río Castor, la de la Extranjera en el Padrón, y muchas más.

Es Estepona, lugar de vientos y corrientes. El Poniente trae un viento seco y cálido del sur, junto a unas aguas frías que son la delicia de los autóctonos. «Así es como me gusta el agua, fresquita» escuchan, aterrados, los turistas primerizos que sienten las pantorrillas congeladas. El Levante es benigno y trae viento más freso y aguas más cálidas.

Jaime García
Jaime García

Y junto a ellas transcurre el paseo marítimo, que poco a poco se va haciendo inmenso gracias al proyecto del Corredor Litoral, que pretende unir con sendas peatonales los 22 kilómetros de su costa. Por él pasean familias al atardecer. La Playa de La Rada, posiblemente la mejor playa urbana de toda la Costa del Sol, les acoge y brinda una de las mejores vistas del estrecho. Gibraltar se presenta en lontananza y los días claros de poniente se puede ver la costa africana. Durante la mañana uno puede bañarse en sus aguas o acudir al puerto. El deportivo está junto al pesquero. Cuando llega el 16 de julio todos se hacen a la mar y comparten la devoción por la Virgen del Carmen, patrona de la ciudad. Sale su paso de su parroquia, en el barrio de los pescadores, y sus costaleros se sumergen en las aguas para embarcarla. Tiene Estepona como patrón a San Isidro. La Mar y la Tierra, la pesca y la agricultura conforman la base de sus tradiciones y folclore.

Nadie puede pasar por Málaga sin asistir a una moraga, una fiesta, fundamentalmente nocturna, celebrada en la playa, en la que se preparan sobre todo sardinas en espeto y se comparten risas, música y amistad. Hay que participar en alguna para conocer el alma malagueña. Y de entre todas, es imprescindible la que organiza la asociación de Familiares de enfermos de alzhéimer de Estepona, que coordinada por Belén Simón sirve más de 200 kilos de sardinas en espeto y sangría en la que es la más grande y mejor moraga de la costa, con el añadido solidario de destinar lo recaudado a la construcción de un nuevo centro para la Asociación.

Estepona tiene un activo puerto pesquero que nutre a los numerosos restaurantes y chiringuitos de la costa. Hay muchos sitios para disfrutar de una gastronomía en la que el pescado es el rey: La Escollera junto al puerto pesquero, el tradicional La Rada, o Casa Doña Jerónima, al que acuden sobre todo turistas extranjeros. Es espectacular el tartar de atún del restaurante El Pescador, o el pescado del día de la Taberna de Lucía. Para terminar, un mojito en el Chiringuito Bahía, con el mar de fondo, o un helado en Vitín, en la plaza de las Flores. La sopa de tomate, la sopa campera o el «en blanco» son los platos tradicionales, pero deben ser degustados en la casa de algún lugareño.

Hay que pasear por el centro de la localidad, recuperada en los últimos años por el ayuntamiento. José María García Urbano ha conseguido unir en torno a su persona a toda la localidad. Son más de cien las calles remodeladas desde que gobierna el alcalde más votado de las localidades de más de 50.000 habitantes. El proyecto «Estepona Jardín de la Costa del Sol» da sus frutos. El Orquidiario, los trampantojos que adornan numerosos edificios del centro o el aroma que despiden las más de 20.000 macetas, en las que el geranio es el rey, es una buena excusa para perderse por sus calles.

La plaza de las Flores, la iglesia de los Remedios, la torre del Reloj –donde la banda municipal celebra conciertos todos los domingos en verano–, la calle Real o la plaza ABC. No es raro encontrar en cualquier fecha del año a esteponeros y forasteros fotografiándose en alguno de los numerosos rincones llenos de encanto de esta localidad malagueña que se reconoce andaluza con orgullo.

Hay actuaciones de las numerosas escuelas de baile flamenco y moderno; el Festival del Queso y del Jamón Serrano, representaciones en el magnífico Teatro-Auditorio Felipe VI, conciertos, sobre todo los de la feria de julio, o el flamenco puro de la Peña Flamenca. Se puede acudir a Selwoo, el parque zoológico que cumple 20 años. Los mismos que la Semana de Cine Fantástico, con el que se clausura el verano.

Torrente Ballester vivió su niñez en estas tierras y no es raro encontrarse al torero José Tomás: «En Estepona fijé mi refugio, es tierra de buena gente y aquí quiero quedarme». Fue además el lugar elegido por Michelle Obama para pasar unos días en el verano de 2010. Y el Liverpool preparó su final de la Champions de este año.

Los que viven todo el año esperan la marcha de los veraneantes para recuperar la tranquilidad de sus vidas. Pero aunque muchos no lo confiesen, añoran en los largos días del invierno la vida que bulle durante los soleados meses del verano. Y cuando marchan los forasteros, comparten con ellos la nostalgia de unos días intensos que nunca volverán salvo en forma de recuerdos. Esos que nos alimentan cuando la vida se nos muestra áspera.